Para ser justos, la mitad del triunfo de nuestra gloriosa medallista Caterine Ibargüen se le debe a Puerto Rico. La campeona tuvo que ir a la Isla del Encanto a estudiar y a entrenar porque aquí no había posibilidades. Ahora, a la hora del triunfo, Colombia acapara la gloria.
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La espontaneidad y alegría permanente y contagiosa de la campeona contrasta con la cara siempre de severidad que muestra su entrenador cubano, siendo oriundo de un país donde los “cubiches” son tan alegres.
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La sombra y el sol de la vida…Mientras el ciclista boyacense Nairo Quintana festeja triunfos en olor de multitudes, el también excampeón del mismo deporte y pionero mundial de nuestro país en esas justas – Cochise Rodríguez – anda rondando la pobreza y el olvido.
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José Pékerman, tan hermético al hablar, fue tentado por un famoso periodista en relación con los delanteros de la Selección y su concepto de ellos. Sorprendió lo que dijo el profesor. “El mejor es Teófilo. Es un fenómeno”…
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Y volviendo con el mismo tema deportivo, otra sombra después de que hubo mucho sol. El del corredor de autos Juan Pablo Montoya que estuvo en el cielo tanto tiempo y ahora parece que le viene el declive. Lo corriente que ocurra en todos los episodios de la existencia.
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Como la canción del dominicano: “Todo lo que sube, baja”…
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Hoy en ELHERALDO.CO el capítulo que le dediqué en mi libro “Barranquilla de mis amores” a don Ernesto McCausland Osío, exalcalde de Barranquilla y padre del inolvidable Ernesto McCausland Sojo.
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Notas liliputienses: Hay que parar a Nicaragua…¿O le tenemos miedo?...Angelitos de la muerte…Los Galán siempre quieren más…Ese magnicidio si ha dado frutos…Ruinas.
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Soy modelo 32, 10 hermanos, 7 hembras y 3 hombres, vivos todos, gracias a Dios. Mis padres murieron. Se llamaban Ernesto y María Isabel.
Los hombres estudiábamos en el Biffi, y las mujeres en el Lourdes. Fuimos criados en la pobreza, en los primeros años, ya que cuando los viejos se casaron tuvieron que alquilar un colchón para pasar la primera noche.
Mi abuelo fue capitán de buque durante 51 años. Debe haber muchos McCausland por el río Magdalena. Cuando mi hijo Ernesto fue a hacer un trabajo por una vereda de esa región, se encontró con una dama muy alta, con rasgos muy familiares, líder allí, que resultó ser tía de él. Algo similar me pasó a mí hace muchísimos años, cuando fui a una casa de diversión muy famosa donde la dueña, también con evidentes señas de la familia, resultó ser pariente.
Con cada hermano nos llevamos uno o dos años de diferencia. Somos unidos, a medida que pasa el tiempo mucho más. Tengo una hermana en Honduras, otra en México, 2 en Estados Unidos y 6 viven aquí. Los de la familia son 123 personas y el último es el hijo de mi hermana Margarita. Con estos datos sabemos que hay McCausland para ratos, regados por Honduras, Estados Unidos y México, etc…
Me fui a estudiar con mi hermano Ignacio al Biffi de Bogotá y allí nos tocó el 9 de abril cuando mataron a Gaitán. Recuerdo como si fuera ayer lo sucedido. La noticia la trajo alguien a la 1:10 p. m. El hermano Pedro tomó la decisión de devolver a los alumnos externos a sus casas. Éramos unos 300, entre ellos mi hermano Ignacio, Jaime Soto, Toño González, Edgardo Movilla (q.e.p.d.), Joaquín Díaz Granados, Aníbal ‘Pito’ Ceballos y Carlos López.
Desde la parte alta del barrio, bajos de la famosa iglesia de esa parroquia, comenzaron a disparar. Se corrió la voz que los curas del colegio estaban armados y eran en parte responsables del asesinato del líder liberal. Al tratar de pasar de un patio a otro uno de los compañeros, Guillermo Gruttman fue alcanzado por una bala, falleciendo de inmediato. Logramos pasar esa noche en los baños del colegio y en la mañana tomo la decisión que había que abandonar el establecimiento.
Algún vecino nos comentó que quemarían el glorioso instituto, como en efecto lo hicieron ese día 10 de abril. Salimos en estampida, buscando refugio. Caminamos sobre cadáveres, logré llegar a la calle 23 con carrera 7, a una pensión donde se encontraba una tía. Al llegar descubrí que mi hermano Ignacio había cogido otro rumbo. Después de tres días lo encontramos: había logrado refugiarse en el Restaurante Internacional. Fueron días horribles. Toda la ciudad ardió, el centro de Bogotá desapareció como por encanto. Salvamos nuestras vidas por un milagro de Dios. Imposible olvidar esa fecha y relatarla.
Sigamos, luego de lo del 9 de abril:
Me gradué en la Salle, estudié en Estados Unidos y tomé grado High School. Estuve en las universidades Columbia y América, pero no me gradué porque empecé a trabajar. Haciendo remembranza debo decir que siempre fui escogido como el mejor deportista del colegio. Era capitán del equipo de fútbol y en atletismo. También me gustaba jugar billar. Luego, regresé de Estados Unidos y llegué a Barranquilla para trabajar en la Texas Petroleum Company.
Empecé de vendedor y terminé de gerente. Fui nombrado cónsul de Honduras, me desempeñé en ese cargo 38 años. En 1974 fui nombrado decano del cuerpo consular, eso me sirvió mucho porque me codeaba con la crema y nata de la ciudad. Empezó a gustarme la buena mesa y el licor. Frecuentaba mucho el Chicote y el Trípoli. No salía de esos lugares, eran como mi oficina.
Llegar a la alcaldía es sueño de muchas personas. Para mí revistió características especiales, pues no recibí el aval de ningún político. La señora gobernadora Blanca Franco de Castro, a quien frecuentaba en actos sociales pues desempeñaba el cargo de cónsul de Honduras, era el decano del gremio, me sorprendió con una llamada telefónica. Uno de sus allegados sabía que en determinada hora me encontraba en la taberna Gambrinus. En esa llamada, Blanca me preguntaba si estaba dispuesto a convertirme en el alcalde de Barranquilla.
En esos días me encontraba sin trabajo pues acababa de hacer dejación del cargo de director administrativo del Inderena. Recuerdo la cara de sorpresa y alegría de los contertulios de ese día en la taberna. Entre otros, Rafael Morán, Julián Devis ( fallecido), Alberto Jubiz y Roberto Dávila. Hecha la consulta en casa, llamé a la gobernadora y a los tres días me posesioné como simple conservador sin padrino.
Me tocó cumplir en los pocos meses que faltaban para terminar el gobierno de López Michelsen en 1978. El municipio estaba quebrado, se le debía el sueldo de tres meses a los empleados y no había plata. Entregué el cargo el 7 de agosto del 78 y el 15 de septiembre del mismo año tomaba posesión como alcalde de Puerto Colombia. Tuve el privilegio de ser decano del cuerpo consular y alcalde de mi ciudad al mismo tiempo, lo que me daba un prestigio enorme. En 1974 había oficializado como presidente de la Junta del Carnaval, nombrado por Humberto Salcedo Collantes. En ese año renació la Guacherna de Esthercita Forero, que es el evento, a mi juicio, más alegre del Carnaval.
No me puedo quejar. Logré ocupar destacados cargos importantes. Ya hablé de Texas Petroleum, luego organicé un grupo Financiero Antioquia. Estuve dirigiendo Multiautos y fui miembro de la junta directiva de entidades como el Club Anglo Americano (presidente), Fenalco, Cámara de Comercio, Telefónica, Empresas Públicas. Durante dos años fui el presidente del comité organizador de los cuerpos consulares del país, y sus convenios que se desarrollaron en Barranquilla y en San Andrés. Además recibí todas las condecoraciones que otorga esta institución.
En 1959 contraje matrimonio con Nancy Sojo Zambrano, de cuya unión nacieron Ernesto McCausland Sojo y la hoy profesora del colegio Parrish, Daniela. En 1981 Ernesto fue atacado por un cáncer testicular. Durante un año estuvimos acompañándolo en una clínica en Washington. A Dios gracias logró superarlo y se constituyó en un ejemplo de lo que es realmente el deseo de vivir. Hoy día ocupa un lugar privilegiado dentro del periodismo colombiano. Ha logrado sobresalir. Primero darse a conocer a través de un prestigioso noticiero (QAP, escribir un libro Las Crónicas de McCausland), hacer una película (El Último Carnaval) y conservar durante 12 años su programa de televisión Mundo Costeño en los primeros lugares de sintonía en Telecaribe, además de que una especie de Mundo Costeño de 10 minutos se ha venido transmitiendo a través de Univisión. Ernesto Jr. ha obtenido todos los premios de periodismo en el país, entre ellos cinco Simón Bolívar. Hoy, me siento satisfecho de hacerle la segunda en sus actividades. Además, Daniela me dio dos nietecitas que son una de las razones por las que da gusto seguir viviendo. En mi existencia fuera de ese núcleo familiar, nunca han existido afectos diferentes.
Me considero buen miembro de la familia. Ahora me encuentro empeñado en sacar adelante al directorio de 124 miembros de la familia descendientes directos de mis padres fallecidos. Hay que pensar que somos 10 hermanos, siete mujeres, siete cuñados y tres hombres, vivos y casados con personas de diferentes nacionalidades: hondureño, gringo, español, venezolana y, obviamente, colombianos. Cuatro de los hermanos viven fuera de Barranquilla y a cada uno de ellos les escribo todas las semanas.
Mi padre, dos de mis cuñados y yo hemos sido alcaldes de Barranquilla. Mi hermana Margarita es la periodista directora de la revista Gente. Otras pertenecen a entidades cívicas como Fe y Alegría y Sanar. A diario me veo con mis hermanos. Los lunes almuerzo donde Lucero, los martes donde Ignacio, a quien veo todos los días y siempre hemos sido hermanos inseparables. Los miércoles donde Astrid , a quien casi diariamente acompaño a la iglesia. Los jueves en el apartamento de Ernesto. Los viernes donde Elena y los sábados donde mi hija. A veces, los domingos en Salgar, en la casa de mi hermana Margarita.
Me voy a referir al alcoholismo que padecí y tanto perjuicio me causó. Afortunadamente pude reaccionar a tiempo y subsanar en parte tanto daño causado. Tomé tanta cerveza que en cálculo creo que logré ingerir 30.000 botellas. Cómo empezó, ni lo recuerdo. Hoy, luego de varios años de silencios alcohólicos, me siento bien, tranquilo, con excelente salud y deseos de seguir trabajando. Constantemente recibo llamadas de amigos que piden les explique cómo pude salir yo del atolladero. Confieso que es muy difícil.
El adicto al alcohol no tiene voluntad y las tentaciones están siempre al acecho. Al principio pensé que podría llevar mi vida social normal y ponerme una engañosa coraza protectora. Eso no funciona. Increíble, pero cierto: Todavía después de tantos años, me muero por una cerveza fría. Hay que cortar de un tajo todo un vínculo con personas que aparentemente pueden beber trago socialmente como se dice.
Recuerdo a los 3 meses de haber empezado mi cierre con el licor, me tocó afrontar una embarazosa situación: un grupo de amigos nos reunimos en el Prado, después de un par de horas la mayoría de los compañeros estaban completamente beodos y no faltó uno que tranquilamente me preguntó si me había vuelto marica, insinuándome que me tomara su trago. Desde ese día, tomé la decisión de no asistir a reunión donde hubiese copas. En un medio como el nuestro, es duro cumplir. Por lo tanto a los que tienen la amabilidad de consultarme, les doy un primero y definitivo consejo: absténganse por encima de todo de asistir a esa clase de reuniones, no importa que sean familiares.
Lo positivo y reconfortante es que después de un tiempo de dejar el trago, el organismo recobra su normal funcionamiento: desaparecen los dolores de cabeza, del estómago, el insomnio (adiós pastillas) y lo más importante, se recobra una tranquilidad que nunca antes se había sentido. A golpe de 6 p .m. cuando acostumbraba a tomarme la primera fría, tomo ahora religiosamente un yogurt que neutraliza cualquier tentación. Claro, infortunadamente, el remedio llega demasiado tarde: no se pueden recuperar algunos invaluables sentimientos. Lo que sí se recupera es la dignidad y el deseo de seguir viviendo en función de tantas cosas bellas que hay en la vida, el amor a los hijos, a los nietos, a los hermanos y buenos amigos.
No solo el alcoholismo que padecí es la parte triste, también ha habido otros episodios, como la enfermedad de Guille Barré, lo mismo que padece Diomedes Díaz. Ese es un mal que no le deseo a nadie y termina postrándolo a uno, hasta la situación de que hay que volver a aprender a caminar. Yo salí de esa postración gracias al neurólogo Jaime Rubio, a la fisioterapeuta Janet Vergara y al conductor de taxi José Álvarez, quien tuvo la paciencia de transportarme durante meses de un lado a otro con mi silla de ruedas.
También hubo otro episodio del cual pude perder mi vida. Fue a las 7:52 minutos en la mañana por la 52, un 21 de enero de este año. Era una esplendorosa mañana, con suave brisa y un sol muy brillante. A la distancia podía observar a Mayito Sierra, en su kiosco, contoneándose, mientras preparaba unos jugos para unos clientes desconocidos, atracadores de una banda de ladrones: La Patrulla 15, conformada por jóvenes. La Sijín sabía que atracarían a algunas de las entidades financieras que funcionan por los alrededores de la calle 70 con carrera 52. Los bandidos aparecieron casi a las 8 a. m. Tres se instalaron en la Autofinanciera y tres donde el kiosco de Mayito. Empezó la balacera y no sé cómo lo estoy contando, ya que uno de los maleantes pensó que mi oficina era parte de la Autofinanciera y disparó. Yo estaba sentado y la bala me rozó, casi me mata. Fueron preciosos segundos, donde el vivirlo tuvo que ver para mi suerte. Recibí de todas maneras una esquirla en la frente y derramé sangre, el susto fue tremendo.
Bueno, y a estas alturas, qué hago ahora?...
Manejo la oficina de Producciones de Mundo Costeño y las actividades periodísticas de mi hijo Ernesto. Escribo semanalmente una columna en La Libertad.
Esta columna apareció durante años en la revista Quillan007 del inolvidable amigo Hernando Quintero Millán. Soy madrugador. A las 6 a. m. ya estoy en la oficina, por eso no es raro que a esa hora reciba buenas llamadas de mis amigos como Plutarco Barraza o Rafael Morad. Ahora mismo tenemos una especie de cofradía con la gente de La Libertad. Una vez al mes almuerzo con Julia Rosa de León, Jenny Tapias, Aisha Niño, Mónica Espina y Zully Mejía de Mejía.
Tengo un punto de reunión donde diariamente asiste un grupo de amigos. Es en la panadería 20 de julio de la calle 74 con carrera 43. Allí me encuentra sin falta a las 5 p. m. Creo que ya hice todo lo que tenía que hacer en la vida. Así que mi vida se volvió tranquila, organizada y medio zanahoria, y de cuando en vez recibo una que otra sorpresa, como una novia que yo tuve en los Estados Unidos y luego de decenas de años vino a visitarme, o compañeros de estudios de vieja data, que se aparecen de pronto para desempolvar los recuerdos…
Por Edgar García Ochoa, Flash





