Deportes

El anecdotario de Édgar Perea

Sus amigos, colegas, exjugadores y entrenadores cuentan escenas jocosas, curiosas y peculiares de su exitosa y controversial carrera como narrador • Sus apuntes graciosos, su indomable ego y su ácida crítica quedaron retratados en estas breves historias.

Julio Comesaña (exjugador y técnico).Lo recordaré como un buen ser humano que hacía su trabajo imponiendo un estilo que siempre merodeaba los extremos. El día de la final del 93, con América, llegó al camerino y también entró el director de la Policía del Atlántico. Escuché que le pidió a Édgar que en la transmisión cuidara las palabras porque había riesgo de que pasara algo en el estadio. Después Édgar se me acercó y me dijo: “Dile a tus muchachos que se encarguen del problema de la cancha que yo me encargo del público y del árbitro”. Tenía una elevada autoestima y defendía a muerte sus posiciones frente a quien fuera. Al final del año 1992 me dijo que fuéramos a almorzar con Fuad Char. Fuimos a un restaurante de mariscos famoso en esa época. También fue Antonio Char y luego se fue. Nos quedamos los tres tomando unos vinos y conversando sobre Junior de cara al año 93. Édgar fue clave en esa reunión para convencer y entusiasmar a Fuad de traer los jugadores que yo solicité y armar un plantel que nos permitiera pelear con posibilidades el título. Édgar escribió en una servilleta los nombres que yo solicitaba y siempre la guardo. Si Fuad no los traía, le hubiera dado garrote todo el tiempo. Si los traía y no quedábamos campeones, yo me hubiera tenido que ir de Barranquilla a África. Los jugadores eran Carlos Valderrama, Alexis Mendoza, ‘Niche’ Guerrero y Flaminio Rivas. Ya después, a mitad de año, para el segundo semestre, Fuad se jugó otra carta que era la frutilla del postre: el retorno de Iván Valenciano. Así se armó ese Junior. Esa reunión fue un ejemplo de cómo se genera un compromiso.

Wilson Pacheco (periodista deportivo). Una vez, en un partido Junior-Unión Magdalena, un compañero se pasó de tragos y no llegó en el estado adecuado a la transmisión. A Perea le dieron el dato y lo que hizo fue darle la palabra a esa persona de entrada, a pesar de que no era el primero en el orden jerárquico. El compañero expresó, con voz un tanto confusa: “Campeón, Junior juega a lo bien, y Unión también juega a lo bien”. Perea dijo al aire: “¡Pésimo comentario! Es el peor comentario que he escuchado en mi vida, ciérrenle el micrófono a ese señor y no se lo abran más”.

Ramiro Jiménez (narrador deportivo). En el año 92, cuando Perea se fue a Bogotá, me quedé reemplazándolo en su emisora Mar Caribe. Hugo Illera, que estaba en Radio Tropical, trajo al hijo de Perea de Miami para intentar captar audiencia. Lo bautizaron como ‘El Heredero’. Perea se enteró y dijo en su programa que “a uno no lo hereda quien quiere sino quien puede, y el heredero de mi audiencia es el señor Ramiro Alfonso Jiménez”. Al año siguiente, Mike Char conformó un excelente grupo de trabajo encabezado por Fabio Poveda Márquez, con Ricardo Ordóñez y otros colegas, y me llama para que fuera el narrador. Perea no me hizo contrapropuesta y me fui con ese grupo. Perea trae a su hijo para remplazarme y en su primera alocución dijo: “Quiero decirle a la audiencia que a mí no me vuelven a dar un ‘Ramirazo’, he traído a Mar Caribe a Édgar Perea Agudelo, sangre de mi sangre, porque lo que se hereda no se hurta, caballero”.

Carlos Ischia (exfutbolista y entrenador). La anécdota que más recuerdo de Perea es cuando bajó en helicóptero al gramado del Metropolitano, vestido con traje blanco, después de una suspensión de dos meses. También tengo que ser muy agradecido porque siempre destacó mi juego y entrega por el equipo. Siempre fue muy respetuoso conmigo y yo con él. Me llamaba ‘El Motorcito del Junior’. Recuerdo que hablaba mucho con José Varacka, tenían muy buena relación. Viajaba mucho con nosotros y defendía mucho a Junior ‘Tu Papá’, se enfrentaba con quien fuera.

Bertica de Carbonell (comentarista). En mi primer programa de ‘Fútbol, solo fútbol’ logré reunir en una mesa a Fabio Poveda Márquez, Édgar Perea Arias, Abel González Chávez y Hélder Hernández Duarte. Después de esa participación inicial me dijo: “Yo soy padrino de ‘Fútbol, solo fútbol”. Y me mandaba contribuciones desde Bogotá, pero todos los videos que me mandaba eran de boxeo, a pesar del nombre del programa. Yo no le podía decir que no, me daba pena, yo era novata, lo respetaba, para mí era un honor que él me mandara los informes y yo los pasaba completos”.

Iván Chalela (médico). Un sábado de 1986, Junior viajó a Medellín para enfrentar al DIM. Édgar me dice: “Iván, esta noche cuando te desocupes  vamos a cenar fuera del hotel”. Como Eduardo Solari, el DT, era muy estricto con la disciplina, le expresé que era muy difícil y le expliqué la razón. Édgar se acercó al entrenador en el Hotel Amarú y le pidió el favor que me dejara salir para examinar un familiar de él que estaba muy enfermo. Y nos fuimos. El domingo, ya después del partido que ganamos 2-1, con un penal anotado por Juan Carlos Abello, llegamos al hotel. Reunidos en la habitación de Solari, alguien le informó que Perea le había dicho de todo en la transmisión. De inmediato me dijo: “¿Qué tal tu amigo?”... No supe qué responder. El lunes, cuando desayunábamos en el recién inaugurado aeropuerto de Rionegro, Solari se encuentra de frente con Édgar. Como a cinco metros de distancia y con un grito que retumbó en la puerta del restaurante, Perea le dijo: “¡Hola, Eduardo, amigo mío! ¡Felicitaciones, futuro campeón!” Solari se transformó y le respondió: “Negro, eres un chupamedias, la concha de tu hermana”. Se cuadraron en posición de boxeadores. Algunos jugadores y parte del cuerpo técnico agarraron a Eduardo. Otro grupo de jugadores y yo hicimos lo mismo con Édgar, que se veía asustado. No esperaba esa reacción del técnico. Lo único que atinaba a decirme, casi en voz baja era: médico, agárrame que voy a noquear a su jefe y nos vamos a quedar sin técnico. Pero siempre retrocediendo. Cuando llegamos a Barranquilla, Solari renunció.

Manuel Ortega (periodista deportivo). Una vez Édgar Perea nos reunió a todos los periodistas de Radio Mar Caribe. Estando en su oficina, a alguien se le dio por poner una queja: “Édgar, lo que pasa es que la sala de redacción se ha vuelto una sola recocha, ahí prenden el televisor y se ponen a ver películas pornográficas. Perea abrió los ojos y levantó la voz ante los rostros de temor de los jóvenes reporteros: “¿¡Cómo asíiii!? ¿¡Qué es lo que está pasando, caballero!? ¿¡Por qué no me había enterado de eso!? ¿Cómo hago para ver esas películas en mi televisor?”. También recuerdo una vez que dijo: “Junior juega hoy ante el León de Guanajuato…”. Urruchurto lo interrumpió y le expresó: “Disculpe ‘Campeón’, es León de Huánuco, del Perú”. Perea le contestó: “Guanajuato, Huánuco o Luruaco es la misma vaina, caballero. Nadie conoce a ese equipo”.
Javier Castell (exjugador, técnico y comentarista). Era conocida su manía de cambiarles los nombres a las personas. Los confundía. A Hugo Urruchurto a veces le decía Hugo Illera. A Willy Palma le dijo varias veces Wilson Pacheco. Una vez en un partido narró con mucha emoción un par de jugadas de Hayder Palacio. Después me dio la palabra a mí de esta manera: “Ahora el comentario técnico de Hayder Palacio”. Todos nos miramos y soltamos la risa. Óscar Forero después un par de veces que compartió el comentario me dijo: “Adelante, Hayder Castell”.

Hugo Urruchurto (periodista deportivo). Estábamos en la cabina de Radio Mar Caribe y ‘el Campeón’ tenía un bolígrafo fino de marca Montblanc. Yo tenía uno igual, pero era ‘cococho’ (falsificado, ‘pirata’, ‘chimbo’). Yo, de verdad, no sabía que el lapicero de él era costoso. Cuando terminó el programa, él se quedó con el bolígrafo mío y yo con el de él. Cuando ya salíamos me llamó y me dijo: “Te quedaste con mi bolígrafo”. Yo le respondí: “Fresco, Édgar, son iguales”. Y me contestó: “Perdóname, pero el mío es un Montblanc, el tuyo seguro lo compraste en las fondas del mercado”. Todos soltamos la carcajada.

Mike Fajardo (periodista deportivo). En la primera pelea de Fidel Bassa y Dave McAuley, en Belfast, Perea se encontraba transmitiendo y el boxeador colombiano estaba recibiendo una ‘muñequera’. Cuando comenzó el round 12, Édgar dijo: “Y entramos en el último asalto de la pelea”. Hugo Illera, que era su comentarista, le recordó que no era el último, que las peleas eran a doce rounds cuando el título en juego correspondía al Consejo Mundial de Boxeo (CMB), pero en este caso el título de Bassa era de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) y se extendía a 15 asaltos. Perea respondió: “Bueno, mejor, porque Bassa lo va a noquear en el próximo”. Y así fue, ganó en el asalto 13. Perea empezó a decir entonces: Caballerooo, es que hay que saber de esto para poder narrarlo, hay que conocer de esto”.

José Scoppetta Posteraro (narrador deportivo). Cuando llego a Mar Caribe, Édgar Perea trata de armar un grupo de periodistas para contrarrestar el grupo que armó Mike Char en Emisora Atlántico. Recuerdo que ‘El Campeón’ cogió el micrófono y decía: “Esos que se fueron son unos miserables, perros, en el edificio Cosmos (lugar donde quedaba la emisora Mar Caribe) los vigilantes tienen orden de dispararles, no los quiero ver por aquí”.

Santander Jiménez (periodista deportivo). Los viernes, cuando escuchaba la música de El bueno, el malo y el feo, que era la cortina de su programa, sabía que él estaba al aire invitando al estadio. Inmediatamente buscaba la forma de ir a ver a mi Junior del alma. Cuando empecé en el periodismo me hice una promesa: si logro algún día trabajar con Perea, beso la grama del estadio Metropolitano. Afortunadamente lo pude hacer. El campeón siempre decía: “Aquí en la emisora Mar Caribe sólo trabajan los mejores, ¡caballero!”. Eso nos motivaba a todos. “Somos los número uno, así le duela a la cobarde envidia”, repetía Édgar.

Fabio Poveda Ruiz (periodista deportivo). Mi padrino, Napoleón Perea, le preguntó una vez a Édgar: “¿usted qué prefiere, que se le muera su órgano reproductor o su mamá? Perea se quedó pensando y le respondió: “Bueno compadre, la verdad es que la vieja Rafaela ya ha vivido y disfrutado bastante”.

Luis Grau (exfutbolista y entrenador). En un partido Junior-Tolima tuve un choque con un jugador rival y me produjo un esguince de tobillo. Perea, en su afán de que me sacaran de la titular, dijo: “Enyésenlo hasta el cuello y métanlo en una clínica seis meses para que no juegue más. Mi vieja escuchaba el partido y se impresionó tanto que tuvieron que llevarla al médico. El equipo perdió ese partido y el siguiente. Yo me recuperé y me encontré con el negro en el aeropuerto. Al verme me dijo: “¡Tu vieja la cuida la Virgen del Carmen y jugadores como tú, ‘Luchito’ Grau, le hacen falta a Junior”. Este era nuestro Édgar Perea, uno durante el partido, otro fuera de este. Paz en su tumba. Gran narrador, mejor ser humano.

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