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Sara Ordóñez, fuerza y deporte llevados al emprendimiento

Desde hace diez años es entrenadora personalizada de atletas y personas que “mejoran su estilo de vida”.  Aquí narra cómo ha sido su carrera.

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El bienestar que le genera ejercitarse es lo que motiva a Sara Ordóñez a entrenar a diario. Hoy vive de eso. Es entrenadora personalizada y coach de performance con diez años de trayectoria. Nació en Medellín, pero vive en Barranquilla desde hace 12 años y fue en esta ciudad donde encontró y formalizó el trabajo que le apasiona. 

Su día arranca entrenando. De 4:30 a.m. a 5:00 a.m. pedalea en su bicicleta frente a un simulador o trota. Después empieza con su primera clase grupal, cuyo horario de inicio varía entre las 6:00 a.m. y las 6:30 a.m. entre semana. Luego continúa con los entrenamientos personalizados vía Zoom hasta las 11:30 a.m., se toma un tiempo para almorzar y en la tarde se encarga de los entrenamientos personalizados con los atletas creando sus rutinas y haciéndoles seguimiento. Algunos días tiene doble jornada, así que se extiende hasta aproximadamente las 6:00 p.m. Y así sucesivamente todos los días. 

Sara lleva una vida enfocada en el deporte desde que era una niña. A los diez años practicó karate, luego hizo nado sincronizado y quiso ser tenista profesional, pero dice que “empezó tarde” en este deporte. Por eso lo continuó de manera recreativa y, cada vez que venía de vacaciones a Barranquilla, la paisa “se internaba” en la Liga del Atlántico.  Allí entrenaba alrededor de cinco horas diarias durante casi tres semanas. Ella dice que “gran parte de su formación deportiva” la hizo en la capital del Atlántico y la fortaleció cuando se mudó en su totalidad a esta ciudad. 

Al llegar probó suerte en el fútbol y a partir de ahí fueron horas de entrenamiento y campeonatos durante casi cinco años. Se inició en Rangers, un equipo que jugaba en una cancha cerca al parque Tívoli, en el norte de la ciudad. Luego pasó al Inter y recuerda que su padre, Juan José Ordóñez, le decía que “esa era la razón” por la que estudió Comunicación Social y Periodismo en la Universidad del Norte, pues la mayoría de los partidos los jugaron allá. 

“Fue una época muy bonita y tengo los mejores recuerdos de esta ciudad estando en ese equipo. Conocí muchísima gente, crecí mucho e incluso mi carrera deportiva puedo decir que empezó a través de que yo jugaba fútbol y empecé a entrenar a amigas mías que también jugaban”.

 

A sus 31 años se encarga de dirigir los entrenamientos grupales y personalizados de triatletas, deportistas y personas del común. Orlando Amador

Sin embargo, Sara no siguió en ese equipo pues “se estaba volviendo muy profesional” y no quería eso para su vida. Pero encontró en el Country Club uno en el que sí podía continuar de manera recreativa y asegura que fue allí donde “despegó su empresa”. Tampoco continuó en Uninorte, se pasó a la Academia de Arte y Cultura del Caribe y allí se graduó de Locución para Radio y Televisión. Actualmente lo combina con los entrenos, pues “le ha servido” para “comunicarse, escribir y enfrentarse a una cámara todos los días” en clases grupales de hasta 40 personas.

A su historial deportivo se le suma que también trota y ha participado en carreras recreativas. En 2018 se encontró de frente con el triatlón (deporte en el que se combina la natación, el ciclismo y, en este caso, el trote de media distancia) y, aunque llevaba mucho tiempo sin nadar y tampoco tenía una bicicleta, se inscribió en el Ironman que se llevó a cabo en Cartagena (Bolívar).

“Empecé mi preparación de un año completo, corrí diferentes carreras en Cartagena, en Barranquilla, creo que hicieron un par de carreras caseras, inclusive de prácticas, hasta que corrí mi primer Ironman 70.3 y de ahí me metí muy duro con ese deporte que me apasiona demasiado”.

Sara se enamoró tanto de esta actividad deportiva que actualmente está “terminando una certificación sobre cómo mejorar el rendimiento de los atletas”, pues trabaja en el fortalecimiento de los cuerpos de varios triatletas, deportistas y personas del común que “simplemente quieren transformar su vida física, mental y emocionalmente a través del deporte”.

Para ella, en su recorrido profesional “ha sido gratificante lo bueno y lo malo”. “Todos los deportes por lo que ha pasado me han dejado un gran aprendizaje, una gran disciplina y un amor por los estilos de vida saludables”.

 

Ser entrenadora virtual

Sara tenía claro que si quería entrenar a más personas debía migrar a la virtualidad. Irónicamente fue la pandemia la que aceleró sus planes. Ya va un año y seis meses desde que trabaja en las plataformas digitales. Hoy, parte de su apartamento es un “estudio de entrenamiento” y desde allí dicta sus clases. Cuenta con un piso acolchado para evitar el impacto, un televisor pantalla gigante para ver con facilidad a las personas que entrenan, varias mancuernas, bandas elásticas y otros elementos básicos que se necesitan para complementar los entrenamientos. Sara aclara que si la persona no cuenta con ellos, no pasa nada, pues “solo se necesita de uno mismo” para ejercitarse. 

“Desde la comodidad de mi hogar le llego a muchas personas y sé que les ayudo a transformar sus vidas de manera muy positiva, saludable, orgánica y entendiendo el proceso de cada uno. Sé que no todos estamos en el mismo punto. Para mí no hay nadie que vaya más rápido o más despacio. Cada quien va a su ritmo y a su propia carrera”.

Su marca, Sara Ordóñez, la trabaja junto a Adriana Zapata a quien define como “la cabeza pensante de todo el negocio” y que “ha permitido que la virtualidad tenga cercanía con las personas”. También es consciente de que “faltan muchas cosas por pulir” y que están “en un camino que va lento, pero seguro”.   

La joven paisa, radicada en Barranquilla, se considera una mujer con un estilo casual. Orlando Amador

Esta joven paisa, de 31 años, agradece la experiencia que vivió como aprendiz en el centro de entrenamiento de su padre, que considera “su mentor”, pues le dio las bases para construir lo que hoy día es su empresa. También resalta el apoyo de su familia, a quienes considera “el motor” de su negocio y “la acogida” que tiene en Barranquilla desde hace 12 años. 

“Barranquilla me ha abierto las puertas de una manera increíble en todos los aspectos, no tengo queja alguna a nivel laboral, social, cultural. Siento que es una ciudad que me ha abrazado de una manera muy bonita y especial. Creo que muchas cosas de lo que hoy soy se las debo a esta ciudad. Amo Medellín, pero me siento muy de acá también”.

Sara, junto a un grupo de trabajo, está en planes de realizar un triatlón a media distancia en Barranquilla. Afirma que pretende convertir la competencia “en un evento de ciudad” para demostrar que “aquí se hace muy buen deporte, hay un buen nivel y escenarios deportivos increíbles”. Su meta también es “convertirla en una carrera nacional” y próximamente dar detalles de este evento deportivo. 

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