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Orlando Amador Rosales
Sin photoshop

"Vivir para servir”, un proyecto que se lleva a los hechos

Este barranquillero regresó a su ciudad para trabajar por personas que viven en la pobreza absoluta, en barrios como La Bendición de Dios. 

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Abraham Olaya regresó a Barranquilla para trabajar por las personas menos favorecidas. El joven de 26 años creció en Estados Unidos, pero hace seis vive en su tierra natal, pues sus padres querían “estar más cerca” de su familia. Es politólogo de profesión y desde hace cuatro años se dedica a “conocer la realidad” de La Arenosa. 

Lo hace recorriendo sus calles y adentrándose en aquellos barrios donde “más veía necesidades” como a La Bendición de Dios y La Loma, sectores en los que la mayoría de sus habitantes viven en casas de tablas y rodeados de desechos. 

“Al principio no sabía realmente cómo hacerlo, ni cómo articularlo porque una persona es poca para ayudar a muchas, pero decidí que tenía el tiempo, las ganas, la voluntad y  la energía para hacerlo”. 

Empezó limpiando arroyos de barrios como Siape, Tres Avemarías y El Bosque. Siguió con el mercado público y se adentró en la cotidianidad de los  comerciantes, vendedores ambulantes y habitantes de calle. Para él, lo primordial es “conocer la realidad” de la ciudad y generar empatía con sus habitantes, y así saber cómo puede “dar un mejor porvenir” a las personas que ayuda.

Y no ha parado. Durante la pandemia llevó tapabocas, mercados, elementos de aseo, ropa y almuerzos a familias y personas necesitadas. Lo hizo en Barranquilla y su área metropolitana, también llegó a Magdalena y a Bolívar. 

Revela que en varias ocasiones “tuvo que dormir por fuera de su casa” para proteger a su familia del coronavirus pues, aunque se hacía pruebas constantes para conocer su estado de salud,  nunca estuvo en cuarentena.

Su proyecto de vida se llama “Vivir para servir” y asegura que “todo lo hace bajo ese lema” porque su misión en la vida viene de “un propósito mayor que cualquier circunstancia” y es servir al prójimo. 

Agradece la ayuda de todo aquel que “aporta desde su corazón”, sobre todo a aquellos que se suman luego de conocer su labor a través de las redes sociales. Entre ellos resalta a Carlos De Caro, el empresario que “más lo apoyó” en la recolección y entrega de juguetes durante la época navideña.

En enero de 2021 comenzará su proyecto “Inglés a tu barrio” en el que le dictará clases a 20 niños de Rebolo  durante cinco meses para que alcancen el nivel A1 que, en este idioma, es el básico.

Me confieso

Para mí es muy importante entender que las personas no se les enseña a través de las palabras sino a través de los actos. De lo que tú vayas a hacer y de lo que estés dispuesto a sacrificar. Nadie va a creer en ti si tú nada más estás hablando y promulgando cosas, lo harán cuando realmente te vean haciendo algo por ello.

P.

Después de conocer de frente muchas de las problemáticas que existen en la ciudad ¿qué se necesita fortalecer con urgencia?

R.

Hace falta inversión cultural y social, principalmente en la educación. Es lo que más veo en jóvenes que me dicen —tengo ganas de estudiar, pero no tengo los métodos—. Por ejemplo, los que conocí en la cárcel El Bosque son muy talentosos, son personas que tienen mucho que ofrecer a nuestra ciudad en diferentes ámbitos artísticos y empresariales. Son personas con grandes ideas.

P.

¿Qué actividades hizo durante este año?

R.

Hemos entregado mercados, ropa y elementos de aseo a cualquier rincón que puedo llegar a suplir una necesidad, sobre todo en los barrios más vulnerables como La loma, La Bendición de Dios, El bosque, La Playa y Las Flores.  También, junto a un amigo, viajamos a Tasajera (Magdalena), a llevar ayudas el día siguiente de la tragedia. Allá entregamos 150 mercados, tapabocas, insumos médicos y mercados. Luego volvimos con una brigada de salud para toda la población que estaba allí y que nunca se había hecho un chequeo médico. 

P.

¿No le ha dado miedo contagiarse de Covid-19?

R.

No. Desde que empecé me he cuidado y en mis visitas hago pedagogía y socialización del debido uso del tapabocas. Pero cuando conoces la realidad de esas personas, que tienen que elegir entre comer y comprar uno, entiendes que atacar el problema es brindarle a estas personas un acceso a una asistencia para que puedan suplir sus necesidades y después pensar en cuidarse.

P.

¿Qué ha sido lo más duro de conocer en cada una de las visitas que ha hecho?

R.

Es duro saber que en esta ciudad, que se cataloga por el progreso, todavía hay personas que viven en casas de tablas y con las peores necesidades, donde no hay uno, sino muchos niños desnudos o que tienen la ropa rasgada. Tampoco tienen acceso a derechos básicos como el agua o la electricidad y que la misma gente me dice —vivo en una casa de tablas porque no tengo para más—. Me sorprende que en Barranquilla existan esas realidades y que la gente no lo sepa. 

P.

¿Cómo lidiar con las personas que siempre le ponen un ‘pero’ a las ayudas?

R.

La mayoría de personas se la pasan criticando, pero solamente acrecientan el problema y no aportan a una sola solución, a nada. Nadie dice —yo llevo comida o hago tal cosa—. Son críticos de sillón que no están dispuestos a levantarse y hacer algo, y como siempre digo, un líder debe guiar a través del ejemplo. Lo que no estás dispuesto a hacer, nadie va a hacerlo por ti.

P.

¿En algún momento sintió miedo al visitar esas zonas catalogadas como ‘inseguras’?

R.

No, en ningún momento me sentí amenazado o que mi vida estuviera en peligro. Aunque la mayoría de personas a las que contacté para poder entrar, por ejemplo a La Bendición de Dios,  me dijeron —allá nadie puede ir porque eso está controlado por bandas criminales y te puede pasar algo malo—, yo tomé un taxi y toqué puertas. Estando allá, un líder me recibió, me contó su pasado, me explicó las dinámicas del barrio y conocí gente humilde, trabajadora y honesta que quiere salir adelante y que requiere de oportunidades. 

P.

¿Cómo combinar su profesión como politólogo y esta labor social?

R.

Quiero formarme para lograr cambiar tantas cosas en este país en el que veo que se necesita reforzar  el acompañamiento social, la educación y el sistema de salud.

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