Editorial

Lecciones frente a la viruela del mono

Barranquilla y los municipios del Atlántico suman sus primeros casos de viruela símica. Un virus que, como cualquier otro, requiere medidas de prevención para evitar el contagio que se da “por contacto estrecho”. Muchas de las enseñanzas de la covid serán útiles para encarar el nuevo riesgo de salud pública.

Sin llegar a tener el alcance de la crisis sanitaria global provocada por el aún omnipresente covid-19, el actual brote de la viruela símica o del mono, recién catalogado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una emergencia de salud pública de importancia internacional –el paso previo a la declaratoria de una pandemia- continúa sumando nuevos casos, incluso en sitios en los que aún no se había propagado. Dos de ellos están en Barranquilla y Malambo, donde las Secretarías de Salud del Distrito y del Atlántico acaban de confirmarlos. Ambos son hombres que permanecen aislados en sus casas recuperándose, mientras sus familias y contactos más estrechos han sido sometidos a un conveniente cerco epidemiológico de carácter preventivo.

Es la respuesta esperada. No se trata de desatar pánico social, sino de ser responsables para cortar eventuales cadenas de transmisión, no siempre fáciles de detectar. Pues bien, ha llegado la hora de poner a prueba las lecciones que aprendimos, si es que así lo hicimos, luego de afrontar las etapas más críticas del coronavirus. Actuar de forma temprana como oportuna, siguiendo los protocolos activados por el Ministerio de Salud bajo la orientación de los organismos internacionales, resulta imprescindible para tratar de contener el avance de una enfermedad, capaz de expandirse de manera silenciosa. En Colombia, debido al creciente número de casos, se elevó el riesgo de moderado a alto a finales de julio.

Con el vecindario ardiendo, se procuraba reforzar todas las estrategias posibles para facilitar a EPS e IPS, entre otras entidades, enfrentar su amenaza, identificando señales de alarma y ofreciendo la atención requerida. Ningunear las advertencias o llamados de los científicos, como tantas veces ha ocurrido en relación con la covid-19, no desaparecerá la viruela símica ni tampoco minimizará el peligro de quienes se encuentren expuestos a ella. Que valga decir, de acuerdo con recientes análisis de epidemiólogos e infectólogos, podemos ser todos porque las evidencias muestran que es una enfermedad que se contagia por contacto piel con piel.

Que las apariencias no nos engañen. Pese a su baja letalidad o reducido contagio, la aparición de la viruela símica en Barranquilla y Malambo nos convoca a adoptar medidas preventivas de carácter voluntario. O lo que es igual, a recorrer el mismo sendero de conciencia ciudadana que tantas veces hemos transitado con la covid. Es más, no debería costar tanto trabajo porque al revisar en detalle las recomendaciones son exactamente las mismas que nos han repetido hasta la saciedad: uso de tapabocas, lavado frecuente de manos y distanciamiento físico. Los síntomas sí cambian, por eso vale la pena conocerlos bien para saber reaccionar a tiempo. Entre los más comunes: fiebre, fatiga, cefalea, dolor de espalda, ganglios linfáticos inflamados, en su etapa inicial. Pero lo más concluyente son las marcas o señales como manchas rojas, erupciones, pústulas o costras que pueden durar hasta cuatro semanas. En algunos casos, graves e, incluso dolorosas.

¿Hay razones para preocuparse? Siendo precavidos, podría decirse que no. Pero, la información sobre las formas de contagio aún es insuficiente. Aunque buena parte de los casos corresponden a hombres que practican sexo con hombres, no se trata de una enfermedad de transmisión sexual. Cuidado con cometer ligerezas o imperdonables errores que se podrían pagar caro. Caer en la discriminación o estigmatizar a grupos de la población es retroceder a los peligrosos escenarios del inicio de la epidemia de VIH que deberían estar superados. Por ahora, no se contempla una campaña masiva de vacunación. El motivo es simple: no existen dosis disponibles. Brasil, con más de 2 mil 500 contagios, sí inmunizará pero solo hasta septiembre cuando reciba 50 mil biológicos adquiridos con enorme esfuerzo. Colombia busca los suyos.

Con sus dos primeras variantes, la viruela del mono, a la que por cierto la OMS le cambiará el nombre, parece que se quedará entre nosotros - como pasó con la covid- quién sabe por cuánto tiempo. Otro escenario desafiante que demandará intensificar la vigilancia y medidas de salud pública, desarrollar nuevas vacunas o terapias y fortalecer acciones preventivas. Evitar los infundios de todo tipo que nos acercan a la miseria moral cuando se lanzan falsas acusaciones o señalan supuestos responsables también es prioridad. Alejar las consabidas actitudes tóxicas, producto del imperio del miedo frente a lo desconocido –y esto sí que lo es- nos salvará de la derrota de la ignorancia.

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