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La imagen de Nalfi Esther Blanco Olmos sigue presente en cada audiencia judicial. Para sus familiares, sin embargo, el paso del tiempo no ha significado avances contundentes en la búsqueda de justicia. Por el contrario, aseguran que el proceso penal por el feminicidio de la mujer, hallada muerta en noviembre de 2024 en una vivienda del barrio San Carlos, en Sabanalarga, se ha convertido en una fuente de sufrimiento.

A pocos meses de cumplirse dos años del crimen, la familia denuncia que el juicio avanza a un ritmo lento mientras Jorge Leonardo Piña Rodríguez, expareja sentimental de la víctima y procesado por el caso, continúa en libertad luego de haber sido beneficiado con el vencimiento de términos.

La situación hoy reaviva el dolor de los allegados de Nalfi, quienes aseguran que cada aplazamiento y cada retraso representan una nueva forma de revictimización.

Beneficio e indignación

La controversia se remonta al año anterior, cuando un juez de control de garantías concedió la libertad a Piña Rodríguez al considerar que se habían superado los tiempos legales establecidos para el inicio del juicio oral.

El procesado, quien se desempeñaba como vigilante privado, permanecía recluido en el Centro de Detención Transitorio Las Estrellas, en Barranquilla, desde el momento de su captura.

Durante aquella audiencia, el juez aclaró que la decisión no obedecía a una valoración sobre la responsabilidad penal del acusado y que el proceso continuaba su curso en la etapa previa al juicio. Sin embargo, la determinación provocó un profundo rechazo entre los familiares de Nalfi Blanco.

A través de comunicados públicos y pronunciamientos en redes sociales, los allegados de la víctima expresaron que la libertad del procesado representaba un duro golpe para la búsqueda de justicia y enviaba un mensaje preocupante frente a la violencia contra las mujeres.

Para la familia, el hecho de que una persona procesada por un delito tan grave pudiera recuperar su libertad debido a demoras procesales puso en evidencia las falencias del sistema judicial.

Un juicio sin resultados

Nataly Blanco Olmos, hermana de la víctima, aseguró en reciente diálogo con EL HERALDO que el proceso actualmente se encuentra en la etapa de juicio oral, pero considera que los avances han sido mínimos frente al tiempo transcurrido.

Según explicó, la Fiscalía ha logrado presentar gran parte de sus testigos, entre ellos familiares de la víctima, personas que tuvieron conocimiento directo de los hechos y especialistas que participaron en la investigación.

No obstante, sostiene que las audiencias son esporádicas y que constantemente surgen situaciones que terminan retrasando el desarrollo del caso.

La más reciente ocurrió el pasado 2 de junio, cuando estaba prevista una diligencia judicial en la que debían continuar las declaraciones. Sin embargo, la audiencia tuvo que ser suspendida y reprogramada para el pasado jueves 2 de julio debido a la ausencia de integrantes de la defensa.

No obstante, el jueves anterior empezó y debió suspenderse por “fallas en el internet del juzgado de Sabanalarga”.

Para la familia, este tipo de situaciones alimenta la sensación de que el proceso avanza demasiado lento.

“Nosotros sentimos que el caso no avanza. Una audiencia se programa para un mes después y cuando llega la fecha muchas veces se presentan nuevas demoras”, manifestó Nataly.

La mujer asegura que el desgaste emocional se ha convertido en una carga permanente para todos los integrantes de la familia.

Los testimonios pendientes

Otro de los aspectos que inquieta a los familiares es la cantidad de testimonios que aún faltan por ser escuchados dentro del proceso.

De acuerdo con la información entregada por la hermana de la víctima, después de culminar la etapa correspondiente a la Fiscalía todavía deberán comparecer decenas de testigos anunciados por la defensa.

Esa situación genera incertidumbre sobre cuánto tiempo más podría extenderse el juicio.

“Nos preocupa pensar cuántos años más puede durar esto. Ya vamos para dos años desde que ocurrió el crimen y todavía no existe una sentencia”, señaló.

Para la familia, la lentitud del proceso contrasta con la gravedad de los hechos investigados y con el impacto que estos han tenido sobre los seres queridos de Nalfi.

Una ausencia que pesa mucho

Más allá de las actuaciones judiciales, la familia continúa enfrentando las consecuencias de la muerte de Nalfi Blanco.

La víctima dejó dos hijos que desde entonces han tenido que reorganizar su vida familiar.

Según relató Nataly, el menor de los niños quedó bajo su cuidado debido a las dificultades emocionales que afronta la madre de ambas mujeres desde que ocurrió el crimen.

La pérdida, asegura, afectó profundamente a toda la familia.

Cada audiencia revive recuerdos dolorosos y obliga a sus allegados a volver una y otra vez sobre las circunstancias que rodearon la muerte de Nalfi.

“Nosotros seguimos sufriendo lo mismo cada vez que vamos a una audiencia”, expresó.

La situación se vuelve aún más difícil, afirman, cuando observan que el principal procesado continúa desarrollando su vida en libertad mientras el caso sigue sin una decisión definitiva.

Un llamado a la celeridad

Para los familiares de Nalfi Blanco, el reclamo principal no está dirigido únicamente a la Fiscalía, sino al sistema judicial en general.

Reconocen que existen múltiples procesos represados en los despachos judiciales, pero consideran que los casos relacionados con feminicidios deberían recibir un tratamiento más ágil debido a la gravedad de los hechos y al impacto social que generan.

Por eso insisten en la necesidad de que las audiencias se desarrollen con mayor frecuencia y que las actuaciones judiciales avancen sin interrupciones innecesarias.

A su juicio, las demoras terminan favoreciendo escenarios de impunidad y profundizan el sufrimiento de las víctimas indirectas.

“Llevamos casi dos años esperando una respuesta de la justicia y todavía no tenemos una sentencia”, señaló la hermana de la víctima.

La exigencia de justicia

Mientras se acerca el segundo aniversario del crimen, la familia de Nalfi Blanco mantiene intacta su exigencia de verdad y justicia.

Los allegados de la mujer sostienen que continuarán asistiendo a cada audiencia y acompañando el proceso hasta que exista una decisión definitiva sobre los hechos.

Al mismo tiempo, esperan que el caso sirva para abrir una discusión más amplia sobre la necesidad de fortalecer la respuesta institucional frente a los feminicidios y evitar que las demoras procesales terminen convirtiéndose en un obstáculo para las víctimas.

Para ellos, la muerte de Nalfi no solo arrebató la vida de una madre, una hija y una hermana. También puso a prueba la capacidad del sistema judicial para responder oportunamente en uno de los delitos que más preocupa a la sociedad colombiana.

Y mientras el juicio sigue su curso, la familia continúa esperando que la justicia avance con la misma urgencia con la que, aseguran, se necesita para evitar que casos como este queden atrapados en el tiempo.