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Ángel Mauricio Polo Ruiz con el scout Daniel Mavárez y con su primer entrenador, Jesús Ávila Ortiz.
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Ángel Polo Ruiz, orgullo gigante para Repelón

El receptor de 17 años de edad, se convirtió en el primer repelonero que es firmado por una organización de Grandes Ligas.

No importaba que careciera de implementos ideales. Nada frenaba las ganas de jugar béisbol a Ángel Mauricio Polo Ruiz. A falta de un bate, bueno era un palo de escoba; a falta de una pelota original de 108 costuras, se lanzaba la que él mismo había creado con un trapo y cinco bolsas plásticas. ¿Quién necesitaba manilla?... ¡A mano limpia! Nada de spikes, a pie descalzo. Lo único imposible era reprimir su pasión por este deporte.

Para decirlo en términos beisboleros, Ángel Mauricio nació con ‘dos outs y dos strikes’. Nunca la ha tenido fácil, pero no se ha dejado ‘ponchar’ por la vida y con la ayuda de su familia espera ‘sacarla del estadio’.

Ya ‘bateó de hit’ el pasado viernes 15 de enero al firmar con los Gigantes de San Francisco y convertirse en el primer repelonero que se vincula al proceso formativo de una organización de Grandes Ligas. El receptor de 17 años de edad (nació el 18 de noviembre de 2003) viajará próximamente a República Dominicana para comenzar a recorrer el exigente sendero hacia la Gran Carpa.

En esa tierra caribeña los equipos de Las Mayores tienen sus granjas de prospectos y ahí deben empezar a evolucionar en su juego y demostrar si pueden dar el salto a Estados Unidos y estar más cerca de élite peloteril.

Siempre, desde niño, tuve ese pensamiento de firmar con una organización. Trabajé con amor por una oportunidad y soy merecedor de esta que me están dando”, afirma Ángel, que tiene aspiraciones enormes. 

“¡Claro que voy a llegar! Mi meta es Grandes Ligas. Quiero llegar y demostrar todo mi talento, llegar al Salón de Fama”, afirma repleto de optimismo.

El beisbolista repelonero posa rodeado de varios de sus familiares.

Lo vieron en Bogotá

Daniel Mavárez, venezolano de 62 años que vive en Barranquilla desde el 24 de agosto de 1988, cuando Farid Char (q.e.p.d.) lo trajo como instructor de pitcheo de la Liga de Béisbol del Atlántico, es el cazatalentos de los Gigantes de San Francisco en Colombia y quien sugirió que el cátcher repelonero fuese firmado.

Lo empezó a seguir desde febrero de 2018, cuando lo vio en Bogotá durante un showcase, un evento de varios días en el que los veedores de los equipos de Grandes Ligas observan el rendimiento y características de chicos con buenas condiciones para la pelota caliente. 

“Lo que más me impresionó fue su fildeo, fuerza en el brazo y poder al bate. Tuvimos que corregir ciertas cositas a la hora de batear, abría demasiado temprano las caderas, pero mejoro mucho en eso”, recuerda Mavárez.

“Lo que más tiene Ángel es las ganas, es un muchacho serio, disciplinado, viene de una familia humilde, pero de un gran corazón, que ha hecho muchos sacrificios. Carlos Ojeda, un ex pelotero de Repelón, lo llevó a Bogotá. Ojeda lo tenía hace año y medio en Medellín, en una academia de un venezolano”, agrega el scout de los ‘Giants’.

Primeros batazos

Mucho antes de que Mavárez y Ojeda apostaran por él, Ángel Mauricio comenzó a contagiarse de béisbol en el patio de su casa en el barrio 7 de agosto, a través de su tío Ángel Ruiz, quien era beisbolista aficionado.

“Yo me lo llevaba al campo a practicar y me decía que quería jugar. Yo quería que le cogiera amor al béisbol”, rememora el tío. “Yo le hice un bate con un palo de calabazo y le enseñaba en el patio de la casa. Lo ponía a correr, a lanzar y a hacer movimientos de lo que aprendí. Le decía cosas sobre el swing, que el béisbol era picante y que había que estar despiertos”, agrega.

Después que su tío le inyectó la pasión por el béisbol, se lo llevó a Jesús Ávila Ortiz, el hombre que ha abonado y regado todo el semillero beisbolero de Repelón.  

”Yo cogí al ‘pelaito’ como de 4 años. Recuerdo que siempre lo encontraba comiendo, donde la abuela, dándole ‘clavo’ al cucayo”, cuenta de manera pintoresca don Jesús, que en sus años mozos jugó béisbol aficionado de primera categoría en Terminal y Olímpica, entre otros equipos.

“Si no lo encontraba comiendo, estaba durmiendo, yo lo sacaba de la casa, hasta agua le echaba para levantarlo. Yo le decía: tú vas a ser grande. Con esa altura que tenía había que echarlo para adelante”, añade el entrenador de 60 años de edad sobre el cátcher de 1,80 de estatura.

Los equipos Fundemar, Cardenales, Piratas, Leones, Gatos de Repelón, y tres selecciones Atlántico gozaron con el talento de Ángel Mauricio, que jugaba en la tercera base hasta que Mavárez le recomendó que se desempeñara como receptor.

Firmando el contrato que lo une a los Gigantes.

Apoyo familiar

Con la ayuda de sus padres, Mauricio Polo y Maryis Ruiz, de su padrastro Teobaldo Cassiani, y de sus hermanos, el jovencito se fue abriendo paso en el ambiente beisbolero del Atlántico.

“Como no teníamos la facilidad de comprarle cosas nuevas, tocaba comprarle guayos y manillas de segunda. Vendimos pasteles e hicimos rifas para poder apoyarlo”, recuerda su tío.

“Mi hermano le hizo un bate. No teníamos las condiciones para comprarle un buen bate. Hicimos muchos esfuerzos para apoyarlo. Yo me iba a otros pueblos a vender plátanos, su hermana trabajaba en casas de familia cuidando niños, toda la familia ha empujado para que él sea grandesligas”, dice su madre, Maryis Ruiz.

“Hoy gracias a Dios su primer sueño se hizo realidad y tiene la admiración de todos los repeloneros”, agrega.

Felicidad en el pueblo

A pesar de que Repelón tiene una reconocida tradición beisbolera, nunca antes un hijo formado en ese municipio ubicado en el suroccidente del Atlántico, a 86 kilómetros de Barranquilla (a hora y media en carro), había concretado la posibilidad de firmar por una organización de Las Mayores. ¿Por qué?

“Por la indisciplina”, sentencia Jesús Ávila Ortiz. “Cuando llegan a los 13 o 14 años, cambian el campo de béisbol por las casetas. El alcohol es el culpable. Afortunadamente Ángel es muy disciplinado”.

“Es la indisciplina y la falta de apoyo”, apunta Ángel Ruiz, el tío. “Repelón es una cuna de beisbolistas, pero el apoyo es escaso, siempre nos quedamos a medias en el proceso. Yo estuve con posibilidades de llegar a los Astros de Houston, pero uno es pobre, y al ver que mi mamá era la única que trabajaba, tenía que ayudarle. Para poder viajar a Cartagena a los tryout (pruebas) tenía que rebuscarme los pasajes vendiendo boletas (de rifa)”, explica.

Repelón tiene tres campos de béisbol, pero uno solo, el inaugurado en 2018, está en buenas condiciones. “Es un muy buen estadio”, asegura Mavárez.

“Acá se pierde mucho talento. Necesitamos implementos en el pueblo. Cuando yo jugaba los dos equipos usábamos los mismos guantes y bates”, dice el joven beisbolista.

De todas formas, contra viento y marea, Ángel Mauricio Polo Ruiz es un orgullo gigante para Repelón. Su firma fue un acontecimiento el viernes pasado. Todavía se sigue hablando de eso, algo que no le sube los humos al chico.

“Soy un joven sin problemas, siempre con una sonrisa en la cara, disciplinado y humilde. Nunca voy a cambiar”, promete. Así debe ser. La lucha por el sueño grande continúa.

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