
Pleno empleo para el futuro
Los programas de transferencias condicionadas, como Jóvenes en Acción, sin duda son una ayuda. El objetivo es loable. Capacitar a las futuras generaciones para mejorar sus perspectivas de ingreso y consolidar a largo plazo un mejor crecimiento económico son metas que no pueden despreciarse.
Empero, siempre he cuestionado que estos programas se están llevando a cabo dentro de un contexto de alta informalidad, que resulta de no contar con una base productiva sólida y de la carencia de un mercado nacional extenso. Estos programas son necesarios pero no suficientes. Pensar en el futuro no es malo, pero dejar de pensar en el presente puede implicar peores resultados a futuro. Estos programas deben estar acompañados de unas políticas de creación directa de empleo promovido por el gobierno.
Keynes y Minsky tenían claro que el estado de bienestar no es suficiente. Incluso puede generar inflación, dado que estos programas estimulan la demanda sin contribuir a la expansión de la capacidad productiva de la economía. Seguramente, los montos que maneja Jóvenes en Acción no dan para asumir grandes desequilibrios entre demanda y oferta agregadas en Colombia. Estos programas nos ubican en la tónica de contar con desempleados cualificados que terminan endosando la informalidad. Sencillamente porque no contamos con una base productiva que sea capaz de generar empleo.
Colombia es un país que tiene todo por construir. Autopistas, sistemas de alcantarillados, escuelas, hospitales, puentes, entre otras obras civiles que puedan embellecer nuestros territorios. Todas esas obras pueden colocar millones de colombianos dispuestos y deseosos a trabajar por un salario que garantice una vida decente (1 millón de pesos). La gloria de Franklin D. Roosevelt se debe a que estimuló la demanda vía creación de puestos de trabajos, al tiempo que toda esa infraestructura permitió a las empresas producir con economías de escala, dado que la infraestructura produce grandes ahorros a los inversionistas. Así, la demanda agregada se expandió paralelo a una expansión de la capacidad productiva de la economía. No hubo inflación y la creación de puestos de trabajo del sector privado fue dinámica. Eventualmente, el programa de empleo directo del gobierno federal se redujo dado que el sector privado tomó el liderato.
Toca hacer grandes apuestas en Colombia. De lo contrario viviremos en el mundo de la escasez sin necesitarlo.
*Profesor del IEEC, Uninorte. Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad exclusiva de los autores y no comprometen la posición de la Universidad ni de EL HERALDO.
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