Rómulo Bustos Aguirre medita cuando baila dos o tres canciones de salsa antillana. El ganador del Premio Nacional de Poesía 2019 encuentra 'en el acto de bailar' 'una compenetración mística', un viaje a otra dimensión. En su vida todo suena a poesía, hasta el pueblo donde nació, Santa Catalina de Alejandría, en Bolívar. Allá conoció autores como Nathaniel Hawthorne, Mark Twain o Sinclair Lewis. Todo, gracias a los libros que su padre no pudo vender en sus correrías por el departamento del que nunca ha deseado desprenderse.
Sin saberlo, esos autores y las historias que narraban se convirtieron en grandes influencias que hoy hacen parte de su obra.
De moscas y de ángeles (2018) editado por la Pontificia Universidad Javeriana, es una antología de casi 30 años de luchas contra la hoja en blanco y el quehacer, para algunos quijosteco, de parir poesía.
Desde El oscuro sello de Dios (1988) hasta su más reciente Casa en el aire (2017) hacen parte del libro que hoy aplaude de pie la literatura nacional.
Este resultado es 'una visibilización de la lírica del Caribe colombiano. Existe una cierta tendencia a pensar que el Caribe no es territorio lírico sino de narradores', dice Bustos, que desde el Aeropuerto Internacional de Cartagena de Indias habló telefónicamente con EL HERALDO antes de recoger el premio otorgado por el Ministerio de Cultura.
Pregunta: ¿Este es un premio a la persistencia de narrar el Caribe desde el Caribe?
Pregunta: Eso se relaciona con la enciclopedia ‘El tesoro de la juventud’ que llegó a sus manos cuando era un niño y que narraba paisajes lejanos a los suyos. ¿Eso es lo que plasma en su obra?
Pregunta: Hábleme de su pueblo Santa Catalina de Alejandría…
Pregunta: ¿A qué edad se marchó de Santa Catalina?
Pregunta: ¿O sea que se sacrificaron por el bien de la juventud de Santa Catalina?
Pregunta: ¿Cómo se llamaban sus padres
Pregunta: ¿La salsa es poesía?
Pregunta: En su obra ‘De moscas y de ángeles’, ¿qué papel juega el humor?



















