El Heraldo

De sueño americano a pesadilla

Es anhelo de la mayoría de los seres humanos, inserto en sus prioridades de vida, el poseer vivienda propia. Tener techo, a no dudarlo, produce en el seno del hogar tranquilidad, pues, en teoría, asegura una vejez apacible. Es, entonces, esencia, y culmen, del llamado sueño americano.

¿Hacia dónde voy?, ya les digo: a conjugar el boom inmobiliario que vive Barranquilla, con el considerable aumento en el avalúo catastral que esa reactivación implica, con el histórico apetito distrital de resolver déficits mediante tasas impositivas a la propiedad urbana, y con el tratamiento que países consecuentes, con el concepto de hogar, le han dado a situaciones similares.

Pretendo con ello que este artículo se convierta en humilde sugerencia, ojalá acogida por nuestras autoridades, así que ahí voy:

Antes de la crisis económica de 2008, la finca raíz en los Estados Unidos tuvo su esplendor matizado con visos de especulación lo que, guardadas proporciones, está ocurriendo hoy en la ciudad. Así los americanos vieron acrecentar su patrimonio representado en vivienda con múltiplos de 5 y hasta diez veces su valor y muchos, con ese fenómeno, ganaron. Sin embargo, el ciudadano del común, que vivía dignamente de sus ingresos y no de la especulación, que tenía su casa como solución de vivienda, que no de negocio, no vio incrementar sus ingresos por efectos de la valorización pero tampoco se afectó.

Una sociedad que valora la vivienda, como base del bienestar de la familia, le dio las herramientas, mediante un conjunto de leyes denominadas ‘Homestead’, para protegerla de cargas impositivas desequilibrantes ocasionadas por el incremento de su patrimonio en ese rubro.

Con ese sistema instaurado en varios estados, con las variaciones que la autonomía regional otorga, los residentes en la Florida, por ejemplo, con el registro de su vivienda primaria –no las adicionales, comerciales o vacacionales– no solo tienen una exención sobre parte del valor de su propiedad para la determinación de impuestos, sino que al calcular estos, no pueden incrementarse, su valor absoluto, en un porcentaje superior al índice inflacionario. ¡Ellos, con el boom, durmieron tranquilos!

Aquí la conjugación de sueño americano y boom se está convirtiendo en pesadilla: quienes al consultar, en la web, su avalúo encuentran incrementos de 30, 50, y hasta 100% de su anterior valor, e imaginando lo que será su predial se devanan los sesos pensando cuál prioridad de familia será desplazada.

Presuponen que un Distrito alcabalero, agobiado por la necesidad de ingresos, atacará inmisericordemente los hogares con impuestos de catastro, impagables, resultantes de aplicar las tasas aquí instauradas, sin antecedentes en ninguna ciudad del país, a los avalúos con incrementos patrimoniales de ‘papel’ que, per se, no generan ingreso adicional para subsistencia y menos para tributos.

La reactivación inmobiliaria no puede ser vehículo para que la Administración Distrital pretenda, con los efectos impositivos que  ella acarrearía, tapar el hueco generado por falencias pasadas, abriendo otra tronera que vulnera vitales cimientos ciudadanos y de familia. Ahí dejo la inquietud. ¡La Alcaldesa, Castaño y el Concejo tienen la palabra!

Por Ricardo Buitrago C.
ribu1951@yahoo.com
http://www.ricardobuitragoc.com

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