El Heraldo
Un campesino traslada varias reses hacia tierras altas para tratar de salvarlas de las inundaciones provocadas por el desbordamiento de ríos. Hansel Vásquez
Región Caribe

El SOS de los ganaderos de la región Caribe

Debido a las lluvias y los desbordamientos de los ríos, el ganado de la región está muriendo ahogado. 

El desbordamiento de los ríos Cauca, San Jorge y la amenaza de inundación que ha generado el Magdalena ha dejado, además de miles de damnificados, millonarias pérdidas en el sector ganadero. Las vacas mueren ‘encalladas’ en los terrenos fangosos, los cerdos se ahogan y las gallinas que sobreviven son vendidas hasta por $3 mil pesos al mejor postor.

La situación es preocupante y con la llegada de la segunda temporada de lluvias, que pronosticó el Ideam, todo parece indicar que será mucho peor. Los campesinos tienen dos duras tareas: salvar lo poco que pueden rescatar de las aguas que han entrado a sus hogares y llevar hasta tierras altas a los animales, donde se vive otra crítica situación que viene siendo denunciada: el alto alquiler mensual que se cobra por res.

Algunas corporaciones han revelado que, por el arriendo de una parcela, hay dueños de fincas que están cobrando hasta $50.000 por cabeza de ganado. Además, hay terratenientes que se aprovechan de la necesidad de pequeños productores de leche para comprarles los semovientes a precios muy bajos. En muchos casos, según comentan en la región, hay vacas lecheras que se están negociando en $300.0000, cuando el valor real es de más de $800 mil, dependiendo del tamaño y la raza, entre otros aspectos.

Pero la problemática no para ahí. Los animales que se han salvado de las aguas están muriendo de hambre por la falta de terrenos para pastar y los que aún sobreviven están flacos y con laceraciones en sus cuerpos.

Crisis en Córdoba

Tan solo en Córdoba, las crecientes de los ríos Sinú, San Jorge y Cauca han provocado el desplazamiento de aproximadamente 121.714 animales y unos 252 han muerto en varias regiones del departamento, puntualmente en los municipios de Lorica, Chimá, San Bernardo, San Antero, Purísima, Momil, Tierralta, Pueblo Nuevo, Ayapel y Montería, a corte del viernes 24 de septiembre.

Debido a lo anterior, y a toda la crisis que vive La Mojana, el presidente de la  Federación Ganadera de Colombia, Fedegán, José Félix Lafaurie Rivera, solicitó a la Presidencia de la República declarar situación de desastre nacional en la región.

Según el líder gremial,  el impacto de la tragedia rebasa la capacidad técnica y los recursos de las administraciones departamentales y municipales en cada región que ha sido afectada por la temporada de lluvias.

“Consideramos que es urgente congelar los intereses y los pagos de los créditos con el sector financiero, de las personas que demuestren afectación en la región, pues la generación de ingreso se redujo a cero para muchos productores agropecuarios y, sencillamente, no tienen con qué pagar”, dijo.

Lafaurie sostuvo que, por cuenta del agotamiento de las pasturas en las zonas inundadas, empezará una emergencia alimentaria que demandará del suministro de suplementos de alta y costosa complejidad logística.

“Nuestras estimaciones señalan que será necesario el alimento para 350.000 animales y el subsidio del 50 % de la necesidad alimentaria durante seis meses, lo que arroja un volumen de 204.000 toneladas de heno, 815.000 toneladas de silo, 5.000 toneladas de melaza y 1.000 toneladas de sal mineralizada”, cuantificó.

Lafaurie Rivera puso a disposición del Gobierno la experiencia de Fedegan, obtenida en la pasada emergencia registrada en el año 2010.

El dirigente gremial afirmó que “es necesaria la recuperación de las tierras, que quedarán ‘lavadas’ de nutrientes, y la creación de pasturas comenzando desde cero, no tomará menos de seis meses, a partir del momento en que la tierra pueda ser intervenida, para lo cual se requerirá maquinaria, subsidios, líneas de créditos y recuperación de infraestructura de viviendas, hogares, colegios”, dijo.

Por su parte el ganadero y miembro de la Asociación de Ganaderos de Córdoba, Ganacor, William Botero, anunció que el invierno en esa región afectará el peso de ganado y la producción lechera en los próximos días, generando pérdidas económicas para los productores.

Sucre, en números rojos

El sector ganadero del sur del departamento de Sucre también se ha visto gravemente afectado por las inundaciones ocasionadas por las aguas del río Cauca.

Tan solo en las poblaciones de Guaranda, Majagual y Sucre-Sucre hay, según reporte del Comité de Ganaderos de la Mojana (Cogamojana), que preside Enrique Martínez Alemán, unas 500 reses entre muertas y desaparecidas en menos de un mes de esta tragedia.

Adicional a ello, Cogamojana reporta afectaciones de 3.600 ganaderos en esta subregión de Sucre que se han visto en la obligación de movilizar 84.309 bovinos hacia las poblaciones altas de Achí, Sahagún, Chinú, Sampués, Sincelejo, Corozal, Sincé, Galeras, San Pedro y Betulia, entre otras.

Esta ola invernal también les ha ocasionado pérdidas lácteas por 250 mil litros a corte de hace una semana tan solo en 3 municipios de la Mojana.

Ante esta situación el Comité, en una carta enviada al gobernador Héctor Olimpo Espinosa Oliver, le plantea soluciones a mediano y largo plazo, entre ellas: un incentivo de 50 mil pesos por reses para dos meses de pasto, programas de repoblamiento bovino genéticamente mejorados, programas de repoblamiento de pastos, árboles (sistema silvopastoril), asistencia técnica, asistencia técnica agropecuaria a predios de zonas afectadas, programa de mejoramiento de vías terciarias y la construcción del dique por la margen izquierda del río Cauca con sus compuertas en sitios estratégicos.

Las pérdidas que reporta el sector agricultor y que aumentan con el paso de las horas son: 9633 hectáreas de arroz; maíz: 645,2;  cacao: 8; melón: 16; coco: 100; yuca: 58,8; plátano 194,5; ñame 5 y pasto 557.

También reportan las pérdidas de 1.181 cerdos, 20 caballos y 2.122 aves de corral.

Emergencia en Magdalena

Camilo Yejas, un pequeño ganadero de Salamina, cree que así como van las cosas pronto la desdicha arropará al sector, pues el río Magdalena crece, la erosión no se detiene y la amenaza de inundación es latente.

Está intranquilo y tiene temor porque lo que ha construido con sacrificios de un momento a otro se lo puede llevar el afluente.

“Habrá que vender...”, dijo, no sin antes considerar que mudar las reses de corral “es generar pérdidas”.

Su preocupación es la misma que le asiste a los ganaderos de toda la zona, quienes sostienen que la lucha es doble, una contra la naturaleza, “con quien nadie puede” y otra contra la ineficacia estatal, la que, al decir del gremio, una pelea que se puede ganar “si se obra de buena fe y con voluntad”.

Y es que los salamineros consideran que se ha perdido mucho tiempo para frenar un problema que desde hace años ha sido advertido.

“Han desaprovechado todos los momentos buenos para hacer los trabajos y ha habido disponibilidad del dinero, pero los contratistas han desperdiciado la plata y el tiempo porque no han hecho los trabajos contundentes que son”, dijo el ganadero Benjamín Santos.

Alfredo Castillo Díaz, otro ganadero, sostuvo que todavía el sector tiene las secuelas del año 2010, cuando se produjo –hasta hoy– la mayor inundación del siglo XXI y asegura que “no hemos terminado de cerrar los ojos por tan magna desolación, cuando ya estamos con esta otra pesadilla”.

Manifestó que no ven con buenos ojos los trabajos anunciados “con bombos y platillos” ya que no tienen celeridad, pese a que “el río ha dado chance para hacer una buena obra”.

“Hoy nos vemos en la necesidad de tener un plan B, como es sacar el ganado a tierras altas, ocasionando gastos, problemas de salud, estrés y de índole económico”, anotó.

Castillo Díaz precisó que “nos sentimos solos en esta gran problemática quedando a expensas de los pocos ahorros y ayudas familiares”.

“Ya a muchos nos ha tocado arrendar predios o mal vender nuestros vientres bovinos los cuales nos han costado mucho sacrificio y trabajo en obtenerlos”, comentó.

Benjamín Santos cruza los dedos y reza para que el río no se meta pues para él “solo esto es lo que nos toca ya que la acción estatal es paquidérmica”.

“De producirse la inundación es hablar de una ruina”, comentó.

En su caso particular las pérdidas serían cuantiosas, pues su ganado es de una genética lechera, pues las vacas son cruces de Gyr y Holztein, siendo que una sola produce 15 litros de leche.

“Requieren abundante comida, necesitan sombra, que no le caigan moscas ni garrapatas, por eso no se pueden tirar en cualquier finca”, señaló.

Efectos

De producirse la inundación en Salamina el efecto golpeará al sector agropecuario de 4 municipios más de la Subregión del Río (Pivijay, Remolino, El Piñón y El Retén), en donde la ganadería y el cultivo de palma de aceite es motor de la economía.

En estos entes territoriales hay 323.400 hectáreas en riesgo, de las cuales Pivijay aporta el mayor número con 163.600, Remolino 61.100, El Piñón, 54.400, El Retén 26.800 y Salamina, 17.500.

En estas localidades el inventario bovino es de 256.074 cabezas de ganado, de las cuales 159.289 están en Pivijay, 21.647 en Salamina, 52.403 en el Piñón, 14.387 en Remolino y 8.348 en El Retén.

“Es muy triste que en pleno siglo XXI las principales arterias fluviales de Colombia,  en vez de ser una bendición, se constituyan en un dolor de cabeza”, enfatizó el ganadero Alfredo Castillo.

El personero de Salamina Carlos Mario de la Cruz manifestó que tras una inundación el impacto en la economía se va a sentir por mucho tiempo.

“Recordemos que esta zona fue golpeada por la violencia y todavía existen corregimientos que ostentan la condición de sujeto de reparación colectiva y que el Estado ha sido insuficiente para cumplirles”, indicó.

Añadió que a ello se suma también la gran situación de desastre de 2010 con la inundación del fenómeno de La Niña.

“Además, vivir una catástrofe en medio de una pandemia dejaría en ruinas a muchas familias”, puntualizó.

Ramiro Manjarrés, director de AgroRibera sostuvo que “la amenaza del río se presenta como una severidad suficiente para causar pérdida de vidas, lesiones y otros impactos en la salud, así como daños y pérdidas en los bienes, la infraestructura, los medios de sustento, la prestación de servicios y los recursos ambientales, conllevando a la Calamidad Pública"”

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