El Heraldo

Besos de hombre

Besarse era una epidemia en la Rusia de 1800. Hombres y mujeres se besaban a toda hora y por cualquier motivo. Un beso del zar, por ejemplo, se atesoraba como una elevada forma de reconocimiento social.

Muchos años después, en 1979, la foto del soviético Leonid Breznev saludando con beso profundo de boca a su homólogo alemán Erich Honecker le dio la vuelta al mundo. Para entonces era bien visto que los hombres soviéticos se besaran en la boca, para saludarse y honrarse. No sé qué habrán pensado de Honecker sus compatriotas pero, con la llegada del capitalismo a Rusia, sus habitantes importaron valores de Occidente y no ven hoy bien que se besen personas del mismo sexo.

En tiempos remotos, los hombres persas se daban besos en la boca y los besantes eran dignos de encomio si pertenecían al mismo nivel social. Hasta la segunda mitad del siglo IV a.C., los griegos solo permitían besos de boca entre padres e hijos, hermanos o amigos muy próximos.

En el Renacimiento, besarse en la boca era una forma de saludar muy común en sociedad. En varios estados de los Estados Unidos, hoy es normal que muchos padres saluden o despidan a sus hijos con besos en la boca. Los cantantes mexicanos Vicente y Alejandro Fernández, padre e hijo, han sido vistos numerosas veces besándose en la boca, por respeto y por cariño, dicen ellos.

Besarse es parte de la cultura italiana, que tiene en el rabioso beso de la muerte, boca a boca de un hombre a otro, la promesa de acabar muy pronto con la vida del besado. Asunto cultural. Entre los Ngá, una tribu africana del norte de Malawi, en el distrito Karonga, los hombres se saludan sacudiendo el pene del otro, por debajo del taparrabo. La costumbre recomienda dos sacudidas, con la opción de tres para demostrar un mayor aprecio o una cercanía familiar. Pero si a uno de los saludadores se le va la mano y da una cuarta sacudida al miembro del otro, le caerá encima la crítica y el peso moral de la tribu.

Las mujeres del mismo lugar se saludan con apretones de pecho y, cuando se encuentran un hombre y una mujer, el intercambio de sacudidas y apretones se activa de tal manera que, si se pasan de tres, demuestran sin duda un interés erótico del uno por el otro.

Cosa de costumbres. En mayo del 68 el amor libre garantizó en París los besos de boca entre amigos del mismo sexo, como signo de desobediencia.

Los tiempos cambian. Hace veinte años, Armando Maradona besó en la boca a su representante Guillermo Coppola en un programa de televisión y causó gran revuelo. “Un piquito con Coppola –dijo el futbolista– y por ahí la gente se queda con eso, nomás. No se dan cuenta de que somos hermanos”.

El beso entre hombres es hoy socialmente aceptado en Chile, Uruguay y Argentina. En cambio, en países como México y Colombia puede asociarse a la homosexualidad, excepto en los círculos artísticos, donde prevalece la tendencia a romper lo establecido.

Artistadas, dicen.

En este contexto, el machismo colombiano tambaleó en toda la estructura de su vergüenza, cuando el gran Poncho Zuleta dio un ‘pico’ de cariño en la boca a Silvestre Dangond, al cierre del último festival en Valledupar.    

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