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La agrupación Los Panda del barrio Rebolo expresa su sentido de pertenencia a través del baile. Hansel Vásquez.
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Ser barranquillero, más que una moda

La  ‘barranquilleridad’ se ha reafirmado desde la música, la gastronomía, el baile y la moda. ¿Cómo se celebra esta apropiación cultural?

Gabriel García Márquez decía que toda cultura de verdad es popular,  pues esta nace y crece de la periferia hacia el centro y de abajo hacia arriba. En otras palabras, la suma de todas las formas de arte, pensamiento y costumbres tienen su simiente en las gentes que la crean.

Muchas de las tradiciones más arraigadas en la ciudad tuvieron su eclosión en los barrios y en las zonas rurales del Atlántico y del Caribe. De allí se expandieron, por el uso y el tiempo, a diferentes espacios antropológicos.

¿Ha notado que por las calles de la ciudad algunos lucen camisetas con la bandera de Barranquilla?, ¿o franelas con mensajes como “corroncho”, “coleto” o “costeño”? La tendencia en decoración de locales comerciales arropa el costumbrismo vistiéndose como las viejas casonas del Prado, la tienda de la esquina o los patios de las abuelas, esos que adornaban con materas, sillas coloridas, estibas y mecedoras de madera. Cuando de cocina se trata, los fritos, el cucayo, la mojarra y los patacones reclaman su protagonismo en los sabores del Caribe, mientras que en la música, la transgresora champeta, como otros géneros musicales en el pasado, han salido del oscurantismo convirtiéndose en el epicentro de las fiestas.

Este fenómeno que acoge lo popular como reafirmación de la identidad impactan en la moda, la música y la gastronomía , entre otros aspectos.

¿Está de moda ser barranquillero?. Influenciadores barranquilleros como Elgatales, Susano José y la exreina del Carnaval Marcela García difunden, a través de las plataformas digitales, videos en los que explican matices de su cultura, la forma de comunicarse entre amigos, entre padres e hijos y otras situaciones cotidianas que narran jocosamente las vivencias de personas del Caribe. Según expertos, esta es una “gran vitrina para las nuevas generaciones”.

Para Fernando Vengoechea, uno de los creadores de la marca Todo Mono, mostrar la historia de manera creativa puede hacer que la gente sienta más apego por la ciudad.

“Conocer nuestra ciudad nos da más orgullo y sentido de pertenencia. Le apuntamos a que no sea una moda, sino que la gente reconozca sus valores, enseñarles que no somos faltos de historia ni de iconos. Entre más raizales seamos más nos diferenciamos en el mundo. No es solo ser cool, sino conocernos y celebrar lo que somos”, dijo.

Según la última Encuesta de Percepción Ciudadana de la Red Ciudades Cómo Vamos, presentada en marzo del año pasado en el Hotel Barranquilla Plaza, la percepción de los barranquilleros con respecto al rumbo de la ciudad, el orgullo y la satisfacción que sienten es positiva y generalizada.

El informe mostró una favorabilidad del 89% sobre la satisfacción de los habitantes de vivir en la ciudad.

La bacanería. Un dicho que circula entre los barranquilleros más acérrimos dice que la bacanería es “poetizar la vida”.

Un estilo de vida que nace de la condición de bacán, ese atributo que se crea por la alegría, frescura y sabrosura de ser Caribe.

Joaquín Armenta, quien hizo parte de la elaboración del documental del fallecido sociólogo Hugo González, La Bacanería, un estilo de vida, define el término bacán en su acepción original en italiano como “capitán de barco”.

Armenta explica que al llegar este término al Caribe “le cayó como anillo al dedo a un personaje que ya existía”.

“El bacán es un líder de la alegría, tiene una forma peculiar de vestir, le gusta mamar gallo, bailar y tomarse unas cervezas. Si vemos las características del bacán y de la bacanería derivada del mismo, parece que retratáramos al barranquillero puro y natural”, expresó.

Historia. Para el sociólogo Jairo Solano, doctor en Historia de América, experto en estudios del Caribe y docente de la Universidad Simón Bolívar, desde su origen Barranquilla ha sido una ciudad de migrantes.

“Inicialmente era un pueblo de libres que venían desde distintos confines de la Costa. Esto y su ubicación generó que gente de todos los sectores, inicialmente de Santa Marta, Cartagena, Ciénaga, Mompox y Magangué negociaran con Barranquilla a través del río. Por Puerto Colombia se asentaron muchos migrantes que entraron a través del muelle, primero europeos, después libaneses y de otros países. Barranquilla es una mixtura de varias culturas y ha sido abierta a las expresiones de cada una de estas culturas, eso se expresa en el Carnaval, que es un fenómeno europeo que se adaptó perfectamente a la ciudad”, afirmó.

Música. Solano define a Barranquilla “como una ciudad musical a plenitud”, pues incluso geográficamente está distribuida por distintas expresiones culturales.

“En los barrios de influencia palenquera hay mucha expresión musical que tiene que ver con cada una de las propuestas culturales y rítmicas de los grupos sociales”.

En la actualidad es muy común que las fiestas sean amenizadas por picós y decoradas al estilo de verbenas. No es insólito ver a un grupo de amigos “tirando piques en pleno espeluque”, con pases de champeta.

El coreógrafo Pedro Díaz, mano derecha de la mayoría de las reinas del Carnaval de Barranquilla, dice que el fenómeno de la champeta y la música urbana empezó a incluirse en los bandos con el show de  Marcela Dávila, reina del Carnaval 2011.

“Desde ahí esta música es infaltable en los shows más importantes del Carnaval”, agregó.

Harold Ballesteros, maestro con estudios de doctorado en Ciencias Humanas con énfasis en Semiótica, Estética y Cultura, explica que  la champeta fue construida a partir de híbridos como terapia y soukus.

“En los barrios de la periferia era una palabra despectiva porque los negros iban al baile con sus rulas o instrumentos de trabajo. La venida de la población palenquera joven trajo esa música.  Los picós antes eran salseros y agregaban música africana. La ciudad hasta los años 60 y 70 denigraba la música vallenata y la champeta”, señaló.

Elkin Fajardo jefe de prensa de la Organización Musical Rey de Rocha, dice que Barranquilla es una ciudad clave para la champeta, pues si un tema pega en Barranquilla llega a todo el país. “El logro de un artista de champeta es pegarse en Carnaval”. 

“Hace unos cinco años atrás hubo un cambio en la forma de hacer la música, añadiéndole a la champeta ritmos africanos y urbanos. La champeta tenía africano, trompeta, bajo, conga y timbales y ahora además se mezcla con otras músicas, creando la mal llamada champeta urbana, porque solamente con el hecho de ser champeta es urbana”, explicó.

Baile que transforma. Bailar es hablar con el cuerpo, en esto coincide el grupo de Los Panda, jóvenes del barrio Rebolo que residen en el sector de los Tres Postes y Sal si Puedes, que contrarrestan la violencia y la pobreza con la cultura.

“El baile es el reflejo más fiel de la cultura barranquillera”, dice su líder Dylan Pinto, pues a través de lo que expresan con sus movimientos son capaces de transformar sus realidades.

El sentir barranquillero es una reafirmación del universo costeño que se vive de norte a sur. Una apropiación tan arraigada que se respira entre sus habitantes como una atmósfera de romance, quizá incomprensible para quienes ven el amor de lejos. La respuesta está en la cultura, esa que se produjo como resultado de complejos procesos sociales, pero que le dio a Barranquilla características que la hacen espejo del Gran Caribe. En conclusión, ese sentir cultural es una forma de libertad que le da al hombre la facultad de elegir una vida menos esclavizada.

Después de la jornada escolar, un grupo de niñas observa los grafitis de la carrera 50 con 38.
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