Nadie más tiene la responsabilidad que los jugadores de sacar esto adelante”. Las palabras pertenecen a Guillermo Celis, supongo que para querer asumir en nombre de sus compañeros el compromiso que tienen con la institución, con ellos y con la afición. Una suerte de mensaje retador que logre movilizar la actitud y las aptitudes de sus pares. Y de él, por supuesto.

No tengo dudas de que el propósito de Celis es generoso y valiente, pero incompleto. La responsabilidad no es solo de los futbolistas, también lo es del director técnico y sus asistentes. Y si quisiéramos extender el tema, que no es hoy el objeto de la columna, hay que incluir al cuerpo de profesionales de la ciencia (médicos, fisioterapeutas, sociólogos...) y a los directivos.

En la cancha, está claro, nadie llega más lejos que el que hace, y ese es el futbolista. Por lo tanto, a él le pertenece el desenlace de la ejecución de la jugada, para bien o para mal. Pero, antes de que llegue ese momento, el entrenador ha tenido que planificar, elegir a los jugadores que según su análisis pueden complementarse mejor; le corresponde diseñar un método de entrenamiento para lograr una evolución, individual y colectiva, en su nivel físico, táctico, técnico y mental. Ese entrenador, además, deberá escoger los jugadores y momentos para realizar las sustituciones; ha tenido que liderar la convivencia diaria.

En fin, de ninguna manera, el loable interés de Celis de hacerse cargo exime al técnico y a sus técnicos adjuntos. Es una misión conjunta. No solo estar cerca, sino conectados. Unos y otros desde sus virtudes y obligaciones deben conseguir una verdadera sinergia, una perfecta simbiosis que los acerque a una armoniosa coreografía. A funcionar como un buen equipo y a conseguir los mejores resultados.