Vaya desafío al que se ve abocado Leonel Álvarez, el técnico de la Selección Colombia. Que Falcao García y Teófilo Gutiérrez, los dos mejores goleadores del fútbol colombiano a nivel internacional de los últimos años, puedan convivir armoniosamente como la punta del iceberg del onceno nacional, y que sus condiciones se dupliquen y no se estorben.
Que sus goles se multipliquen para beneficio del seleccionado. No siempre ocurre así, a veces los argumentos futbolísticos se dejan envolver por la lógica deductiva, en donde las premisas pueden ser verdaderas (anotan muchos goles en sus equipos), pero, sin embargo, su conclusión ser falsa (no producen lo mismo juntos en la selección).
Un poco de azar que siempre merodea el juego, un poco de ego que supera el interés grupal, una táctica inflexible que no se adapta a ellos y unos compañeros que no les exprimen sus notables dotes, son algunas de las razones que pueden conspirar con ese propósito.
Pero tiene Leonel un punto de partida favorable: son diferentes. Y el fútbol, justamente, es agradecido con las diferencias. Es un espacio noble de tolerancia y acoge con beneplácito las disímiles particularidades de cada uno. Y por conveniencia también, porque en la diferencia de los jugadores radica la posibilidad de la complementariedad, requisito imprescindible en la formación de equipos.
Una buena idea sería acompañarlos con mediocampistas que se sientan más importantes en la distribución que en la definición. Y no de tantos delanteros que, como ellos, piensan más en el gol que en el juego.
Esta pareja me remite a Zamorano (Falcao) y Salas (Teófilo), los dos grandes goleadores chilenos.
Falcao asume todos los riesgos que supone vivir en el área rival. Aguza su instinto depredador cuando se acerca la última jugada. Sus neuronas, sus sentidos y sus músculos alcanzan la máxima atención y la máxima tensión para anticiparse o lanzarse, con los pies o de cabeza, para rematar al arco adversario. Todo un acto de potencia física. Y de fe.
Teófilo, en cambio, hace goles porque sabe jugar en equipo. Se asocia y participa en la fabricación de la jugada. No necesita estar siempre en el área para verse de cara con el arquero rival. Es un apasionado del gol, pero antepone su inteligencia colectiva.
Ambos se lanzan en paracaídas sin ningún temor. Teófilo lo revisa antes.
Sí, claro que sí pueden convivir.
Javier Castell López


























