El Heraldo
David empezó a trabajar en su empresa a los 17 años y a la vez estudiaba Negocios Internacionales.
Orlando Amador Rosales
Centennials

De un negocio adolescente a una empresa con sabor a brownie y hamburguesa

A sus 17 años David Ricardo Abello comenzó un negocio con una prima que con el tiempo pasó de comercializar por Instagram a puntos fijos.

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El  emprendimiento que David Ricardo Abello montó a los 17 años pasó de ser una cuenta de Instagram de brownies a domicilio a una empresa consolidada en tan solo seis años. Junto a su prima creó Topping Brownies y desde ese momento se dedicó a trabajar por el crecimiento de lo que se convirtió en su proyecto de vida. 

David estudiaba y trabaja al mismo tiempo. Cuando no estaba en clases se encargaba de adelantar las compras necesarias para el negocio familiar o contestar los pedidos por Whatsapp de los clientes, varias veces lo hizo incluso estando en clases y se llevó uno que otro llamado de atención de sus profesores. 

“Era un poco pesado porque estaba desde las 7 de la mañana hasta las 9 de la noche en clase o trabajando”, recuerda David. Aún así, este barranquillero encontraba la forma de cumplir con todo, pues el emprendimiento “cada vez era más conocido y los pedidos aumentaban”. Según él, todo esto se dio “gracias a la visibilización que tenían por las estrategias en redes sociales”. Esto le sirvió de impulso para ir más allá de la virtualidad y tener su primer punto de ventas.

Sin embargo, el negocio familiar solamente funcionó al principio, cuando trabajaban desde la casa, ya que su prima “desistió a último minuto” de participar en la inversión de ese primer local. David cree que quizá “el miedo a fracasar” siendo tan jóvenes fue lo que hizo que ella “se echara para atrás” con la idea de un punto físico. 

“Nosotros habíamos cotizado equipos y avanzando en el proyecto entonces me tocó buscar una persona externa con la cual compartiera el riesgo conmigo porque no quería hacer la inversión yo solo. Busqué a un amigo que había estudiado conmigo en el colegio y aceptó”.

Aún así llegaron a un acuerdo con su prima y  seguían trabajando juntos. Pero, cuando las ventas comenzaron a crecer en la isla, los domicilios se vieron opacados porque “la gente reconocía el punto físico e iba a comprar allá”. Así que tomaron una decisión, pues “era complicado hacer crecer al tiempo dos negocios de la misma marca”. 

“Llegamos a un acuerdo monetario, ella se quedó con las redes sociales, que en ese momento eran parte fundamental pues todo lo vendíamos por ahí y teníamos casi 40 mil seguidores, mantuvo su idea de negocio y yo me quedé con el nombre de la marca”. 

En 2015, junto a su nuevo socio,Octavio Mendoza, abrió la isla dentro de un restaurante que con el paso del tiempo no le fue muy bien. A pesar de que su marca sí generaba ingresos y ampliaron la oferta gastronómica con más postres, no era suficiente para mantener el local que tuvo que cerrar sus puertas, incluyendo la de la isla.

“Fue un momento difícil para nosotros porque era nuestro único punto de venta abierto, pero también fue una oportunidad para buscar uno nuevo y así fue como en 2018 se nos dio la oportunidad de abrir en el Centro Comercial Portal del Prado”. 

David cuenta que la persona que los ayudó a entrar al centro comercial fue Víctor Támara, el esposo de su hermana, que, con el tiempo, se convirtió en el tercer socio de la marca. 

“Víctor fue pieza clave” para guiarlos en el proceso, pues ellos apenas tenían 19 años y él “sabía cómo funcionaban las cosas” gracias a su experiencia en el manejo de restaurantes. 

La “buena acogida por parte de la gente” les permitió seguir soñando en grande y casi un año después abrieron su segundo local en el Centro Comercial Viva, en el norte de la ciudad. 

“Después de dos años y medio de estar en el Portal y un año y medio en el Viva, vimos que la marca cogía fuerza y que la reconocían, entonces se nos ocurrió la idea de sacar la marca bajo el mismo nombre (Topping) y crear Topping Burgers”. 

 

David posa en uno de sus restaurantes en el norte de la ciudad. Orlando Amador Rosales

Lo crearon como una cocina oculta que entregaba los pedidos a domicilio, pero se entusiasmaron tanto con el local, que utilizaron la terraza que este traía para ubicar inicialmente ocho mesas que, con el tiempo, se quedaron cortas ante tanta demanda de clientes. 

“No queríamos tomarnos esa buena acogida tan optimista porque era poco tiempo y así como sube en cualquier momento puede bajar, entonces no queríamos apresurarnos a hacer una inversión en otro punto mucho más grande, pero un día vi un lugar y averigüé el precio del arriendo, fuimos a verlo, nos gustó y desde ahí comenzamos a trabajar en el otro punto”. 

A principios del 2020 pensaron en abrir otro local, pero no llegaron a un acuerdo y desistieron de la idea. David lo agradece, pues en marzo comenzó el encierro por el coronavirus y luego, durante seis meses, tuvieron que cerrar obligatoriamente por la cuarentena. 

“Entrar en ese momento hubiese sido difícil para la marca porque a pesar de que hubo alivios por parte de los arrendatarios, teníamos que pagar nóminas y por más que vendas mucho a domicilio, no da para sostener el arriendo en esta zona y 33 empleados que tenemos en nómina”. 

Para él, “lo más difícil de un negocio es arriesgarse para darse cuenta que en verdad funcionará”. David considera que el éxito del posicionamiento de su empresa se debe porque “siempre velan por la satisfacción de sus clientes”, pues lo que “riega la bola de una buena marca, más que la publicidad”, son ellos. 

Actualmente es el gerente operativo y se encarga de corroborar que todo funcione correctamente, pero antes ha tenido que asumir diversos cargos dentro de la empresa. Ha sido mesero, administrador, asesor de servicio al cliente, entre otros. Para él, este negocio “no hubiese sido posible sin el trabajo en equipo” tanto de sus socios como de sus empleados. Juntos esperan consolidar la empresa administrativamente y a largo plazo expandir sus locales, incluso a nivel regional. 

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