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Gabo y Mercedes: dos almas gemelas que se amaron hasta el final

Su hijo Rodrigo García Barcha lanzará este  jueves un libro en el que narra aspectos inéditos de la pareja.

La vida del nobel de literatura Gabriel García Márquez y la de su esposa, Mercedes Barcha, se entrelazan como en una novela cuyo epicentro es el Caribe. 

Ambos poseían una gran imaginación y curiosidad, un gusto especial por la comida de mar y la música vallenata. También disfrutaban del cine, la lectura y la política. El círculo más cercano a esta pareja afirma que eran “almas gemelas” que se profesaron amor eterno. 

Como en una obra del autor nacido en Aracataca, Magdalena, ambos fallecieron a la misma edad (87 años). Esa novela de amor, sin duda, hace parte de sus páginas más íntimas.

Sus últimos años juntos ahora serán dados a conocer por su hijo mayor, Rodrigo García Barcha, en el libro Gabo y Mercedes: una despedida, que se encontrará en las librerías este jueves 20 de mayo.

El cineasta bogotano ha manifestado que el texto revelará el lado más humano de un personaje universal y de la mujer en la que se fijó cuando era una niña de nueve años.

“A finales de sus sesentas le pregunté qué pensaba de noche después de apagar la luz. —Pienso que esto ya casi se termina—. Luego agregó con una sonrisa: —pero aún hay tiempo, todavía no hay que preocuparse demasiado—”. “Su optimismo era sincero”, añadió Rodrigo.

Tratando de encarnar la voz de su padre rememora otra de sus respuestas en torno a la vejez. “Hace años escuché que llega un momento en la vida del escritor en que ya no puede escribir una extensa obra de ficción. La cabeza ya no puede sostener la vasta arquitectura y atravesar el terreno traicionero de una novela larga. Es cierto, ya lo siento, así que de ahora en adelante serán textos más cortos”. 

 

 
“Fue una pareja sólida como la roca”, Jaime Abello, director de la Fundación Gabo.
Katya González al lado de Gabriel García Márquez y su esposa Mercedes Barcha.

Cuando tenía 80 años, su hijo mayor le repitió el mismo interrogante y Gabo le manifestó que “el panorama desde los 80 es impresionante, y el final se acerca (...) me da una enorme tristeza”. 

La tristeza se apodera de García Barcha al evocar esos momentos, especialmente porque lo conmueve su franqueza, sobre todo dada la crueldad de las preguntas.

Para lograr una atrevida aproximación a lo que fueron esos últimos años juntos del novelista cataquero y su amada magangueleña, EL HERALDO consultó a familiares y amigos. Esos nstantes, coinciden, merecen ser contados.

“Mercedes cuidó de Gabo hasta el final”

Jaime Abello Banfi, director general de la Fundación Gabo, indicó que fueron una pareja “sólida como una roca, con un gran sentido de la intimidad y de la privacidad”.

Describe a la hija del boticario de Sucre como un  pilar fundamental para el nobel, muy aguda e incansable lectora. Gabo era una persona dedicada a crear, dijo. 

De sus similitudes destacó su curiosidad, complicidad, inteligencia y buen gusto. “Fueron fieles a su identidad caribe, jamás cambiaron el acento ni recibieron otra nacionalidad. No se olvidaron de su gastronomía y del sentido del humor nuestro”, agregó.

Sobre los últimos años de vida del mayor exponente del realismo mágico, detalló que “Mercedes lo cuidó hasta el final”, él tuvo un cáncer linfático y a sus 72 años comenzó a ser vulnerable. Eso ocurrió a  mediados de 1999, posteriormente también tuvo algunos problemas de memoria y ella reforzó los cuidados. 

En cuanto a la última vez que compartió con Gabo, recuerda que fue durante un almuerzo en Ciudad de México, unos cuatro meses antes de que muriera. 

Abello Banfi manifestó que le sorprendió el hecho de que a pesar de que el escritor magdalenense había perdido las facultades de su memoria, las sabía disimular muy bien, “siempre tenía presente que Mercedes era su esposa y le mamaba gallo, le hacía comentarios pechichones. Pese a que tenía una condición distinta de memoria, se mantuvo cariñoso con ella”, dijo el barranquillero que lidera la fundación sin ánimo de lucro creada por Gabo.

“Mercedes siempre estuvo lúcida, a ella le falló fue la capacidad pulmonar, tenía que usar oxígeno en los últimos años. Ambos se marcharon a la misma edad, supieron envejecer y supieron irse”.

“Se hablaban con las miradas”

Margarita Munive, esposa de Jaime García Márquez, hermano del escritor costeño, en diálogo con este medio dijo que cuando llegó a esta familia Gabo y Mercedes vivían en Bogotá y la invitaron a su casa a tomarse un café, un gesto que le agradó. 

Destaca que desde entonces vio a una pareja con mucha complicidad, “no de esos que decían que lindos ojos tienes, ellos más bien se hablaban con las miradas”. 

Munive rememora que Mercedes se dirigía a su esposo como “Gabito”, mientras que él la llamaba “Meche”. “Ella era muy de la casa, estuvo pendiente de Gabito y lo complació hasta el final. En sus últimos años acondicionó la casa para su comodidad. Le había comprado una silla de ruedas eléctrica para que subiera las escaleras a través de una rampa. A él eso no le gustó y luego le mandó a instalar un ascensor, pero no lo alcanzó a disfrutar”. 

El estudio se lo tenía decorado con unas flores amarillas, que su marido también usaba en su saco porque decía que le traían buena suerte.

Ella se esmeraba porque se sintiera a gusto, a eso de las 10 de la mañana siempre le enviaba una Coca-Cola al estudio. “Mercedes siempre le respetó su intimidad, nunca la vi entrar a su estudio, es más, allí había un teléfono y aunque se estuviese reventando ella era incapaz de contestar. Yo lo hubiera hecho para ver quién le insistía tanto”, comentó entre risas.

La cuñada de Gabo detalló que eran amantes de la comida costeña, y aunque les gustaban los tacos mexicanos, siempre fueron fieles a sus raíces. Disfrutaban mucho comer una mojarra frita y yuca cocida, lo mismo que un buen sancocho. 

“Fueron amigos y cómplices de aventuras”, Salvo Basile, actor y productor de cine.
Margarita Munive (de verde) con la pareja en uno de sus tantos encuentros.

En cuanto a lo musical les gustaba el vallenato, sobre todo las canciones de Escalona, especialmente  Jaime Molina. 

“Eran de tiro largo, se acostaban muy tarde, a eso de la 1 de la madrugada y se levantaban como a las 9 de la mañana”.

Sobre Rodrigo y Gonzalo, los hijos de la pareja, dijo que el primero es la fotocopia de Mercedes, “siempre estaba pendiente de la parte económica, era muy organizado; mientras que Gonzalo es más bohemio, al estilo Gabo”.  

“Gabo todo se lo consultaba a Meche”

La arquitecta barranquillera Katya González, hija de Ricardo González Ripoll, el mejor amigo del colegio de Gabo y ahijada del autor de Cien años de Soledad, recordó que tras la partida de sus padres su padrino se acercó mucho más a su vida y Mercedes se convirtió en su amiga. 

Así, Katya se hospedaba en su casa en Cartagena y también en la de Ciudad de México. Allí vivió muchos momentos íntimos con ‘Mecha’, como la llama de cariño. 

“A las dos nos encantaba estar actualizadas y por eso veíamos los noticieros de España, Colombia, México y Estados Unidos. Otro plan que nos encantaba hacer era ver telenovelas, eso nos relajaba”.

Sostiene que Gabo tenía una dependencia total de esposa. “Todo se lo consultaba, lo que diga Mecha, lo que diga Gaba, eso es... era una frase que repetía demasiado. Ella definitivamente era el poder detrás del trono, además era muy inteligente, leía demasiado, también le encantaba el cine, la historia, la política, era un google-viviente”.

Algo que Katya mantiene en su memoria son los consejos que le entregaba sobre cómo criar a los hijos y otras situaciones que a  cualquiera le pueden ocurrir. 

“Era una gran consejera, cuando tenía un problema me recomendaba salir a tomarme algo, luego ir al salón de belleza para olvidarme de todo, efectivamente su terapia daba resultado”.

Su nivel de confianza fue tan alto que Mercedes Barcha decía que era su madre postiza. “Siempre monitoreaba a sus hijos y nietos, pese a que Rodrigo vivía en Los Ángeles y Gonzalo en París, era omnipresente”.

También comparte que nunca la vio cocinar, pero entregaba muchas instrucciones, le fascinaba el mote de queso, el arroz con coco y el dulce de mango.

“Era una persona que así estuviera en México o España hacía sentir su Caribe en los fogones”. 

Algo que le llamó la atención es que decidió decorar sus casas y muebles de blanco. “Cuando yo les hice el apartamento en Barranquilla me dijo que con esa viajadera querían sentirse siempre en casa y por eso compraba los mismos muebles, casi todo debía ser blanco, las sabanas también, todo era idéntico”.

“Mercedes fue la otra mamá de Gabo”

El italiano Salvo Basile, actor y productor de cine, y amigo de la pareja, recordó que la voz de Mercedes era autoritaria. 

“Ella lo mandaba, lo zarandeaba, él hacía todo lo que decía ella”.

En su rol de matrona, también destaca a Mercedes como el complemento ideal en la vida del escritor y recalca que fue por ella que Cien años de Soledad se pudo publicar.

“Mercedes fue la otra mamá de Gabo, y no hago esta analogía solo para referirme a ella como esa figura autoritaria, sino porque fue la mujer que le creyó y apostó todo por él, aún cuando nadie lo hacía. Gracias a ella fue que se pudo publicar su mejor obra, porque era una mujer que le ponía el pecho a la brisa”, resaltó el octagenario hombre que en 1968 se radicó en Cartagena.

Explicó que cuando se fueron a vivir a México, en 1965, García Márquez había renunciado a su puesto como editor de la revista Sucesos para dedicarse a escribir su obra cumbre.

A medida que aumentaban las páginas, también crecían las deudas, al punto que para poder alimentar a sus dos hijos Mercedes se endeudó con el panadero, el carnicero y el vendedor de verduras de la colonia San Ángel Inn, donde vivían. “Gabriel está escribiendo un libro, cuando termine seguramente le podrá pagar”, era el argumento que le compartía a sus “culebras”.

Basile también recuerda que una vez sus libros fueron bastante vendidos, Mercedes disfrutaba de las mieles del éxito sacándole chiste a todo. “Una vez me dijo que los chinos eran muy exagerados, porque le habían encargado otras 80 mil copias de El amor en los tiempos del cólera, y sonreía con muchas ganas”.

Sobre el libro que está a punto de lanzar Rodrigo dijo sentirse sorprendido porque el hijo mayor de Gabo le confesó que “nunca se le mediría a hacer una obra inspirada en su papá”, ya que lo catalogaba como un genio irrepetible cuyas obras literarias seguirían mostrando su grandeza, pero los últimos años estuvo muy cerca de sus padres y fue testigo de momentos únicos que merecen darse a conocer, “quizá por eso ahora se atrevió”.

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