
Como buen repentista, Pedro Beltrán no necesita de mayores motivos para crear una canción.
'De cualquier cosa y en cualquier momento puede nacer una buena historia. No necesariamente hay que estar enamorado para componer. Basta una palabra, una imagen, una anécdota.
Al menos ese es mi caso', dice el maestro nacido el 15 de febrero de 1930 en Patico, corregimiento de Mompox (Bolívar).
Y así lo ha hecho siempre. Desde muchísimos años antes de que revolucionara la cumbia en Colombia y lo bautizaran 'Ramayá'.
Un día en Cartagena, durante las festividades de noviembre de 1962, se contagió de la alegría desbordante de la gente, mezclada con licor y juegos pirotécnicos, y sintió la necesidad de escribir. Surgió, en ese momento, la primera estrofa de Santo y parrandero, la melodiosa cumbia que grabó al año siguiente con el acompañamiento de la Cumbia Soledeña y se convirtió no solo en el himno de las celebraciones de capital del departamento de Bolívar, sino en una pieza emblemática del folclor nacional.
Por sus fiestas novembrinas/ y su santo San Martín llevamos alegría sin fin/ hasta sus playas marinas/ y en sus olas vespertinas/ se mira la mar serena/ luego la mujer morena por el camellón pasea/ y el negro que la desea/ así eres tú Cartagena.
'San Martín de Loba es el patrono de muchos de los pueblos de Bolívar, y sus fiestas se celebran el 11 de noviembre. Yo soy bolivarense; amo las festividades y me contagio fácilmente con la alegría de la gente. De modo que esas fueron las razones básicas para componer esa canción. Con el correr de los días fui agregándole más estrofas'.
La grabación
En los estudios de Polydor Records, en Bogotá, se grabó Santo y parrandero. La primera estrofa la declamó el soledeño Gabriel Segura, gurú en la interpretación de losversos octosílabos, ya fallecido.
Los músicos que participaron en la grabación fueron el maraquero y director de la Cumbia Soledeña, Efraín Mejía; Alejandro Barceló tocó el tambor alegre; Mauricio Pérez, el guache, y Diofante Jiménez, la tambora. La dirección de la producción estuvo a cargo de Nicolás Escolar.
Santo y parrandero lograría, con el paso de los años, un lugar destacado en la discografía nacional e internacional, y además de escucharse y bailarse con entusiasmo en las festividades del 11 de noviembre de Cartagena y en los pueblos del departamento de Bolívar, también obtuvo protagonismo en el Carnaval de Barranquilla y en otras celebraciones de renombre del país. Todavía lo mantiene.
Para la historia quedó la magnífica versión del Checo Acosta, que le permitió el enlace con la nueva generación.
'Es que era imperdonable que los jóvenes se privaran del placer de disfrutar una versión maquillada y rejuvenecida de esa preciosa pieza', afirma El Checo.
Los orígenes del cumbiambero
Pedro Agustín Beltrán Castro, como es su nombre de pila, creció bajo la orientación exclusiva de su madre Martina Castro, puesto que ella jamás vivió con Miguel Beltrán, el padre, un músico de inigualable calidad que solo pudo llegar en el atardecer de su vida a las casas fonográficas y dejó una interesante producción musical. El viejo Miguel es el autor e intérprete de
El muerto borrachón, gaita que tanto furor causó en el decenio de los 80.
En su niñez y adolescencia, Pedro jugaba al fútbol en los playones de su tierra natal, cerca del río Magdalena. La actividad balompédica la alternaba con la música, su gran pasión.
'No sé cómo me inicié en la música. Es verdad que mi padre fue un excelente músico, pero él no vivió conmigo, no supo de mi vocación, ni mucho menos me dio indicaciones. Lo que sé, lo aprendí de manera empírica. A los ocho años cogí un tambor; a los nueve cantaba, y a los diez ya tocaba cuatro instrumentos: gaita, flauta, guitarra y el mencionado tambor'.
Sin la guía del padre, Pedro desvió su sendero a tal punto que abandonó los estudios. Para él, lo importante era la parranda.
'Siendo todavía un 'pelao', me convertí en un ser irresponsable. En aquellos primeros años de mi juventud tomaba licor de manera desmedida, y enamoraba a las señoritas. Así, sin ningún objetivo definido, transcurría mi vida, mientras mi vieja sufría'.
Al Ejército
En enero de 1950, cuando le faltaban 19 días para cumplir 20 años, Pedro se alistó a las filas del Ejército. Fue lo mejor que pudo pasar en su vida, opinaban su madre y hermanos. De no haber sido por la milicia, quién sabe qué hubiese sido de ese muchachito que solo pensaba en tomar bebidas alcohólicas, reflexiona hoy Pedro Beltrán.
Antes de ingresar a la milicia, Pedro había formado una agrupación con su hermano Ignacio, un primo y varios amigos. 'La bombo asao' fue el nombre de esa colectividad en la que se destacó con la flauta. Interpretaba cumbia, mapalé, chandé y gaita. Por esos días se sentía embrujado con la obra musical de Guillermo Buitrago y sus muchachos.
Permaneció 11 años en el Ejército, tiempo en el cual creó un grupo musical, integrado por soldados, y desarrolló sus conocimientos empíricos como ejecutor de la flauta, la violina y el tambor.
Sin la ayuda de nadie, Beltrán se convirtió en un músico polifacético. Escribía canciones, las interpretaba y dirigía el grupo de militares. Se constituyó en un caudillo natural.
A la Cumbia Soledeña
En el Ejército, Pedro llegó al grado de Sargento Primero, y se retiró en 1961. Desde entonces recibe una pensión del Gobierno. 'No es gran cosa, pero me alcanza para subsistir', dice.
Al reintegrarse a la vida civil, se marchó de su Patico natal y se instaló en Barranquilla antes de vivir dos meses en el departamento del Cauca.
Estando en la capital del Atlántico acudió a un programa que dirigía el popular hombre de radio Gustavo Castillo García en La Voz de la Patria, y allí conoció a los integrantes de la Cumbia Soledeña.
'Recuerdo que ese día estaban el director Efraín Mejía; Alejandro Barceló, Mauricio Pérez y Diofante Jiménez. El flautista no se encontraba por estar enfermo. Entonces, pedí una oportunidad para actuar con ellos y, sin ningún tipo de ensayo, me la dieron. Me fajé con la flauta y me quedé en la agrupación. Permanecí en la Cumbia Soledeña desde 1961 hasta 1969, período en el que grabé cuatro 'elepés' para el sello Polydor. En esos cuatro trabajos figuraron 37 composiciones mías, incluidas El guataco y la guataca, Mi flauta y Santo y parrandero.
Revolucionario de la cumbia
El apodo que lo identifica, en el ámbito musical y familiar, se lo endilgaron en 1975, por la grabación del tema 'Ramayá', difundido originalmente por el excéntrico cantante y bailarín Simon Regal, conocido mejor como Afric Simon.
La versión de Pedro Beltrán, en ritmo de cumbia e interpretada por el soledeño Juan Herrera, marcó época. Salió a la luz el 28 de octubre de 1975, bajo el sello Tropical, y de inmediato caló en el público. A partir de ahí, a Pedro se le conoció como 'Ramayá' Beltrán.
¿Por qué la cumbia moderna?
Pedro 'Ramayá' Beltrán explica por el motivo el cual decidió modificar la cumbia: 'Me considero un revolucionario dentro del folclor. Consideré que a la cumbia le había llegado el tiempo de evolucionar y trabajé en procura de esa evolución. A los seis instrumentos que conforman ese ritmo (tambor alegre, tambor llamador, guache, maracas, caña de millo y cumbiamba) le agregué bajo electrónico, tumbadora, batería y acordeón. Esto lo hice con el propósito de universalizar la cumbia. Y como soy soledeño por adopción, bauticé ese proyecto con el nombre de Cumbia Moderna de Soledad. Sé que el invento generó ampollas, pero al final la gran mayoría aprobó la propuesta'.
Letra de la canción Santo y parrandero
Por sus fiestas novembrinas
y su santo San Martín
llevamos alegría sin fin
hasta sus playas marina
Y en sus horas vespertinas
se mira la mar serena
luego la mujer morena
por el camellón pasea
y el negro que la desea
Así eres tú, Cartagena
Desde el principio hasta el fin
en noviembre tan sabroso
Nació un santo milagroso
que se llama San Martín
Por eso este parrandín
Lleva un aire cumbiambero
Y yo me pongo el sombrero
porque es noche de parranda
para, bailar la cumbiamba
Santo, bueno y parrandero (Bis)
Oa, Juepete, Juepete, Je
Por Fausto Pérez Villarreal
EL HERALDO





















