Compartir:

Si hay un fruto que caracterice al Caribe es el corozo siendo parte importante de la vida de los habitantes de esta región de Colombia, tan importante que ya se creó el primer protocolo de aprovechamiento sostenible que “favorecerá la trazabilidad e incentivará la inversión”.

Con la Resolución 0277, emitida por La Corporación Autónoma Regional del Cesar (Corpocesar) con el apoyo técnico del Instituto Humboldt, quedó en firme el protocolo con el que se establecen lineamientos técnicos para su uso, conservación y gestión en el territorio.

De acuerdo con el instituto ambiental, el protocolo se caracteriza por contar con información de diversos actores locales de la cadena de valor, como cosechadores, transformadores y comercializadores, quienes poseen amplio conocimiento de la especie y de las condiciones necesarias para su manejo y conservación; siendo este trabajo un ejemplo de integración del conocimiento técnico, científico y tradicional.

Para Felipe García Cardona, gerente del Centro de Economía y Finanzas de la Biodiversidad del Instituto Humboldt, el nuevo protocolo favorecerá la trazabilidad e incentivará la inversión, además de aportar al manejo integral de los ecosistemas naturales donde se encuentra la especie.

“Esta resolución le da vida legal al aprovechamiento del corozo. Es un paso fundamental para que quienes han vivido de esta palma por generaciones puedan hacerlo con trazabilidad y con respaldo del Estado”, acotó el experto.

Felipe Villegas/Instituto HumboldtCorozo, (Bactris guineensis).

Así las cosas, con esta nueva hoja de ruta, desarrollada desde 2023, los actores de la cadena de valor del corozo en el departamento del Cesar podrán acceder a permisos o autorizaciones de aprovechamiento de manera más ágil, operar con trazabilidad y avanzar en procesos de restauración productiva de poblaciones de la especie en ecosistemas degradados.

La informalidad, la gran berrera de una economía creciente

El corozo, también llamado uvita de lata (Bactris guineensis), crece de manera silvestre y su recolección ha sido históricamente fuente de ingreso para cientos de familias, que cosechan su fruto en fincas ganaderas y playones que son baldíos nacionales, según apunta el Instituto Humboldt.

Este fruto tan característico del Caribe tiene una demanda creciente tanto en su región de origen como en el resto de Colombia. Cada vez más empresas y asociaciones comercializan productos derivados como vino y pulpa. “En Bogotá, por ejemplo, Selva Nevada comercializa helados y pulpas elaborados con este fruto, con una creciente acogida en el mercado”.

Pero también enfrenta dificultades debido a la informalidad con la que se mueven los procesos de recolección y comercialización lo que termina por dificultar procesos de fortalecimiento como la transferencia de capacidades, la comercialización directa y la generación de acuerdos con los propietarios de los predios donde se encuentra la palma.

Para el Instituto Humboldt, el nuevo protocolo es un ejemplo concreto de la articulación entre ciencia y política pública. Es, explicaron, conocimiento tradicional y técnico que se traduce en norma regional con impacto directo sobre el territorio, las comunidades y la gestión de la biodiversidad.

Con la adopción de este protocolo, el corozo se convierte en una de las primeras especies de flora silvestre del Caribe colombiano en contar con una hoja de ruta técnica y normativa para su aprovechamiento sostenible, marcando un precedente para la conservación de la biodiversidad y el fortalecimiento de las economías locales.