El Heraldo
Charlie Cordero
Entretenimiento

Red de tamboreras toca por la inclusión

Un grupo de mujeres se reúnen todos los domingos, en distintos puntos de Barranquilla, para aprender del instrumento y difunden el proceso a través de redes sociales.

El cuero de los tambores resuena en medio de la zona verde de la Plaza de la Paz. Allí, un grupo de mujeres ejecuta con seguridad tamboras y sus golpes  les sacan música a varios alegres. Los transeúntes se detienen a mirar y escuchar el son de un ritmo de gaita o de bullerengue. Es un cuadro poco común y se trata de la primera red de tamboreras del Caribe, una comunidad de aprendizaje de mujeres alrededor del tambor, que se expande a las redes sociales.   

“A cuenta de tres repetimos el inicio y luego vienen los solos”, dice en voz alta  Jennifer Meza –conocida como Jenn Tambó en el ámbito folclórico–. Ella hace el conteo  y al instante suenan los golpes sincronizados de cada tambor, una música nutrida por las historias de las  mujeres que buscan explorar y ocupar un lugar que ha sido tradicionalmente del hombre en el folclor  Caribe. 

Alma de tamborera

Jennifer Meza es quien lidera el proceso de la red que inició en Barranquilla en enero de este año, como resultado del creciente interés que le manifestaron otras mujeres por aprender a ejecutar el instrumento. Un interés que se incrementó cuando Jenn obtuvo el triunfo como la mejor intérprete del tambor alegre, o tambor hembra, en la XXVII edición del Festival Nacional de Gaitas, de Ovejas, Sucre, en 2011 y se convirtió en la primera mujer que gana en esa modalidad, en la historia del evento folclórico.

Sin embargo, antes de domar el tambor con la fuerza y el talento que hoy despliega, Jenn aprendió en un escenario adverso en su ciudad natal, Barrancabermeja, Santander, en el año 1998.

“Era una época de mucha violencia, asesinatos y desplazamientos en Barrancabermeja porque los paramilitares y la guerrilla se disputaban el teritorio. En ese entonces yo tenía 10 años”, relata y recuerda que frente a su casa estaba un centro de la OFP (Organización Femenina Popular) donde dictaban clases de música y de percusión.

“Yo espiaba las clases que eran solo para hombres porque decían que las mujeres no podían tocar y poco a poco fui desarrollando la parte auditiva y la memoria musical”, cuenta la tamborera quien, pese a las heridas en las manos y las llagas por los golpes contra los materiales rústicos, convirtió al tambor en su vocación, una tabla de salvación en tiempos de guerra. Por ese  mismo instrumento generó puentes con Barranquilla.

Tamboreras de la Arenosa

“Mamá tambó, mamá tambó...”, entona Grace Lazcano –conocida como Orito Cantora– el estribillo antes de darle paso al nuevo repique de tambores bajo la sombra de los árboles de la plaza de la Paz. Ella fue el puente que conectó a Jenn con la ciudad y juntas se embarcaron en la iniciativa de la red. Orito, quien no es ajena a este instrumento, recién lo explora con sus propias manos y comparte sus propios conocimientos.

“No es un grupo musical, es una red para crear tejido social y trabajamos bajo la filosofía de la equidad, que una mujer puede desarrollar cualquier talento más allá de las limitaciones culturales”.

El ensayo de los domingos es itinerante, puede salir al parque, instalarse en el sótano de un edificio o en la sala de la casa de cualquiera de las veinte integrantes de la red. Pero la experiencia trasciende el espacio físico y se está consolidando en el escenario virtual, donde a través de unos  breves tutoriales las tamboreras comparten extractos de los conocimientos adquiridos en el proceso. 

Para Leidys Camargo, de 43 años, quien es integrante del Conjunto Tradición, la red es un proyecto que aporta al fortalecimiento de la mujer en estos espacios del folclor.

“La percusión siempre había estado para los hombres, las mujeres estábamos a un ladito, haciendo coros o cantábamos. Este es un espacio en que todas nos podemos expresar”, cometa Camargo quien es cantante, pero su mayor pasión es la tambora.

Para ingresar a la red solo es necesario que cada mujer tenga su propio tambor y algunos provienen de Ovejas, Sucre, fabricados por Goyo Órtiz, quien mira con buenos ojos el proceso.

“La música de gaitas es sobre todo hecha por nosotros, por los hombres; y las mujeres se han visto un poco relegadas. Es como un relevo de una nueva generación que ayuda a que la tradición perdure”, comenta Órtiz quien afirma que las principales características de un buen percusionista, sea hombre o mujer, es el conocimiento sobre la música que va a interpretar.

“Deben dominar las bases de los ritmos, ya sea de gaita, porro o bullerengue para poder ejecutar bien el instrumento”, señala.

La mujer en el folclor

La socióloga Diana Rodriguez explica que dentro en folclor siempre ha existido una delimitación de roles femeninos y masculinos dentro de la ejecución de los  instrumentos que se ha ido diversificando por el contexto actual.

“Ahora hay hombres cantadores, que es un rol que ha ocupado tradicionalmente la mujer”, explica. 

En cuanto al arraigo de la figura del hombre al tambor señala que tiene que ver con las condiciones físicas como la fuerza, lo rústico; sin embargo dentro de la concepción de cada instrumento también es recurrente la delimitación de macho o hembra. “Como es el caso de los  tipos de gaita y también los tipos de tambor. Generalmente es la hembra la que más habla y frasea dentro de la música folclórica, reconociendo la importancia y el aporte femenino al folclor”.

Para Jenn Tambó el proceso no quiere encasillarse en  una etiqueta feminista, pero busca generar un espacio para que las mujeres puedan desarrollar ese talento a veces sesgado por los roles de la tradición.

“La intención es generar diálogos, encuentros entre muchas mujeres y expandir la iniciativa en el departamento del Atlántico y en Colombia, que muchas otras se animen a explorar la vida y la fuerza musical de un tambor”.  

Tambor alegre

El tambor alegre, mayor o quitambre es un instrumento de origen africano pero se utiliza en los conjuntos de música tradicional de los departamentos de Bolívar, Cesar, Atlántico y Sucre. Se ejecuta por percusión directa con las manos para los ritmos del bullerengue, fandango, porro y cumbia; y con bolillos para el ritmo del cabildo. Este tambor tiene forma de cono truncado, de unos 70 cm de alto, unos 28 de diámetro superior y 25 de diámetro inferior.

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