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El Editorial | Tercera ola

Colombia no puede caer en la falsa complacencia de un virus ‘dominado’ que conduzca a un relajamiento general, menos cuando se aproximan la Navidad y el fin de Año.

A pesar de la bocanada de aire fresco que la elección de Joe Biden supuso para millones de ciudadanos en los Estados Unidos, hartos del irresponsable manejo que el presidente Donald Trump le ha dado a la crisis sanitaria por la pandemia, el virus avanza implacable a lo largo y ancho de este país, donde los funcionarios de salud hablan ya de una tercera ola. Está claro que la Covid-19 no conoce de elecciones, partidos políticos, ni mucho menos de evasiones de la realidad, solo de pésimas decisiones tomadas por líderes impresentables como el magnate republicano o el señor Bolsonaro, el inquilino del Palacio de Planalto.

El virus sigue sin tocar techo en los Estados Unidos tras un nuevo récord de 200 mil contagios por día, mientras las muertes superaron las 240 mil. Llegan tarde las restricciones reimpuestas por los gobernadores estatales frente a la rápida proliferación de la pandemia que continúa encontrando terreno abonado en la desconfianza de quienes se alinearon con el discurso negacionista de Trump. Su penosa gestión ha provocado una baja adhesión de la ciudadanía a las medidas recién decretadas, entre ellas el cierre de restaurantes y gimnasios, a partir de las 10 de la noche, y el límite de máximo 10 asistentes en reuniones privadas, en Nueva York.

El resto corre por cuenta de la llegada implacable del frío propio del invierno, responsable en parte del aumento vertiginoso de los casos. Un escenario anticipado, desde hace meses, por los científicos norteamericanos, a quienes se les ha valorado muy poco en el momento en el que la ciencia resultaba lo más importante. El asunto es bastante simple, la caída de las temperaturas obliga a las personas a resguardarse en sitios cerrados donde se reduce la ventilación. Esta condición acelera la expansión del virus.

Ahora que la curva en Estados Unidos parece estar fuera de control será muy difícil estabilizarla y las medidas deberán ser más restrictivas para frenar el incremento sin precedentes en los ingresos hospitalarios de los últimos días, lo cual es un terrible indicativo de muchos más fallecimientos para las próximas semanas. Además, parece inminente el colapso del sistema sanitario en ciudades pequeñas donde el personal de salud comienza a estar exhausto y a ser insuficiente para enfrentar la emergencia, hoy más grave que durante la primera oleada, en la primavera.

Lo que ocurre en Estados Unidos, donde la infección nunca ha estado bajo control, o en Europa, donde casi se volvió a una absoluta normalidad luego de la crisis de marzo y abril, revela la vulnerabilidad de los países frente al temido escenario de un “resurgimiento del virus”, como advierte la Organización Panamericana de la Salud (OPS). No aplicar las medidas restrictivas a tiempo o levantarlas cuando no corresponde conduce al mismo error que se paga muy caro.

Colombia no puede permitirse caer en la falsa complacencia de un virus ‘dominado’ que conduzca a un relajamiento general, menos cuando se aproximan las fiestas de Navidad y Fin de Año. Permanecer firmes en el propósito de reducir su tasa de reproducción debe seguir siendo la prioridad del Gobierno nacional, las autoridades territoriales y especialmente de cada ciudadano comprometido con su salud y la reactivación de los sectores económicos. Insistir en el mensaje del cumplimiento de los comportamientos preventivos aprendidos durante la pandemia, como el uso de tapaboca, el lavado de manos, el distanciamiento físico, los protocolos de bioseguridad evitando las aglomeraciones, son acciones en el sentido correcto para evitar un segundo brote de la pandemia.

Extremar el autocuidado fuera de casa e inclusive en los espacios privados con familia o en los encuentros con amigos reduce riesgos en un tiempo en el que las actividades sociales están a la orden del día. Resistirse a la tentación de los excesos siempre será una buena elección, que hoy no se puede permitir una buena parte de los ciudadanos en Estados Unidos y en Europa, donde las restricciones, prohibiciones y confinamientos vuelven a ser para ellos una imposición ineludible para contener la propagación del virus. Que no nos pase a nosotros.

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