El Heraldo
Mercedes Barcha Pardo y Gabriel García Márquez compartiendo un café en España, en 1968.
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“El amor por la conversación y el humor caribe acompañaron a mi padre”

Rodrigo García Barcha, hijo mayor del célebre matrimonio, entregó detalles de su libro ‘Gabo y Mercedes: una despedida’.

Creo que le gustaría mi libro porque está hecho con amor y afecto”, son las palabras de Rodrigo García Barcha, hijo mayor del escritor Gabriel García Márquez y Mercedes Barcha Pardo, para explicar lo que pensarían sus padres sobre su obra literaria Gabo y Mercedes: una despedida, que mañana llegará a las librerías del país.

Luego, en la rueda de prensa virtual, asoma una tímida sonrisa y agrega: “Mi madre diría que soy un chismoso”. El comentario lo hace debido a que ha “traicionado” la privacidad de la familia, para contar detalles de las tres últimas semanas que vivió nuestro nobel de literatura junto a sus seres queridos.

Cuenta el cineasta nacido en Bogotá que jamás concibió la idea de hacer un libro para contar los últimos días de vida de uno de los escritores más queridos en lengua  española del siglo XX.

Sus intenciones originales eran tomar algunas notas, no quería explotar una situación tan triste como la partida de sus padres, pero después de un tiempo prudente y con el apoyo de su hermano Gonzalo y de algunos amigos cercanos a sus padres se animó a debutar como escritor.

En el encuentro que sostuvo con los medios este martes desde Buenos Aires, Argentina, Rodrigo entregó detalles del texto que saldrá bajo el respaldo de la editorial Penguin Random House. Lo primero que advierte es que escribió apoyado en la frustración que tenía su padre por no poder contar cómo sería su muerte.

“De esta manera me pude consolar a mí mismo y perdonarme por escribir estas páginas tan íntimas”.

Y es que con el pasar del tiempo el cineasta logró convertirse en un testigo excepcional que ahora puede revelar el lado más humano de un personaje universal y de la mujer en la que se fijó cuando era una  niña de nueve años, que luego lo acompañó toda la vida y que apenas le sobrevivió seis años.

“Quería contar sus últimas tres semanas de vida en pasado presente. También quise contar anécdotas que no habían sido mostradas encontrando un balance entre lo personal y emotivo. No quise mencionar a ninguno de sus amigos porque todos realmente tienen el mismo valor y es por eso que solo aparecen su esposa Mercedes, mi hermano Gonzalo y su amigo Álvaro Mutis, quien ya falleció”. 

Confiesa que lo escribió en inglés porque su experiencia como guionista ha sido en ese idioma. “Eso me permitió hacerlo con soltura y en cuestión de días”, dijo.

Luego pensó escribirlo en castellano, pero emprender nuevamente ese triste viaje de despedirse de sus padres fue duro, por eso requirió de una traductora. “Al final pienso que un libro que cuente los últimos días de Gabo es muy llamativo por donde se le mire, así esté mal escrito, seguro será muy leído”.

Mercedes Barcha Pardo y Gabriel García Márquez, 12 de octubre de 1982,la mañana en que se anunció el Premio Nobel de Literatura al nacido en Aracataca.
“Gabo mantuvo su ser caribe en casa”

En diálogo con EL HERALDO, Rodrigo se mostró complacido y recalcó a los otros 32 medios asistentes a la rueda de prensa virtual que esta fue la casa editorial en la que su padre se estrenó como periodista.

Lo abordamos para conocer sobre la influencia de la narrativa caribe de Gabo en su carrera cinematográfica y expresó que ha sido “absoluta”.

“Hay un aspecto que menciono en el libro y tiene que ver con el amor por la conversación y el humor caribe, eso siempre acompañó a mi padre. Contar el cuento, la anécdota, eso es muy caribeño, ese contar para embellecer, en el que se exagera a veces, porque importa más la historia bien contada que la verdad, porque la historia bien contada es la verdad. Entonces creo que esa es una de las cosas del Caribe que más estaba presente en nuestra casa”.

Inclusive menciona en el libro a una de sus primas, que es de Cartagena y asiste al velorio de Gabo. “Ella está casada con un norteamericano y es muy divertido escucharla contar historias con ese humor caribeño, eso de inmediato me recuerda al mundo de mi padre. Ese espíritu de contar historias estaba muy presente en la casa”.

La pareja repitió la misma foto 30 años después del premio Nobel, en el mismo lugar y el mismo árbol. Su esposa, Mercedes, lució la misma bata.

Con relación a la preocupación que rondaba por la cabeza del novelista magdalenense, sobre el periodismo que se hace en Latinoamérica, contó que practicar un buen periodismo fue una obsesión que tuvo toda la vida.

“Decía que los periodistas ejercían el mejor oficio del mundo. Le encantaba trabajar con hechos reales y poder contarlos no solo para informar, sino para generar una historia de manera apasionante que lograra informar y educar. Creo que Noticia de un secuestro es el mejor ejemplo del buen periodismo que hizo mi padre, ese libro requirió de más de un artículo y él mismo dijo que fue el trabajo más difícil que hizo por el tamaño de la historia, la complicación de la situación nacional y además por hacerle justicia a los personajes que habían sufrido la historia. Uno de sus legados es la Fundación Gabo que ahora lidera Jaime Abello”.

En un ejercicio aproximado a lo que pensaría su padre sobre la situación que actualmente vive su patria, se lleva las manos a la cabeza y tras mirar al techo vuelve a dirigir su mirada al monitor. Acto seguido asegura que “a Gabo le daría mucha tristeza que las cosas se resuelvan con tantos muertos de por medio, para él la vida era sagrada. Creo que también estaría involucrado para tratar de mejorar la situación”.

Portada del libro.
Rodrigo García Barcha, autor del libro.
Las adaptaciones de sus novelas al cine

El cineasta, guionista y escritor de 61 años, que por los compromisos de su padre le tocó criarse entre Ciudad de  México y Barcelona, convirtiéndose así en otro de sus compañeros de aventuras del nobel, se refirió a cómo marchan las adaptaciones que realizan las plataformas Amazon y Netflix sobre las novelas Noticia de un secuestro y Cien años de Soledad, respectivamente.

De Noticia de un secuestro contó que ya se ha filmado más de la mitad en Bogotá y que ha confiado en el trabajo que lidera el director chileno Andrés Wood. “Le dedicamos muchos años a la adaptación, sobre todo con guionistas colombianos, chilenos y cubanos. Va realmente bien, siempre pensé que un director no colombiano le daría otra perspectiva y podría ser una especie de filtro para tener una mirada desde afuera y entender la compleja situación colombiana”.

El hijo mayor de Gabo y Mercedes Barcha, pese a estudiar Historia Medieval, profesionalmente se orientó al cine y la televisión. Entre sus películas como director están El secreto de Albert Nobbs, Cosas que diría con solo mirarla, Nueve vidas, Madres e hijas, y está próximo a estrenar Four Good Days, que será protagonizada por Glen Close.

García agradece a Netflix que se haya concentrado en tener los mejores guiones posibles para recrear Cien años de soledad, obra con la que su padre ganó el Premio Nobel de Literatura en 1982.

“El guionista puertorriqueño José Rivera ha hecho varias horas de la adaptación, yo he leído hasta ahora las primeras tres y va muy bien. Por lo pronto están en la etapa de adaptación, que era la mayor preocupación, estoy muy optimista porque se está filmando en español y se rueda en Colombia, eso le da mucha autenticidad”.

Al preguntársele sobre aquella negativa que tenía Gabo de llevar al cine Cien años de Soledad, García Barcha dice que su pensamiento cambiaba y en ocasiones le confesó que debía hacerse. Lo que jamás cambió fue una condición que siempre les dejó clara y era que debía ser rodada en español.

“Él algunas veces pensó que era imposible hacer una película así sea de cuatro horas sobre Cien años de soledad, especialmente por los recursos que requería. Eso llevaría a que el proyecto se rodara en inglés y que contará con grandes estrellas, pero realmente él soñaba con que ocurriera y se rodara en castellano”.

García agregó que con la llegada de las plataformas de streaming se logra hacer Cien años de soledad en su lengua natural. “Mi padre dijo que después de muerto podríamos hacer lo que quisiéramos”, contó entre risas.

Finalmente, reveló que junto a su hermano Gonzalo estudia la posibilidad de que la famosa casa de la calle del Fuego, en Ciudad de México, donde fallecieron sus padres, se convierta en un museo.

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