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El despertar de una docente luego de una cirugía a corazón abierto

La barranquillera Michelle Escorcia encontró su amor por la escritura luego de padecer insuficiencia en su válvula mitral.

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Algo sucedía. En 2014 los ahogos recurrentes y el dolor intenso en la parte baja del seno derecho enviaban señalas diáfanas de que algo no iba bien dentro del cuerpo de la barranquillera Michelle Escorcia, de 49 años. Luego, en julio del mismo año, al asistir a un programa de inmersión en San Andrés Islas por parte del Ministerio de Educación, embarcada en el avión para su retorno, otro indicio se presentaba: Michelle se había desplomado.

“Hasta ese momento todavía no visionaba lo que se me venía. Pasó ese año y yo continuaba presentando las molestias en mi cuerpo, pero seguía sin prestarle mayor atención. En febrero de 2015 los ahogos fueron más frecuentes, hasta subir las escaleras de mi casa me resultaba muy difícil. Recuerdo que el 23 de febrero, día de mi cumpleaños, sentí que el aire era muy escaso, así que fui a la clínica y me practicaron algunos estudios”.

El 28 del mismo mes, ad portas a practicarse un cateterismo, experimentó cómo su corazón se iba apagando y no podía controlar sus esfínteres. Frente a esto fue trasladada a urgencias e ingresada al quirófano donde lograron reanimarla. Acto seguido le realizaron estudios más profundos que determinaron su diagnóstico con exactitud.

El 7 de mayo volvió al quirófano para ser intervenida, pues presentaba insuficiencia mitral severa. Fue ahí cuando su chip mental cambió, justo cuando se encontraba tendida en una camilla, con una incisión quirúrgica en su esternón, necesaria para el reemplazo de su válvula por una mecánica.

“Fue un despertar rotundo, después de todo ese proceso que viví encontré unas posibles respuestas que estaban relacionadas con una parte mística-espiritual (...) Los médicos dicen que mi enfermedad la pudo ocasionar alguna fiebre reumática, pero yo siempre fui una mujer sana y tampoco tengo familiares que hayan presentado problemas cardiacos”.

Tocó fondo cuando sintió que su vida colgaba en un hilo. Así que antes de que sus latidos se apagaran tomó consciencia de todo aquello que había perdido durante su existencia, implorando una segunda oportunidad. Luego, ya despierta, la depresión tocó a su puerta, enfrentándose a una nueva lucha.

“Yo no aceptaba mi condición. Pensaba en todo lo que acarreaba, en los cuidados que debía seguir de por vida y me resistía a ello. Tuve días fuertes. Básicamente me ponía a pensar en todos los planes que se me iban a venir abajo, como era el caso de aprovechar una beca para mi maestría que había ganado, así como continuar con mis labores. Todo esto confluyó y fue muy difícil no caer en una fuerte depresión”.

En medio de ese trance circunstancial no paró. Se refugió en la lectura, específicamente en textos de superación personal, en los que encontró las respuestas para entender todo lo que se le había sumado. Manifiesta que en su estado de convalecencia fue vital hallar el libro ‘Cambia tu vida sanando tu mente”, de la autoría de Louise Hay, pues resultó siendo como “bálsamo para sus heridas”.

“A mí llegaron muchos libros que me fueron edificando y me hicieron entender muchas cosas. También empecé a leer sobre biodescodificación y bioneuroemoción. Fue como empezar un camino de espiritualidad durante tres años porque cambié muchas creencias y paradigmas; también encontré mis respuestas”.

Como “respuestas” —según cuenta— obtuvo que toda enfermedad llega para traernos una lección, como, por ejemplo, pasar más tiempo con la familia, amarse más, respetarse y autovalorarse, así como apreciar la vida y cada segundo de lo que se es y de lo que se tiene. A su vez aprendió a que si hoy día parte de La Tierra se irá “con las manos llenas”.

Michelle, que es docente de inglés de la Institución Técnica Sagrado Corazón, ubicada en Soledad (Atlántico), agrega que morir le significaba algunos miedos relacionados con hallarse “al otro lado” y “no encontrar nada” porque su vida antes del suceso “era vacía”. Al analizar su existencia podía deducir que “no había hecho nada” por ella, y no había tenido el momento para darse ese espacio en el que pudiera valorar lo que en esencia es como mujer.

Hoy día sigue respirando y suspirando, creyendo con convicción que en su vida ha tenido una segunda oportunidad para encontrar su misión y propósito. Las enseñanzas que ha obtenido en su proceso han sido contundentes, así que no vacila en dirigirse a las personas para enviar un mensaje.

“No hay que estar al borde de la muerte para empezar a valorar la vida y apreciar lo que Dios, o como quieran llamarle, les ha dado. Los afanes del mundo nos introducen en lo banal y dejamos de preocuparnos por nosotros mismos, y de agradecer todo aquello que se nos ha dado. Hoy sé  que detrás de cualquier crisis, enfermedad o problema, hay una lección que aprender”.

Tiene claro que llegó al mundo para ser feliz, pese a las dificultades que se le puedan presentar en el camino. Ha aprendido a valorar lo que tiene, así que no menosprecia lo que se le ha dado. Se considera que es espiritual más no religiosa, y amante de lo que la vida misma le brinda. Su estilo de vida es otra y ha aprendido a comer lo que verdaderamente es alimento para su cuerpo.

Este suceso fortuito ha sido, como ella le ha llamado durante la entrevista, “una bendición”. Estar en cama y padecer de depresión la fue llevando a encontrar una pasión que estaba escondida: las letras.

En su descubrir, y como método de desahogo y de catarsis, Michelle halló en la escritura un medio para contar su experiencia, misma que ha sido relatada al inicio de este escrito. Para ello inició creando el blog ATM (A Tu Manera) 2015, por medio del cual plasmó su inspiración y vivencia en 10 capítulos.

“Luego de eso pensé que podía trasladar lo de mi blog a un libro, el cual lo gesté durante un año, con mis propios recursos. Ya había leído suficiente y contaba con mucho material para mostrar cómo ser feliz, cómo, a pesar de lo que viví, lo pude superar. Primero lo llamé ‘Despertándome de la oscuridad a la luz’, que fue dedicado para mis amigos y compañeros de trabajo, con el fin de que conocieran a fondo mi experiencia. Después, al escuchar que había gustado, decidí que debía internacionalizarlo y pulirlo; para ello me codeé con una mentora que le hizo algunos ajustes, cambiándole el nombre, pero reservando el mismo contenido. En la actualidad el libro se titula como ‘Al borde de la muerte valoré la vida” y su propósito es llegar a traducirlo al inglés.

Agrega que su publicación está disponible en Amazon.com. También —dice— está en versión digital y física.

Durante la pandemia Michelle ha seguido creando. Manifiesta que solo tres días fueron suficientes para “dar a luz” otro libro llamado ‘La cuarentena que no tuvo 40 días’, un texto que, para ella, es un manual de “cómo sacar el máximo provecho en época de pandemia, de manera personal”.

De momento se encuentra incursionando en la escritura de cuentos, un proyecto que sigue en remojo y que, según cuenta, saldrá prontamente al mercado. Por medio de este busca trabajar la ficción y no ficción, enmarcándolo siempre en experiencias propias.

“Si bien soy nueva en las letras creo que mi misión es dejar un legado y brindarle a la humanidad el mensaje de que sí se puede ser feliz con lo que se tiene. Es necesario educarse en el ser, dejar de ser tóxico, huirle a los chismes, codearte con gente que te ayude a crecer, y siempre tener en cuenta que el perdón es necesario e importante para cualquier crecimiento personal”.

Su recorrido

 Michelle es también comunicadora social y periodista. Al egresar tuvo la oportunidad de trabajar durante ocho meses en Carnaval de Barranquilla S.A., cuyo tiempo fue suficiente para entender que su destino estaba en la Licenciatura de Lenguas Modernas. Fue así como inició estudios en esta carrera que durante diez años le ha dado la oportunidad de compartir conocimientos de la lengua inglesa a muchos adolescentes y, a su vez, de brindar una formación en valores que —para ella— resulta integral.

En la actualidad medita a diario para conectarse con su parte espiritual y sigue en su proceso de aprendizaje, con aciertos y desaciertos, sin temor a la enfermedad y a la muerte. 

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