La paz no es firmar un acuerdo entre dos facciones enemigas, a nombre de una sociedad o de una parte de ella. La paz no es cesar un conflicto expresado en disparos, bombas, muertos, heridos, secuestrados y desaparecidos. La paz no es confesar crímenes, pedir perdón por ellos, indemnizar a sus víctimas con dinero o con tierras. La paz no es pagar con 5 o con 8 o con 20 años de cárcel los delitos cometidos, o lograr librarse de los mecanismos –regulares o extraordinarios– de la justicia. La paz no es poder salir a la calle del pueblo o de la vereda sin temor a que los uniformados (con barbas o sin ellas) amenacen o intimiden o disparen. La paz no es librarse de las consecuencias violentas de escribir un artículo o una columna o un panfleto contra la persona o el grupo que sea. La paz no es votar sin un fusil en la esquina o en la nuca. La paz no es recuperar un pedazo de territorio y poder visitarlo, de noche o de día, en carro o en bus o en burro. La paz no es pronunciar discursos ante asambleas casi vacias de organismos internacionales. La paz no es dormir tranquilos porque hicimos la paz. La paz no es corroborar que los guerrilleros son ahora ciudadanos comunes que padecen el tráfico de la mañana y de la tarde. La paz no es disecar una paloma blanca y ponerla en el centro de la sala. La paz no es enseñar a los niños que antes nos matábamos pero que ahora ya no. La paz no es asumir la quietud de quienes ya lo consiguieron todo. La paz no es aprender a esquivar las otras balas. La paz no es erradicar minas y cultivos para que no mueran los de aquí y los de allá, y para recibir las gracias de los aquí y las felicitaciones de los de allá. La paz no son cifras de muertos disminuidas y cifras de inversiones aumentadas. La paz no es que un presidente pase a la historia ni que un ex presidente se quede solo, vociferando al viento. La paz no es tomar una foto en colores en la que los enemigos se estrechan las manos, mientras cada uno de ellos piensa que es el ganador de una triste contienda. La paz no es una bandera izada, ni una himno entonado con lágrimas de patria en las mejillas. La paz no son miles de cuartillas publicadas en periódicos, libros, informes, portales, redes sociales o servilletas sucias. La paz no es redistribuir el presupuesto nacional en desmedro de la defensa y en favor de la educación. La paz no es tener más tiempo para hablar de fútbol en los cocteles. La paz no es interrumpir la expedición de salvoconductos de armas para civiles. La paz no es abolir los esquemas de seguridad, con sus camionetas y sus motos y sus escoltas. La paz no es dedicarse a perseguir rateros en lugar de matar en combate a guerrilleros. La paz no es cambiar la selva y la montaña por los despachos y los capitolios. La paz no es acostumbrarse a que no hay guerra. La paz no es olvidar que hubo guerra. La paz no es pensar que no habrá más guerra. La paz no es creer que Colombia ya no es el infierno y que ahora es un retazo del Paraíso, despojado de intolerantes, de asesinos, de indolentes, de corruptos, de abusadores, de idiotas útiles e inútiles, de victimarios, de inmorales, de amorales, de ignorantes, de lagartos, de hampones, de quejumbrosos, de vendedores de humo, de mediocres, de malos imitadores, de acomplejados, de menesterosos, de humillados y de millones de amantes de la guerra.

La paz no es sólo la paz.

Jorgei13@hotmail.com