El Heraldo
Rincón Juniorista

Un poco de historia rojiblanca

Junior jugó en su época aficionada con unas camisetas blancas con una ‘J’ en el pecho, que eran lavadas a mano por su fundadora. En 1929 utilizó por primera vez una vestimenta rojiblanca.

No es fácil reconstruir el historial de camisetas que ha usado Junior a lo largo de sus 93 años, 5 meses y 12 días de historia. Escasean los datos precisos y registros fotográficos en ese aspecto. En los tiempos en los que a Micaela Lavalle se le ocurrió fundar este equipo de fútbol (7 de agosto de 1924) para que un grupo de jóvenes sub-20 (entre quienes se encontraban tres de sus hijos) desataran toda su energía deportiva, no existía la variedad, expectativa, rimbombancia, repercusión mediática y el marketing en el que se mueven actualmente las vestimentas y todo el mundo del balón.

Hoy en día, ya con Fuad Char, sus hermanos, sus hijos, sus sobrinos y toda su familia sosteniendo el apasionante legado de la legendaria matrona barranquillera (desde 1972), las cosas son muy distintas. El sencillo uniforme que sudaban ‘los Miuras’, como le llamaban a los integrantes de Junior en sus comienzos por su coraje y vigor, ahora es muchísimo más sofisticado y costoso, tiene ocho patrocinadores diferentes (incluido el surtidor de ropa), diseños modernos, telas especiales para comodidad del deportista y una numerosa hinchada deseosa de adquirirlo más allá del costo ($179.900 la nueva).

En aquellos días se jugaba sin sueldos astronómicos, sin parafernalia, con grandes sacrificios, con puro y sincero amor a la camiseta. No importaba si estaba desgastada y desteñida de tantas lavadas a mano de doña Micaela. El alma se dejaba en la cancha. Era sentimiento y espíritu deportivo genuinos.

“A ninguno se les pagaba un sueldo, todos trabajaban en el día y entrenaban de noche, mi mamá les compraba los uniformes. Yo y mis hermanos muchas veces la ayudábamos a ella a lavar los uniformes”, contó en varias oportunidades Carmen Mejía Lavalle, hija de la precursora del universo de los tiburones, como se le apoda ahora a los miembros del club. 

“Antes jugábamos por amor y ahora juegan por dinero”, contó Octavio ‘Tolimita’ Ruiz, delantero del primer Junior profesional, en una entrevista con EL HERALDO en 2004. Falleció en 2009.

En medio de ese pasado austero y lejano, Junior surgió y empezó a moldear sus ricos anales. Se cuenta en el libro ‘Una historia de diamantes’, escrito por el periodista barranquillero Ahmed Aguirre Acuña, que en 1929, tres años después ingresar a la Liga de Fútbol del Atlántico, cuando comenzó a jugar en Primera Categoría, Juventud Junior (nombre inicial), se identificaba “con una camiseta blanca con una gran J en el pecho y pantaloneta azul”.   

El rojiblanco representó a ‘Juventud Junior’ por primera vez, relatan las letras de Aguirre Acuña, ese mismo año en un partido en el Estadio Moderno ante ‘Monumentos del Juventud’. Ambos salieron a la cancha con camisetas blancas y el árbitro ordenó al equipo de doña Micaela cambio de camiseta. Utilizaron las del Club Atlántico, a rayas horizontales rojas y blancas. Desde entonces se adoptaron esos colores en la casaca del ahora Junior. 

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