Ni negacionismo, ni actitudes reactivas que ponen el foco en el otro para desviarlo del propio, ni tampoco uso de poder para ocultar sinvergüencerías que no son exclusivas de un partido, institución o entidad en particular. Manzanas podridas encontramos por todas partes. Los controles internos fallan por doquier a la hora de identificar, frenar y erradicar la corrupción, haciendo de ella un arma de destrucción masiva que erosiona la credibilidad y la confianza de los ciudadanos en el Estado, los gobiernos y su clase política. El resultado es un absoluto desencanto que solo podrá revertirse con el regreso de la responsabilidad del propio deber para que cada dirigente tome la decisión de perfeccionarse.
El secretario de Transparencia, Andrés Idárraga, presentó el primer mapa de la impunidad en Colombia. El 94 % de las denuncias entre 2010 y 2023 quedaron impunes en el país.
El secretario de Transparencia de la Presidencia de la República aseguró que en Soledad existen cuatro casos relevantes de corrupción que han quedado en el aire.
Si alguien está capitalizando las flaquezas de la institucionalidad, bien sea de autoridades locales, policías o jueces desbordados por el avance criminal, son los mismos bandidos que se sienten blindados por la rampante impunidad, cuando no por la corrupción, complicidad o connivencia con un puñado de integrantes de la fuerza pública. Casos abundan, por cierto. No nos llamemos a engaños. Ellos saben bien quiénes son y lo qué hacen. Llegados a este punto la cuestión exige reconocer que cómo vamos, vamos mal.
Este miércoles se cumplen tres décadas desde que Carlos Lajud Catalán recibiera varios impactos de bala en la carrera 46 con calle 74, al parecer, 'por decir la verdad'.