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El juglar Lorenzo Morales, como dice la canción, se fue de mañanita

Hace 10 años, a las 6:20 a.m., como lo anticipó Emiliano Zuleta Baquero en la canción ‘La gota fría’, partió el juglar cuyos relatos aún alegran parrandas.

Tener de vecino a Lorenzo Miguel Morales Herrera, permitió conocerlo muy de cerca y entablar diálogos sobre su vida y obra musical. Los tintos con ‘Moralito’ eran bien hablados y con derecho a tener pasaporte para abordar el ayer, donde los sucesos se cantaban y las historias tenían sabor a costumbres perdidas.

“Estoy ni los carros viejos que no quieren echar ni pa’ lante, ni pa’ atrá’. Se me está acabando la gasolina. Vivo porque Dios me está otorgando unos días más, aprendiendo que a él no se le puede llevar la contraria”, expresaba en sus últimos días sobre la inevitable muerte.

También su compadre Emiliano Zuleta Baquero se lo había anticipado en la canción 'La gota fría', con aquella famosa frase: “Te fuiste de mañanita”. Y en verdad así lo hizo. Se fue a las 6:20 de la mañana del viernes 26 de agosto de 2011.

Lorenzo Miguel siempre vivió agradecido con el dador de sus días. Opinaba que “Dios” le había dado “el permiso para llegar a la edad de 97 años”, codearse con sus amigos y “recibir  el cariño” de su numerosa familia.

En las tantas menciones sobre el tema de la muerte anotaba: “Yo sé que me voy a morir. A la muerte como a la vida no hay que tenerle miedo porque después de nacer está claro que tarde o temprano nos llega el momento de partir (…) Dios lo dispone cuando así lo requiere, pero es muy doloroso ver cómo se mueren personas muy pegadas a nuestras entrañas. En fin, es duro, pero así son las reglas divinas y ante esa verdad no hay otra salida”.

Lorenzo Miguel Morales, conocido en la música vallenata como ‘Moralito’, nació en Guacoche (César) el 14 de junio de 1914.

La vida del juglar

Lorenzo Morales vivió una vida consagrada al folclor y en sus últimos años varias enfermedades lo llevaron a estar en una silla de ruedas. Desde ahí impartía instrucciones, contaba su vida y las historias de sus canciones, una mayor parte dedicada a las mujeres.

A pesar de ser un juglar completo porque tocaba su acordeón, cantaba y componía, la canción que lo catapultó no siendo suya fue ‘La gota fría’, que narra la piqueria que nunca tuvo con su compadre Emiliano Zuleta Baquero.

“Al que le van a dar le guardan, y mi compadre Emiliano con su canción se quiso salir con la suya, pero al final salí ganancioso, aunque con el bolsillo pelao. Nunca peleamos, fuimos excelentes amigos y compañeros de parranda”.

No tocó más su acordeón

El juglar dejó de tocar su acordeón por una promesa que le hizo precisamente a su compadre Emiliano Zuleta. Esta consistía en que si alguno de los dos moría, el otro silenciaba su acordeón y así se cumplió. Con el dolor más grande ‘Moralito’ dejó de tocar lo que más amaba. Lo guardó el domingo 30 de octubre de 2005.

“Dejar de tocar no me aflige porque ya dejé muchas canciones que son mi carta de presentación. Mi nombre y mi obra son universales. Soy un abanderado de la música vallenata, lo fui en el tiempo en que las canciones no valían, ahora valen millones de pesos y casi no dicen nada. Comprendo que son otros tiempos y hay que aceptarlo”.

De otra parte, a ‘Moralito’ le gustaron los viajes que realizó con motivo de la promoción del 44° Festival de la Leyenda Vallenata que se llevó a cabo a finales de abril del año 2011, en homenaje conjunto con el maestro Leandro Díaz.

Estando en Bogotá una joven periodista lo entrevistó y al verla tan bonita, exclamó: “Esa es mucha vitamina, lástima que no pueda tomármela”.

El maestro Lorenzo Morales era un adornador del encanto de las mujeres y hasta sus últimos días no dejó de ser un errante enamorado. Esa era una virtud de su corazón que nunca planeaba nada, solo palpitaba con fuerza.

Los garabatos de ‘Moralito’

En esas largas jornadas de encuentros cordiales con el juglar al que le dieron el “recao grosero” más famoso del mundo, solía referir historias jocosas que le pasaron y dar lecciones de humildad y conocimiento.

Una vez escribió, o como el mismo lo manifestó, hizo sus “garabatos de una canción” que le presentó a una paisana para recibir su opinión. La mujer, al tomar en sus manos la hoja de papel, le dijo que tenía “palabras mal escritas” que le enumeró. El legendario juglar miró para todos lados y en tono serio le dijo: “Vea paisana, el vallenato no tiene ortografía. Tiene es canto y melodía”. Ella, luego de la anotación, le pidió que mejor se la cantara.

‘El pequeño gigante de Guacoche’, como fue conocido, nació el 14 de junio de 1914 y dejó un gran legado de canciones, siendo la más destacada ‘El errante’, donde narró que le tocó vivir por distintos caminos por un amor que le ocasionaba demencia, sintiendo que su corazón le titilaba y pensando que lo criminal era la ausencia. Esos amores esquivos fueron frecuentes y le tocó arar en el mar, sembrar en el viento y tocar en el desierto.

“Nunca olvido esos viejos tiempos. Había abundancia de alimentos, pero ya la cuchara está alta y no hay toldo pa’ tanta gente. Todo ha cambiado, de tal manera que el respeto y la prudencia pasaron a segundo plano. Además, la violencia toca a todas las puertas”.

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