Grecia afronta un futuro financiero incierto tras la decisión de su gobierno de convocar un referendo sobre las propuestas de reforma de los acreedores, (Comisión Europea, Fondo Monetario Internacional (FMI) y Banco Central Europeo (BCE)) y la decisión de estos de suspender las negociaciones y no otorgar una prórroga al rescate.
El próximo martes, 30 de junio, día en que finaliza la prórroga actual, Grecia afronta el pago de un crédito al FMI por valor de 1.600 millones de euros, desembolso que con casi seguridad no será efectuado, como han dejado entrever estos días varios miembros del gobierno para el caso de que no hubiera acuerdo.
Futuro incierto. El hecho de que Grecia no pague el tramo al FMI no constituye formalmente el impago, pero sí coloca a este país en situación de 'mora' al Fondo y 'en ruptura de sus obligaciones'.
Hacia el interior la cuestión más urgente es saber si el BCE seguirá manteniendo pese a la ruptura el acceso al mecanismo de asistencia (ELA) a la banca, la única fuente de liquidez a la que acceden las entidades financieras de este país desde febrero pasado.
El consejo de gobierno del BCE celebrará hoy una teleconferencia en la que decidirá si cierra el grifo de liquidez o lo mantiene abierto.
Las reglas del BCE establecen que solo puede facilitar este tipo de créditos a bancos que sean solventes, algo que se cuestiona cada vez más en este caso particular.
Para evitar una mayor salida de depósitos de los que se han producido en las últimas semanas, el gobierno debería imponer un control de capitales, algo que sería oportuno pero podría lanzar un mensaje negativo de cara al referéndum.
En caso de no retomarse las negociaciones, los acontecimientos se podrían precipitar, con escenarios políticos y sociales inciertos. Efe




















