Como una iniciativa oportuna y solidaria hay que saludar la reciente firma de una carta de entendimiento entre Acnur (Agencia de la ONU para los Refugiados) y la Gobernación del Atlántico para atender de manera coordinada el fenómeno de la inmigración de venezolanos.

El acuerdo entre ambas instituciones consiste en brindar asistencia técnica para la conformación y funcionamiento de una mesa de trabajo institucional, capacitación a funcionarios y apoyo a rutas para acceso a derechos y servicios.

La llegada de ciudadanos del vecino país, a la que hay que sumar la de decenas de miles de retornados colombianos, no para de crecer debido al empeoramiento progresivo de las condiciones económicas, políticas y sociales en la nación hermana bajo el mandato de Nicolás Maduro.

Según cifras del Gobierno nacional, de los 870.093 venezolanos que figuran registrados en el país, el 9,7% se encuentra en el Atlántico, lo que corresponde a 84.400 personas. Incluye a las 42.771 (22.652 familias) identificadas en el Registro Administrativo de Venezolanos (Ramv).

En visita a EL HERALDO, el representante de Acnur en Colombia, Jozef Merkx, anunció además que el organismo abrirá el próximo mes de septiembre una oficina en Barranquilla, desde la cual, en unión con otras instituciones internacionales, desarrollarán sobre el terreno planes de acción en torno a este desafío migratorio.

Tal como reconoce el funcionario de Acnur, la respuesta institucional de Colombia ante el drama de los venezolanos ha sido ejemplar. Sin embargo, no deja de existir el riesgo de que en algún momento se puedan propagar sentimientos de xenofobia, especialmente en poblaciones o sectores donde los nativos puedan sentirse desbordados o inquietos por la presencia masiva de estos inmigrantes.

Por eso es de suma importancia que el problema reciba toda la atención posible por parte de las autoridades, así como de las organizaciones mundiales experimentadas en tratar este tipo de abruptas transformaciones demográficas.

Hay que continuar por este camino constructivo. Más aun se si considera que hasta hace muy poco tiempo la historia era al revés: cientos de miles de colombianos dejaron su país y se marcharon a Venezuela, que les ofrecía mayores posibilidades para edificar un futuro más estable.

No nos cansaremos de repetir que en este tipo de situaciones difíciles se mide la generosidad de los pueblos. Sin ignorar la complejidad del desafío, tenemos que perseverar en nuestra tradición de tierra de acogida. Por los hermanos venezolanos. Y también por nosotros mismos.