El Heraldo
En los letreros callejeros es común encontrar palabras como “bioseguridad” , de uso frecuente por el virus. Archivo
Cultura

El vocabulario que se reactualizó con la pandemia

Con la búsqueda de información y las preguntas en torno a la crisis sanitaria han surgido nuevas expresiones y se ha renovado el uso de las existentes.

La palabra vacuna, que por estos días suena con fuerza en los medios de comunicación y en los deseos de gran parte de la humanidad, proviene del latín vacca, en homenaje al médico Edward Jenner, responsable de inocular por primera vez en 1796 el virus de la viruela bovina a James Phipps, un niño de 8 años.

Se cuenta que esta viruela bovina, que no era letal como podía serlo la humana, se transmitía a las mujeres a través de las ubres de estos animales.

“A finales del siglo XVIII, el hombre comprueba que inyectándole a las personas algo del virus de la viruela de la vaca quedaban inmunizados contra la viruela humana. Este médico fue quien desarrolló la primera vacuna y utilizó el término vacunación”, cuenta a EL HERALDO el historiador Carlos Rodado Noriega.

La palabra “vacuna” no sólo ata a las ubres y a las mujeres lecheras, también liga para siempre a la enfermedad con su cura, o por lo menos al virus con la generación de anticuerpos. Porque, según cuenta la BBC, una vez inoculado, James Phipps contrajo la viruela bovina, y unos días después fue inoculado con la viruela humana y no se enfermó: tal como lo había pronosticado Jenner a partir del comentario de una ordeñadora, que le dijo que no podía contraer la viruela porque ya le había dado la bovina.

Palabras propagadas

Como “vacuna”, hay otras palabras que este año han reclamado su importancia, que estaban latentes y a la espera de una emergencia como la actual para salir a flote en el océano de significaciones y misterios de la lengua.

La Fundación del Español Urgente o Fundéu, entidad patrocinada por la Agencia Efe y asesorada por la Real Academia Española (RAE), lanzó esta semana una lista de “candidatas a palabra del año 2020”, entre las que se encuentran “coronavirus”, “infodemia”, “resiliencia”, “confinamiento”, “Covid-19” y “teletrabajo”.

El listado, del que se seleccionará una palabra definitiva el próximo 29 de diciembre, cumple con varios requisitos: “Por un lado, que sean términos que hayan estado, en mayor o menor medida, presentes en el debate social y en los medios de comunicación. Por otro, que, por su formación, significado o dudas de uso, ofrezcan interés desde el punto de vista lingüístico”.

Rodado Noriega explica que “las palabras son el instrumento a través del cual la gente se entera de lo que está pasando, y lógicamente cuando aumenta el número de contagiados y de muertes producidas por el Covid-19 hay angustia; a su vez, cuando se descubre un tratamiento que resulta ser efectivo de alguna manera, la difusión de la noticia causa cierta tranquilidad entre la gente”.

El historiador señala que palabras como “coronavirus”, “pandemia” y “teletrabajo” tienen un origen griego y latino, “fundamentales en el lenguaje de la medicina”.

“Coronavirus” es un virus que tiene la forma de corona, y “la palabra virus tiene un origen latino que significa ‘veneno’”. Por su parte, “pandemia” tiene dos raíces griegas: “pan”, que significa “todo”, y “demos”, que significa pueblo. En cuanto a “teletrabajo”: “tele” es “lejos” en griego, “de manera que, obvio, es un trabajo que se hace desde lejos o a lo lejos como hacemos hoy el trabajo virtual”.

Rodado Noriega añade que “hay eventos que por lo general en el día a día afectan a una ciudad,  a lo sumo a una región de un país o a un país, pero pocas veces acontece lo que se ha visto con el Covid-19, un mal prácticamente de todo el mundo. Eso ha hecho que se convierta en un asunto de interés y preocupación de todos, y ha dado lugar a nuevos términos y expresiones”.

Dice que entre las muchas que han sido escritas durante el 2020 escogería la palabra “pandemia, de las más mencionadas desde que apareció el Covid-19”. También, “por referirse a todo el pueblo y a toda la humanidad”, considera que “sería la palabra más significativa para describir el virus que nos ha afectado”.

Neologismos y expresiones. María Trillos, lingüista y docente de la Universidad del Atlántico, ha pensado con sus estudiantes “en un recorrido etimológico de las palabras a partir de la aparición del Covid-19”, pues la pandemia “ha originado múltiples neologismos y actualización de palabras y expresiones en todos los 6 mil idiomas del mundo”.

En el caso del español que nos ocupa, Trillos divide en tres aspectos su búsqueda: neologismos, actualización de palabras existentes y expresiones.

Los neologismos son “coronavirus, Covid-19,  teletrabajo, respirador, reinventarse, teleclase, telecita, teleconsulta; y aunque teleclase y telecita ya existían, de todas maneras se reactualizan”.

De este léxico reactualizado hace parte pandemia, “que antes de la aparición del Covid-19 era conocida aproximadamente, yo diría, por un 10% o 15% de la población colombiana. Hoy todo el mundo sabe de ella aunque ignore el origen etimológico”.

A modo de indicaciones y prohibiciones se promueven las alternativas de protección sanitaria. Archivo

“Cuarentena” es otra que se ha reactualizado o vuelto a leer, y pese a que no se refiere a un período de tiempo de 40 días exactos, proviene de los 40 días de aislamiento obligatorio a los que se sometía a las personas o bienes sospechosos de portar la peste bubónica en la Venecia del siglo XV.

Trillos también nombra “bioseguridad”, que “siempre ha existido entre los biólogos e ingenieros pero hoy en día es una palabra del común”; y “asintomático”, un término que había sido “de difícil aceptación, pero hoy es recurrente”. Otra es “virtualidad”, que desde que apareció el internet se difundió, pero hoy “nos invade” a través de los eventos que se desarrollan bajo esta modalidad.

Otro aspecto que destaca la lingüista son los “requerimientos” u “órdenes sutiles” que se han exigido a partir del avance del virus. “Usa tapabocas”, “quédate en casa”, “lávate las manos” ya hacen parte del día a día semejante a los letreros de “prohibido fumar”.

Otras expresiones que destaca Trillos son “personal sanitario”, “casos confirmados”, “casos sospechosos”, “sistema de salud colapsado”, “crecimiento exponencial”; esta última “una expresión matemática, pero hoy no se necesita ser matemático para saber qué significa”. Ya es, como muchas, parte de la jerga médica que se introdujo en lo cotidiano.

Entre las expresiones subraya una por tratarse de “una metáfora muy linda”: “inmunidad de rebaño”, en referencia a una población que ha alcanzado inmunidad colectiva. No obstante, advierte, ha traído confusión cuando se dice que ciertas zona han llegado a ella. El Instituto Nacional de Salud explicó que ello implicaría que al menos el 75% de la población se haya infectado y que, de hecho, estamos “lejos” de alcanzarla.

Trillos agrega que como  palabra del año escogería “una que brinde esperanza”, de manera que “si no es la expresión inmunidad de rebaño”, elige ‘bioseguridad’, “por todo lo que significa la palabra en cuanto al control de la pandemia”.

Eufemismos y usos

El escritor y poeta Joaquín Mattos Omar destaca tres expresiones o palabras que en el ámbito local o nacional han causado impacto. Cuenta que cuando la Alcaldía de Barranquilla autorizó el uso de los gimnasios a partir del 26 de agosto pasado, los medios se refirieron a ellos como “gimnasios biosaludables”. “Se trata de una flagrante redundancia”, dice, y da dos razones: “Primero porque todo gimnasio es por definición un lugar destinado al cultivo de la salud, es un espacio saludable; y segundo porque el neologismo ‘biosaludable’, aplicado a gimnasio o a cualquier otro sustantivo, ya es de por sí una redundancia. En efecto, en dicha palabra, el prefijo ‘bio’ sobra por completo, ya que el concepto de saludable sólo se refiere a la vida y a los seres vivos, salvo en algún sentido figurado”. Por tanto, sugiere que sean llamados, por ejemplo, “ecogimnasios” o “gimnasios verdes”.

Otro término que destaca es “centro”, un concepto “acuñado a finales de la década de 1970 en Europa” y presente en el debate político actual. A propósito de que el presidente Iván Duque “declaró que se autodefinía de ‘extremo centro’” el pasado 30 de noviembre. Mattos Omar precisa que una consideración lingüística de la expresión “extremo centro” nos lleva a rechazarla como una “contradictio in adiecto”. “Si en el espacio político existe el extremo centro, entonces en el plano geométrico debe existir el triángulo redondo”, añade.

Por otra parte, señala que el “eufemismo del año” fue la denominación “homicidio colectivo” usada en lugar de “masacre” a raíz de los asesinatos en masa a población civil del país.

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