El Heraldo
Opinión

Talentos no reconocidos

“Cualquier mujer puede ser glamorosa, basta con quedarse quieta y parecer estúpida”: Hedy Lamarr.

Después de años de discriminación, la historia se está reivindicando con la mujer. Se están divulgado obras que en su momento fueron pasadas por alto; el New York Times, en una sección llamada “Overlooked”, publica los obituarios que tantas merecieron en su momento; y se están haciendo documentales de maravillosas desconocidas cuyos aportes no recibieron los créditos que correspondían.

Uno de los casos que más me han llamado la atención es el de Hedy Lamarr, reportado en el documental dirigido por Alexandra Dean, periodista ganadora de un premio Emmy, titulado Bombshell: La historia de Hedy Lamarr, disponible en Netflix.

Lamarr nació en Viena, Austria, en el seno de una familia judía, y su verdadero nombre era Hedwig Eva Kiesler. Dejó la universidad para perseguir su sueño de actuar y fue la primera actriz en posar desnuda y fingir un orgasmo en la pantalla, hecho que fue condenado por Hitler, el Papa y la sociedad.

Logró escapar de las garras del nazismo —y de su primer matrimonio— cuando los alemanes ocuparon su país, inmigrando a los Estados Unidos y empezando de nuevo su carrera artística. Sus atributos físicos y su actuación la hicieron llamar “la mujer mas bella del mundo” durante la década de los 40 y 50, pero a pesar de su fama, nunca se le reconoció su verdadero talento, el intelectual.

Tal vez su atractivo físico y las convicciones machistas y patriarcales que predominaban en el momento la traicionaron. Su vida personal se vio afectada, y pasó por seis matrimonios, siendo manipulada por hombres tan poderosos como Louis B. Mayer. No era posible concebir que una mujer tan bella, que inspiró la cara de Blanca Nieves en Disney, fuese además inteligente. 

Pero la realidad es que lo fue, y en su tiempo libre, cuando su trabajo como actriz se lo permitía, se dedicó a hacer investigaciones en el campo de las comunicaciones, considerándose hoy en día como la precursora de la tecnología detrás de sistemas como el GPS, el Bluetooth y el Wifi.

Sin segundas intenciones y de la manera mas natural, Lamarr pasó muchas noches dedicada, en compañía del excéntrico compositor y músico George Antheil, a diseñar un sistema de comunicaciones de salto de frecuencia que posteriormente fue utilizado por los aliados para vencer el ejército nazi. Nunca recibió dinero por ello, y menos aún, el reconocimiento que merecía. Se le atribuyen además otros inventos como un collar luminoso para perros y un dispositivo para el baño de los discapacitados. 

Al final de su vida se convirtió en esclava de su propia belleza, sometiéndose a cirugías estéticas y pasando dificultades económicas. Murió sin saber que su invento se había evaluado en 6 millones de dólares. 

Esta historia, que si fuera ficción parecería imposible, representa un caso más de tantas mujeres cuyos aportes a la humanidad han sido ignorados o poco reconocidos dentro del sistema patriarcal. Esperemos que sigan saliendo a luz.

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