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El Editorial | Punto de inflexión sobre la Ciénaga Grande

Por el bienestar de las comunidades que la habitan y por el extraordinario valor ambiental y ecológico, que al Gobierno nacional no se le siga haciendo tarde para cumplir con sus obligaciones de proteger y preservarla.

Insostenible resulta la situación ambiental de la Ciénaga Grande de Santa Marta, la laguna costera más importante del Caribe colombiano, donde miles de personas malviven en medio de la extrema vulnerabilidad de los municipios del Magdalena que la rodean, cuya realidad social es una bomba de tiempo. 

Comunidades que históricamente han derivado su sustento de la pesca, y que hoy están pagando las consecuencias de gravísimos delitos ambientales cometidos de manera impune en esta zona, donde el tiempo pasa y nada cambia a pesar de las reiteradas denuncias públicas que claman por solucionar una crisis con dimensión humanitaria. 

Poblaciones de pescadores que obtenían cerca de 30 mil toneladas de peces al año en los sesenta y hoy apenas llegan a 4 mil por el deterioro progresivo del ecosistema, que ha desencadenado su absoluto empobrecimiento. Asfixiados por la precariedad, sin otras opciones de supervivencia, terminan desplazándose o dedicándose a la tala del mangle, ‘limpieza’ de terrenos o desecación de humedales y deforestación para cultivos y ganadería, actividades ilícitas que causan un incalculable daño a este ecosistema estratégico. 

Un círculo maldito de necesidad y miseria que propicia la degradación ambiental de la Ciénaga Grande de Santa Marta, declarada Reserva del Hombre y la Biosfera por la Unesco, además de Parque Nacional y Humedal de Importancia Prioritaria Internacional bajo la Convención Ramsar, el tratado intergubernamental para la protección de estos ecosistemas.

¿De quiénes son las manos criminales que ordenan la construcción de kilómetros de ‘trinchos o dique ilegales’ para desviar el agua de los ríos Aracataca y Fundación, que descienden de la Sierra Nevada de Santa Marta, y así conducirla a sus predios privados con el propósito de regar sus monocultivos, arrebatándole este recurso vital a la Ciénaga y a sus moradores? 

¡Terratenientes y grandes empresarios siguen robándose la Ciénaga, llevan años haciéndolo! Lo ha denunciado, de todas las formas posibles, el senador del Partido Conservador, Efraín Cepeda, quien desde 2016 está advirtiendo en reiterados debates de control político la complejidad de los delitos ambientales cometidos en este territorio ante la mirada impasible del Gobierno nacional, de este y del anterior, que no han sido capaces de ejecutar un plan integral para resolver los problemas ambientales y sociales de la zona y recuperarla.

Por cuenta del humo de los incendios forestales en el Vía Parque Isla Salamanca, los habitantes de Barranquilla son también víctimas de la ausencia de acciones efectivas del Gobierno central para superar el estado de abandono de la Ciénaga Grande. Es lamentable constatar cómo la explotación ilegal de carbón vegetal artesanal, producto de la tala del mangle, es un ‘próspero negocio’, una producción casi industrial que emplea tractomulas con contenedores para transportarlo hasta centros de acopio para su exportación. Mafias depredadoras de la Ciénaga, como bien las califica el senador Cepeda, que exige, y así deberían hacerlo las autoridades del Magdalena y Barranquilla, medidas fuertes y firmes en el control de carreteras por donde se desplazan estos vehículos con su carga ilícita. 

¿Se comprueban los certificados de legalidad de estos cargamentos en retenes, son al menos requeridos a las empresas transportadoras para verificar su procedencia? Una pregunta que debería responder el comandante de la Policía de Carreteras.  

La sobreexplotación y saqueo de la Ciénaga Grande acentúan la erosión costera, consecuencia de la construcción de la carretera Ciénaga – Barranquilla que provocó un desbalance hídrico en la zona, y cuyos taponamientos por la falta de intercambiadores tampoco se han resuelto. Corre prisa en la ejecución de estas obras ante el posible riesgo de colapso que enfrenta esta vía nacional estratégica.

Por cierto, ¿cómo se pagaría el tramo de 3,6 kilómetros que estaba desfinanciado, que va desde el punto en que termina el nuevo puente Pumarejo hasta el peaje de Palermo? y ¿cómo va la segunda fase que contempla la construcción de la doble calzada en más de 40 kilómetros desde una iniciativa privada, con cargo a los peajes, mientras que la Nación asumirá las obras de los viaductos planteados en los kilómetros 19 y 28?

Por el bienestar de las comunidades que la habitan, así como por el extraordinario valor ambiental y ecológico de este santuario de fauna y flora, que al Gobierno nacional no se le siga haciendo tarde para cumplir con sus obligaciones de proteger y preservar la Ciénaga Grande de Santa Marta y su Vía Parque Isla Salamanca. Ante la lamentable inacción, frente común de gobernantes, dirigencia y bancada Caribe, liderada en estos temas por los senadores Efraín Cepeda y Mauricio Gómez. Es hora de un punto de inflexión.

 

 

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