El Heraldo
Hotel Venecia, el antiguo hogar del personaje de Flora Miguel, de ‘Crónica de una muerte anunciada’. Al lado se encuentra la casa donde vivió Mercedes Barcha, esposa de García Márquez, y su familia.
José Luis Cruz Lora
Entretenimiento

Sucre, donde la cotidianidad sirvió al realismo mágico

El municipio de Sucre (Sucre), fue hogar de muchos de los personajes y sucesos que aparecen en las obras García Márquez. Un docente e historiador reconstruye hechos y personas en una ruta.

En el municipio de Sucre, en el departamento del mismo nombre, parece que nada faltara por vivir. La gente, sin embargo, permanece sumergida en un realismo mágico tan cotidiano que alterna con la realidad.

Es uno de los tres municipios que conforman la Mojana, bordeada por ríos, hoy zanjas áridas producto del verano traidor, en los que tiene lugar la deprimente escena de canoas y barcos atascados en la arena.

Sucre, el municipio, ha sido por años una imprenta de pasquines que aumenta su producción en época electoral. Allí también ha tenido lugar el cambio de votos por ganado, y en verano hay que pasar 11 portones para llegar a la cabecera municipal, mientras que en el invierno los funerales son en canoas.

Los crímenes se convierten en novelas, y pese a que la comunidad se ha quejado durante años del atraso causado por la corrupción administrativa, en el corazón del pueblo hay un letrero que advierte: “En este pueblo no hay ladrones”. Un guiño garciamarquiano para exhibir.

Isidro Manuel Álvarez Jaraba, licenciado en Filosofía e Historia y seguidor asiduo de la vida de Gabriel García Márquez a su paso por este municipio, asegura que todas las obras de Gabo tienen una línea de realidad. “En algún momento él dijo que no había inventado nada, todo está en la oralidad de los pueblos, y en Sucre es fácil encontrarlo”, manifiesta.

Álvarez parece un personaje más de los muchos del Nobel. No lo es, pero sí para el pueblo y el departamento, pues dirige la Ruta Mágica García Márquez, Sucre-Macondo, Mojana, Caribe.

El licenciado explica que en el municipio hay 39 sitios en los que está representado el Nobel, quien residió en esa localidad entre los 12 y los 21 años. No de manera permanente, pero sí tardaba meses en la casa de sus padres y abuelos.

Comienza la ruta
La ruta la conforman viviendas en las que vivió el escritor. El resto son lugares y casas que forman parte de sus novelas y cuentos. La más famosa, recreada en su totalidad en vivencias de Sucre, es Crónica de una muerte anunciada.

El recorrido es producto de un trabajo de investigación con niños y jóvenes de la Institución Educativa Nuestra Señora de Las Mercedes, una propuesta pedagógica para el rescate y la identidad desde la oralidad, marcando los procesos históricos de Sucre, referenciados en la obra y presencia de Gabo en el municipio.

“Iniciamos en el año 2000 con la parte prehistórica, espacios y momentos de Sucre”, explica el docente, quien escribió un libro cuyo personaje esencial era García Márquez. Tras su publicación, en 2005, comienza Álvarez a profundizar sobre el paso del Nobel por el pueblo y cómo demarcar la ruta. El historiador apenas en una ocasión, y por teléfono, se contactó con el cataquero por intermedio de su hermano Jaime García, el primer sucreño de la familia.

“Hablamos para preguntarle sobre un personaje, Clemencia Cervantes, quien pudo haber sido su esposa en la Mojana, pero un cura lo impidió. Cuando le pregunto por ella, enseguida me dice que es la mujer grande de San Marcos. Quería saber si ese personaje sí existió en la vida de García, y sí, luego la convirtió en María Alejandrina Cervantes, en Crónica de una muerte anunciada”, relata.

La obra de Gabo y el pueblo
Las viviendas que cuentan las vivencias reales e imaginarias de Gabo se sitúan en los sectores de Zulia y Congoveo. El docente aclara que el escritor nunca afirmó que esos lugares o personajes inspiraran su obra, sino que a través de su investigación ha descubierto que forman parte de ella.

“Sucre está plasmada en La mala hora, Crónica de una muerte anunciada, El coronel no tiene quien le escriba, en algunos cuentos de Los funerales de la mamá grande, como En este pueblo no hay ladrones, La viuda de Montiel y Algo muy grave va a pasar en este pueblo. Este último forma parte de otra recopilación”, agrega.

La mala hora, asegura Álvarez, se trata de un acontecimiento que tuvo lugar pocos meses antes de la llegada de Gabo al pueblo, en noviembre de 1939, y el suceso se da en mayo del mismo año, cuando asesinan a  Joaquín Vega, un músico extraordinario a quien “por un asunto de honor” hirieron con una cuchilla barbera por la garganta cuando tocaba el instrumento. Este se convierte en Pastor, el flautista.

“La  mala hora surge a través de unos pasquines. En Sucre hay pasquines casi todos los meses, y si se aproximan las elecciones, cada semana”, señala el docente.

Crónica de una muerte anunciada también se desarrolló en Sucre, donde aún se conservan las locaciones en las que vivieron algunos personajes. Diagonal a la parroquia principal está la vivienda de Cayetano Gentile Chimento, que en la obra se convirtió en Santiago Nassar; en la esquina actualmente está ubicado el Hotel Venecia, en el sitio donde vivió Elías Nasser, padre de la verdadera novia de Cayetano, es decir, Nidia, llamada Flora Miguel en el libro. Esta es la última casa en la que entró el protagonista y se enteró que lo iban a asesinar.

Al lado residió un personaje muy influyente. Fue el hogar en arriendo de la familia Barcha Pardo, los padres de Mercedes, esposa de Gabo y madre de sus hijos. Ahí la conoció, le dedicó poemas y le pidió que se casara con él, pero el ‘sí’ se lo dio años más tarde, en Barranquilla.

“El coronel no tiene quien le escriba, cuyo protagonista es Aureliano Buendía, nunca vino a Sucre, pero él lo traspuso desde Aracataca hasta el muelle de Sucre. Es aquí donde no llegan los trenes ni el olor a banano, aquí es que espera su carta esperanzado en salir de pobre con un gallo”, cuenta Álvarez.

Hechos Inmortalizados
Donde funciona el Banco Agrario residió ‘la Mamá grande’, es decir, María Camelia Sampayo de Álvarez, la esposa de Manuel Álvarez Mangones, el hombre más poderoso de la Mojana. Él murió primero que ella. Al funeral llegó gente de toda la región en diversos medios de transporte. Fue algo extraordinario. Esas imágenes y voces llegaron a la pluma de Gabo.

En este pueblo no hay ladrones se originó del billar cerca de la plaza. En él hay un letrero para marcar la ruta macondiana.

“Los primeros comentarios surgen en el billar, la gente se reúne a conversar ahí, a decir todo lo que se pueda decir, a chismosear. Aquí los más chismosos somos los hombres, los chismes son de la voz de los hombres en boca de mujeres”,  confiesa el historiador.

Un poco más apartado de la plaza está El Castillo, la primera casa que los García Márquez construyeron en el Caribe, después de residir en tres casas alquiladas en Sucre. Tiene seis habitaciones, un consultorio, sala comedor y un patio lleno de mangos donde Gabo revisó por segunda vez La hojarasca, mientras escuchaba la música de los árboles y su abuela Tranquilina, quien es la Úrsula Iguarán de Cien años de soledad. La matrona, afirma el historiador, estaba senil y le relataba historias de La Guajira y la Mojana, donde murió en 1947.

Proteger el patrimonio
En el cementerio están los restos de Cayetano Gentile; ‘la Mamá grande’; Joaquín Vega, el Pastor flautista, y “está un personaje que lo ubican en La Guajira, o en otro lugar, que es Orfelina Segunda Gutiérrez Castro. Aquí la llamaban La espuelúa y es la Pilar Ternera de Cien años de soledad, la primera prostituta del pueblo y quien convirtió a Gabo en mojanero, porque uno no es de donde nace, sino de donde pierde la virginidad. Esto sucedió en La hora, una casa de tablas a las afueras del pueblo. Ahí era el burdel y ahí le quitan la virginidad”, afirma Álvarez.

El profesor añade que ella puede ser Eréndira, protagonista de la obra La triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, porque su historia es muy parecida.

Álvarez, quien ha luchado durante años de manera incansable por el rescate de estos sitios y la tradición de este pueblo, ve con preocupación que muchas de estas edificaciones han sido restauradas y algunas empañadas por las ventas que ocupan la totalidad de su fachada. Todo ocurre a la vista de las autoridades culturales.

“Por fin veo interés para que se reconozcan estas casas como patrimonio y se pueda construir un complejo cultural en El Castillo, que está rodeada por unos molinos de arroz”, cuenta. La idea es restaurar la casa y a su alrededor el Complejo Cultural Mohana y el Museo Gabriel García Márquez. “La familia Hanne, propietaria del predio, está dispuesta a vender”, anticipa.

La investigación de Álvarez es tan inagotable como la imaginación de Gabo. Él, quien puede ser considerado el custodio sucreño de la obra de Gabo, asegura que seguirá investigando y no descarta encontrar más personas, lugares y episodios que reposan en las letras del Nobel, pero que cobran vida en Sucre, el pueblo en el que el realismo mágico es pura verdad.

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