La más reciente encuesta de percepción ciudadana Barranquilla Cómo Vamos constata una realidad que se percibe en las calles donde se respira un ambiente cargado de optimismo. La mayoría de los consultados estima que la Arenosa va por buen camino, el orgullo crece de forma sostenida y la gestión del alcalde Alejandro Char goza de gran aprobación popular.

Sin lugar a dudas es el reflejo de una transformación urbana que ha logrado impactar la representación colectiva y consolidar una narrativa de progreso entre los habitantes locales y visitantes nacionales y extranjeros que consideran a Barranquilla una “ciudad esperanza”.

No obstante, ese optimismo no puede convertirse en autocomplacencia. El mismo informe revela con claridad que la seguridad sigue siendo el mayor desafío de Barranquilla. Aunque la mitad de los encuestados señala sentirse seguro en sus barrios, el mismo porcentaje expresa todo lo contrario y, en definitiva, cinco de cada diez barranquilleros precisa que la ciudad “no es segura”. Ese dato, lejos de ser marginal, tendría que leerse como una alerta estructural, porque la seguridad no solo condiciona la calidad de vida de las personas, también su relación con el empleo, el emprendimiento y su confianza en las instituciones.

De manera que el trabajo liderado por la economista y comunicadora social Lucía Avendaño traza, con acierto y precisión, la agenda pendiente del Distrito. Si algo pone en evidencia la radiografía de Barranquilla Cómo Vamos es que el respaldo a la gestión del alcalde conlleva una responsabilidad todavía mayor para convertir esa confianza en resultados concretos de cara a los retos más sensibles que afronta la ciudad, advertidos por sus mismos habitantes.

Pues, en el caso de la seguridad no basta con mantener indicadores o reforzar la presencia institucional. El Distrito debe liderar y reforzar una estrategia integral que sume prevención, inteligencia y judicialización, articulada con fuerza pública y Fiscalía. Combatir fenómenos como la extorsión —que golpea especialmente a los pequeños negocios— tiene que ser una prioridad por su impacto en la convivencia y su efecto directo sobre el empleo y la inversión.

En materia económica, la caída en la percepción sobre la facilidad para conseguir trabajo y emprender exige medidas claras, porque evidencia una conexión directa con fenómenos como la informalidad y la extorsión. Con cinco de cada diez ocupados en la informalidad, se requiere que la administración distrital robustezca programas de formalización, de apoyo a microempresas —la base del tejido productivo— y genere más incentivos que dinamicen el mercado laboral. Cierto que ya se adelantan programas en ese sentido, pero también lo es que deben orientarse a que el crecimiento de la ciudad se sienta en el bolsillo de su gente.

La educación, que ha alcanzado avances importantes, también demanda una intervención decidida. La disminución en los niveles de satisfacción, en especial en aspectos como el manejo del acoso escolar y el deterioro del Programa de Alimentación Escolar (PAE) obliga a reflexionar para revisar la calidad del servicio y la ejecución de las tareas. Sin duda alguna, esta es la base de la oferta social del Distrito y aquí no hay espacio para caer en retrocesos.

En salud, el principal reto apunta a garantizar acceso oportuno y calidad en la atención, en un contexto nacional ciertamente complejo. Por tanto, el Distrito tiene que vigorizar su capacidad de gestión local para mitigar los efectos de la crisis del sistema y proteger a los usuarios, los principales impactados por el rápido menoscabo del modelo de salud del país.

La movilidad demanda soluciones más allá de las mejoras en los tiempos de desplazamiento y en el fortalecimiento del transporte público. Son metas concretas que se trabajan a diario. Pero, como documentó EL HERALDO, el hecho de que la mortalidad en siniestros viales se duplicara entre 2024 y 2025 exige correctivos urgentes para detener este desangre de vidas.

Barranquilla cuenta con un capital invaluable o activo poderoso: la confianza de su gente. Administrarla implica actuar con determinación sobre los problemas señalados. Porque el optimismo ciudadano sin resultados, más temprano que tarde, se agota. Y gobernar bien es, justamente, anticiparse al desgaste. Lo valioso de este ejercicio es que muestra una hoja de ruta y Barranquilla ha demostrado que es capaz de avanzar cuando se articula. Hoy más que nunca, Distrito, sector privado, academia y sociedad civil deben trabajar de manera conjunta para cerrar brechas y convertir cada desafío en soluciones concretas y sostenibles.