Encontrarse fachadas coloridas en Barrio Abajo ya no es algo nuevo que contar. Murales van y vienen. El sector hace rato se volvió una galería a cielo abierto, pero lo que no siempre se ve es lo que pasa puertas adentro. Y allí sí que hay bastante historia por conocer.
En la carrera 51 N°. 46-03 hay una de esas casas. Por fuera puede parecer otra más. Está pintada, viva, metida en la misma estética que hoy identifica al sector. Sin embargo, apenas uno se detiene un segundo más entiende que no es solo fachada. Ese recinto lleva más de 130 años en pie, viendo cómo el barrio se reinventa sin dejar de ser el mismo.
Antes fue bodega, de las de antes, de trabajo constante y movimiento diario. Era parte del engranaje del barrio, sin protagonismo, pero necesaria.
Hoy es un hostal, pero no como cualquier otro. El que cruza esa puerta se mete de lleno en su esencia. Hay detalles que hablan del Carnaval de Barranquilla, de la música, de la forma en que Barrio Abajo ha construido su identidad con los años.

Y eso es especial, porque en medio de tanta pintura, foto bonita y una colorida decoración este espacio propone mirar más allá del color y escuchar lo que el lugar tiene para decir.
En su segundo año de funcionamiento, este hostal se ha consolidado como una esquina que llama la atención desde que uno la ve de frente. La fachada está pintada con los colores de Barranquilla distribuidos en bloques que le dan vida propia a la casa.
A ambos lados de la entrada dos marimondas de gran tamaño reciben a quien llega. Son personajes que remiten de inmediato al carnaval.
“Toda esta idea del negocio empezó porque nosotros quisimos darle como un valor agregado a lo que es el barrio y a la parte cultural, devolverle ese favor y esa gratitud”, expresó Luis Santodomingo, su propietario, quien nos abrió las puertas para mostrarnos cómo una casa puede convertirse en el reflejo de todo un barrio.

Por eso, más que un lugar para dormir, la apuesta fue crear un espacio que mostrara esa esencia: “Necesitaba un lugar que fuera una vitrina al mundo y también a la parte local. El hostal cuenta con 10 habitaciones, con capacidad para 37 personas, pero lo que lo diferencia es que cada una tiene nombre propio. Todas son temáticas, por ejemplo, el tigre, el monocuco, el garabato, el rey momo y así sucesivamente”.
Y es que cada cuarto está pensado para contar una parte de la fiesta, para que quien llegue no solo vea, sino entienda. Dentro de las habitaciones hay fragmentos de historia, referencias a los disfraces, a las tradiciones que han pasado de generación en generación.
Cuna de aprendizaje
Pero además de hospedarse, pueden tomarse fotos en sus rincones, disfrutar de un agua e’ panela, unas cocadas o un buen sancocho; es un espacio donde el visitante puede aprender a hacer un dulce, entender cómo suena un tambor o cómo se arma una flauta de millo. Y, sobre todo, puede escuchar a quienes han sostenido esa tradición, como las matronas, los hacedores del carnaval, la gente del barrio.
“Brindamos talleres de flauta, de tambor, talleres gastronómicos para que la gente conozca esas raíces. No es solo quedarnos con la parte cultural, sino cómo la transferimos, por ejemplo, a los niños que siempre serán el futuro”.
Ahí nace la Fundación MIC, un espacio pensado para que los más pequeños aprendan lo que el barrio sabe. “Trabajamos con la gente local, con la gente del barrio, con la gente que sabe desde las raíces cómo ha crecido todo esto generación tras generación. Por medio de la fundación y el hostal estamos enfocados en la sostenibilidad del patrimonio cultural”.

Es así como apoya directamente a quienes sostienen la tradición. Las matronas, por ejemplo, son portadoras de saberes que necesitan circular.
“La idea es vincular a las matronas, brindarles educación, capacitación en ventas, en mercadeo, en redes sociales, ayudarles a vender”.
Además de potenciar lo que ya saben, les brinda herramientas para que ese conocimiento también sea sostenible económicamente. Incluso, el proyecto contempla un capital semilla para que puedan impulsar sus productos.
El segundo frente es el educativo. “Trabajamos con las matronas en la parte educativa, en la formación, pero no solo con ellas. También con los niños del barrio. Realizamos actividades gratuitas para los niños, para que no se pierdan esas tradiciones”.
Son talleres que se hacen una o dos veces al mes, donde los más pequeños aprenden lo artístico, lo cultural, lo que no siempre está en los libros. Ahí el objetivo es que el relevo generacional no llegue vacío.
Y el tercer punto es la experiencia, porque lo que se construye con la fundación también se articula con el hostal. “Ofrecemos paquetes con actividades gastronómicas, rutas por Barrio Abajo, trabajamos con guías turísticos y otras alianzas como la que tenemos con el Museo del Carnaval en la que por hospedarse pueden obtener una entrada gratis ”.

Gran visitante
La visita de Ryan Castro en carnaval no estaba en los planes. Durante la temporada, muchas personas ya estaban usando la fachada como punto de referencia “Fue algo inesperado, pero ahí es cuando uno dice que está haciendo las cosas bien y es bonito que las personas asocien el hostal con Barranquilla y lo que es ser barranquillero, un orgullo inigualable”.

















