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La música y el baile ha sido fundamental en el proceso de sanación de las víctimas afrocolombianas.
fotos Corporacióncabildo.org y Josefina Villarreal
Colombia

La melodía de los negros ante el despojo de tierras en el Caribe

Raizales, afrocolombianos, palenqueros y negros exponen ante la Comisión de la Verdad la resistencia ante los métodos de la violencia en sus zonas.

“Ay, yo vengo de ahí, de los Montes de María. Ay, yo vengo de Chumbun, yo vengo de La Boquilla”, repite un coro de niñas afrocolombianas, que pertenecen a la Escuela de Tambores de Cabildo de La Boquilla (Cartagena), al tiempo que mueven sus caderas de un lado a otro y con las manos van llevando el ritmo de la tambora.

Una voz más madura les contesta: “Es una tierra linda. San Basilio en Palenque, San Basilio en Palenque, San Basilio en Palenque. San Basilio en Palenqueeee”.

Los pueblos afrocolombianos, negros, raizales y palenqueros en el Caribe han encontrado en la música una forma de resistencia y sanación ante los atropellos de los que han sido víctimas durante el conflicto armado, pero también desde épocas más remotas relacionadas con la conquista y el colonialismo.

Según Arturo Zea, coordinador de la macro Caribe de la Comisión de la Verdad, de las más de 125 mil solicitudes que ha registrado la Unidad de Restitución de Tierras 2.894 han sido presentadas por mujeres y hombres de las comunidades afrocolombianas. Siendo Bolívar el departamento con más denuncias de despojos, con 277 solicitudes de restitución; Cesar, con 70; La Guajira, con 33; y Atlántico, con 94.

“¿Dónde estará la tierra?”, se pregunta Cecilia, la cantante de Tambores de Cabildo de La Boquilla, durante el acto cultural del encuentro ‘Despojo de tierras y aguas en el Caribe colombiano: impacto en los cuerpos y resistencias en la población negra, afrocolombiana, raizal y palenquera’, que organizó la Comisión de la Verdad.

 Con su mano derecha recoge parte de su vestido, se encorva un poco para prepararse a bailar el ritmo que su canto le va marcando y con la mano izquierda sostiene el micrófono en el que amplifica la resistencia de su pueblo.

“Al ritmo del bullerengue senta’o se cantan los lamentos y al ritmo del sexteto se baila arrecosta’o”, canta con una sonrisa grande que le cierra los ojos.

“La música ha sido una punta de lanza, la conductora de que hayamos podido disminuir esas afectaciones que hemos tenido. El sonido de la tambora ha sido sanador. (…) La canoa, la atarraya, la música, el folklor, las artesanías y las prácticas ancestrales nos liberan y nos ayudan a sanar las heridas”, manifesta Ana Rocío Jiménez Solano, etnoeducadora negra.

Niños y niñas tocan instrumentos en la escuela Cabildo.

La reducción de la tierra

Un 5 de abril, Primitivo Pérez Herazo, líder de La Bonga, lo único que se llevó con él fue el miedo de saber que si no desocupaba su tierra en 48 horas podrían matarlo. Ese fue el mensaje que le llegó por parte de paramilitares.

 

“Por más de dos años estuve sin cultivar en La Bonga, la vía por donde sacábamos la cosecha en vehículo se nos dañó y hoy hay que sacarla a lomo de burro”, refiere Pérez sentado en la terraza de su casa.

Pedro Rosa, líder de la subregión del caribe conocida como los Montes de María, también testifica ante la Comisión de la Verdad los eventos de despojo de tierra y agua que han tenido que afrontar.

“Los Montes de María es una zona que ha tenido muchas problemáticas como el desplazamiento forzado, las masacres, las amenazas, y lo último fueron los despojos por compras masivas de tierras”, expresa el líder comunal.

La propuesta masiva de compra de tierras ha sacado del territorio a las comunidades afrocolombianas de esta zona del caribe, que se encuentra sumida en la pobreza tras los múltiples sucesos de violencia que les ha tocado vivir.

“Nos siguen haciendo ofertas, pero nos hemos mantenido en el territorio y hemos venido haciendo actividades jurídicas por el derecho rural”, asegura Pedro Rosa.

El antropólogo palenquero Jesús Pérez indica que para 1813 los palenqueros ocupaban un vasto territorio cerca al Canal del Dique y en las faldas de los Montes de María. Sin embargo, precisó que la reducción de la tierra ha llegado a  las 7.300 hectáreas.

“Al mantenerse en los territorios, los palenqueros decidieron fortalecer la estrategia de no copar toda la extensión de la tierra. Con el tiempo, además llegaron nuevas comunidades que iban sumando a la reducción del territorio, así como la industrialización de algunas zonas”, explica el experto.

Métodos de despojos

Rafael Alvin Archbold, abogado raizal, enumeró algunos de los métodos más frecuentes de despojo de tierra y agua de las comunidades raizales. Recordó que en 1912 el Congreso expidió una ley que decía que todo aquel que tuviese deudas con el fisco y su familia fuese mayor a cinco miembros se le invitaba a abordar uno de los barcos de la Armada Nacional para llegar a colombianizar el territorio étnico raizal. “Parece un cuento, pero es la realidad, eso está en los anales de la historia”.

 

Así mismo, resalta un incendio que hubo en la década de los 60 y tras ocurrir este se perdieron los títulos de dominio de la tierra que estaba en poder de los raizales.

Archbold añade que después, con los años, los métodos de despojo se volvieron más sutiles. “Pasaron a las solicitudes y la comunidad raizal entregó hectáreas de sus tierras a instituciones del Estado como el seguro social, la Telecom, entre otros. Y cuando estas empresas se fueron de la isla de San Andrés, en vez de devolverle esas tierras a la comunidad terminaron, por fuerza jurídica, en manos de terceros que incluso han terminado vendiendo y revendiendo”. 

La lucha por las aguas. La lucha de los pueblos negros, afrocolombianos, palenqueros y raizales no solo ha sido por la tenencia de la tierra, sino también por la del agua. La gran mayoría de personas de estas comunidades se dedican a la pesca, por ello el despojo de estas zonas humedales los privan de los modos de subsistencia.

“La médula real del territorio para los raizales es el mar y lo hemos perdido. Con la colombianización del territorio han ido sustrayendo las zonas marítimas”, afirma el abogado Archbold.

Otra de las formas de despojo de la identidad raizal con el mar es el cambio de las dinámicas en el agua.

Un pescador raizal, que no quiso identificarse, mirando hacia el mar de la isla dice: “El pescador es estigmatizado, hacen muchas requisas como si nosotros fuésemos los narcotraficantes, al que trafica no lo molestan, pero al pescador sí. La ley de los pescadores es que tú no dejas a un compañero solo en el mar, pero la ley que se han inventado es que si a alguno de nosotros se le remolca el bote mar adentro, hay que dejarlo ahí y es el guardacostas es el que debe remover la embarcación. Es como si el narcotráfico siguiera en la isla”.

La pobreza. Cecilia, la cantante, da unas cuantas vueltas al ritmo del bullerengue que está sonando y  cita: “Yo vengo de una tierra fértil, donde se trabaja duro, donde falta la plata, pero se goza como ninguno”.

El despojo, los múltiples desplazamientos de personas palenqueras, raizales y negras han dejado como huella la pobreza en la vida de estas comunidades. De manera histórica, se les ha negado mejores condiciones de vida.

“El tener poco territorio para producir ha traído como consecuencia que no se tengan las condiciones necesarias de vida del campesinado. El tema del desplazamiento de las veredas conllevó que salieran de zonas productivas que hoy están abandonadas”, indica el antropólogo Jesús Pérez.

Los raizales no solo luchan por la tierra, sino por el agua.

Resistencia

La etnoeducadora Ana Jiménez manifiesta que en medio de los lamentos, de los actos de violencia y del despojo ha sobrevivido la identidad cultural.

“Los saberes ancestrales como los cantos y la música han sido el bálsamo sanador que levantan a las comunidades negras. Hemos podido recoger los pedazos para remendar el alma rota”, expresa a través de una pantalla en su casa en el Cesar, donde vive tras haber sido desplazada por el conflicto armado desde el Magdalena.

La resistencia, según menciona, es el término más apropiado para describir a las comunidades negras. “En medio de los embates de los tiempos, desde la época de la colonia, no hemos hecho otra cosa que resistir”.

Resalta que pese al despojo y a los intentos del Estado y de los actores armados por arrancarles la identidad cultural, han resistido para que los intangibles que caracterizan a la población negra sigan en la memoria de sus pueblos.

Los golpes de la tambora han sido la respuesta de estas comunidades ante la violencia. A través de los cantos y la música se niegan a olvidar sus lamentos y denuncian las precariedades en las que por años han estado sumidos los afrocolombianos, negros, raizales y palenqueros.

 “El pescador habla con la luuuna, el pescador habla con la playa, el pescador no tiene fortunaaa, solo su atarraya”, canta la etnoeducadora haciendo un homenaje a su pueblo que en medio de las precariedades históricas lucha por mantenerse vestido de colores, con pronunciadas sonrisas y con cánticos y sonidos que denuncian la crueldad de la guerra en sus territorios.

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