El Heraldo
Personas recorren una zona veredal transitoria. Colprensa
Colombia

Este primero de agosto terminarán las zonas veredales y siguen en construcción

Sobre el caso de La Guajira-Mesetas, que según el informe estaría en un 5 %, se están adelantando hasta ahora los trabajos de adecuación y nivelación del terreno. 

Faltan un poco más de 15 días para que las zonas veredales de normalización que se crearon para hacer el proceso de dejación de armas de las Farc desaparezcan. El primero de agosto serán conocidas como Espacios Territoriales de Capacitación y aún no se ha culminado con su adecuación.

El Mecanismo Tripartito de Monitoreo y Verificación en su octavo informe, que comprende lo realizado hasta el pasado 7 de julio, hace referencia a cómo se avanza en el proceso de construcción de estos lugares, y lo hace teniendo en cuenta los aspectos de energía, urbanismo, adecuación de terreno, área de salud, de recepción, administración, almacenes, bodegas, cocina, aula, comedor, áreas de esparcimiento, agua, saneamiento y área de combustible.

Sobre estos temas sacaron tres categorías: las zonas que están en rojo, es decir que registran un avance de 0 al 25 %; las de amarillo, que son las que están entre el 50 y el 75 %; y las verdes, que están entre el 75 % y el 100 %.

Las zonas veredales de La Guajira-Mesetas, en el Meta, Betania II-Policarpa y la de Los Monos y Santa Rosa-Caldono, en el Cauca, son las tres que están en rojo; mientras que Monteredondo-Miranda y El Ceral-Buenos Aires, en el Cauca, La Fila-Icononzo, en Tolima, y Caño Indio-Tibú, en Norte de Santander, permanecen en amarillo.

Sobre el caso de La Guajira-Mesetas, que según el informe estaría en un 5 %, se están adelantando hasta ahora los trabajos de adecuación y nivelación del terreno y para el caso de Betania II-Policarpa, que estaría en un 10 %, dice que hay una paralización.

“En cuanto a los campamentos Betania I y II que serían asignados a personal de las Farc-EP en situación de privación de libertad,  se ha reportado la paralización de las obras de los dos campamentos por asuntos técnicos y el mal estado de las vías de acceso que dificulta la llegada de los equipos y materiales a la zona. Actualmente ingenieros del ejército están identificando medidas para solucionar esta situación”, se lee en el informe.

Carlos Córdoba, gerente de las Zonas Veredales, recuerda que para los casos de “Mesetas y Caldono tocó hacer un campamento adicional, entonces  estamos todavía en obras”.

Para el Mecanismo, solo las Brisas -Carmen del Darién y Riosucio, en Chocó, La Variante-Tumaco, en Nariño, El Yarí-La Macarena, en el Meta, y San José de Oriente-La Paz y Manaure, en el Cesar, estarían terminadas en un 100 %.

Pero esa es la visión que tienen ellos, otra es la que tienen desde la Fundación Paz y Reconciliación que hace parte de ‘La Iniciativa: Unión por la paz’, un grupo de diferentes sectores que hace seguimiento al cumplimiento de los acuerdos.

Sobre este tema, dice Ariel Ávila, coordinador de la Fundación, que ellos señalan el avance no solo a nivel interno de las zonas sino la infraestructura que las rodea y por ello concluyen: “Hay unas muy atrasadas, otras con avances importantes, pero ninguna está terminada”.

“La del Yarí está adelantada, pero hay problemas de movilidad importantes, la carretera está muy mal y el servicio de agua no estaba del todo garantizado. La de Pondores, en La Guajira, también está bastante adelantada. La del Chocó está bastante adelantada, pero para llegar es muy difícil, toca por lancha y los niveles de seguridad son muy complicados. La más atrasada en lo que hemos visto es la de Caño Indio en Tibú”, afirma.

Por lo anterior, dice Ávila, se ha visto la “total inoperancia del Estado”. Desde el Gobierno se ha resaltado en varias ocasiones que también se debe entender que son zonas muy alejadas y con accesos que dificultan su operación, pero para Ávila eso no es excusa.

“El Gobierno lo que dijo fue ‘entre más lejos estén, mejor’, y claro, entre más lejos estén más difícil de adecuar, pero el Gobierno sabía que eso iba a ser así. Eso significa muy mala planeación”, dice.

Para el senador Iván Cepeda, quien ha recorrido las zonas, también falta mucho por hacer, pero resalta el trabajo y el esfuerzo que ha hecho el grupo guerrillero para acomodarse a las condiciones.

“Es gracias al trabajo que han hecho las personas de las Farc que se han ido concluyendo muchos de los trabajos básicos de adecuación, en términos de dotación de servicio de agua y de las condiciones básicas para poder hacer de esos sitios lugares de permanencia”, dice el congresista.

Claro está, que entre los acuerdos que se han venido haciendo durante todo este tiempo, las Farc se comprometieron a hacer sus propios campamentos y el Gobierno las áreas comunes.

“Tenemos 21 campamentos ya recibidos, este fin de semana nos entregan dos más, nos quedan faltando básicamente cuatro entre los que están el de Mesetas II, el de Policarpa y el de Caldono II, y se tienen que estar terminando de aquí al 31 de julio”, afirma Córdoba, el gerente de las zonas.

Lo cierto, es que para personas como Cepeda, el Gobierno tiene que esforzarse mucho más. “Ha habido un esfuerzo, eso es innegable, pero ese aspecto fundamental del compromiso del Gobierno ha estado signado por el incumplimiento. Es importante decirlo no con ánimo de hacer críticas arbitrarias al proceso de implementación, sino simplemente para advertir que es necesario redoblar los esfuerzos para que se logre este periodo tan importante que viene a partir de la transformación de zonas veredales a zonas de reincorporación”.

Los espacios territoriales

Pero, ¿qué es lo que pasará en las zonas veredales? Lo que definió la Comisión de Seguimiento Impulso y Verificación fue lo siguiente: “Los Espacios Territoriales de Capacitación –su nuevo nombre–, servirán para capacitar a los integrantes de las Farc para su reincorporación a la vida civil, preparar proyectos productivos y atender las necesidades de formación técnica de las comunidades aledañas, en un modelo de reincorporación comunitario”.

En términos prácticos, desaparece la figura jurídica de las zonas veredales, que ponía restricciones de ingreso a las zonas, y a partir del primero de agostos, todos los colombianos podrán ingresar sin ningún problema como en cualquier lugar del país. Y las Farc se quedarán en estos lugares para capacitarse.

Teniendo en cuenta esto, dice Cepeda, “el problema de la adecuación no va a ser el prioritario a pesar de que puedan seguirse desarrollando labores de esa adecuación, lo que tiene que ocurrir en esos lugares es que se desarrollen los proyectos de reincorporación y que se tengan condiciones mínimas de seguridad”.

En ese mismo sentido, y con los resultados del censo de las Farc que señalan que más de 7 mil personas no tienen vivienda a dónde llegar, no se hace lejana la idea de que estos espacios se conviertan en sus lugares permanentes, al menos así lo cree Alejo Vargas, el director del Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz de la Universidad Nacional.

“Evidentemente hay muchas de ellas que parecen estar siendo pensadas –que creemos que está muy bien– para que sean como la base de unos nuevos poblados después de agosto, esto en la medida de que ya se termina con esa especie de imposibilidad de que vayan otras personas ajenas a ellos. Eso me parece que puede llevar a que cada vez más se vuelvan un sitio de vivienda y de nuevas poblaciones en esos territorios”, considera Vargas.

Sin embargo, para Ariel Ávila, si sucede que estas zonas más allá de ser usadas para capacitar a los miembros de las Farc se convierten en sitios permanentes para ellos, sería una consecuencia de que no exista un plan de reincorporación claro.

“Son lugares para garantizar una reincorporación más o menos exitosa de los miembros de las Farc, pero eso no es el proceso de reincorporación. Mesetas es complicado, el Yarí es lejísimos, es decir, ahí no van  a ser los proyectos productivos porque ahí no hay comercio. Si va a montar un proyecto de piscicultura, por ejemplo, ¿a quién se lo vende?, ¿al Clan del Golfo?”, dice.

Las zonas, afirma, desde su inicio se crearon con un objetivo de seguridad y no de reincorporación,  y si han cambiado las condiciones ha sido por las circunstancias. Por ello, cree que si realizarán sus proyectos tendrán que irse a lugares en donde tengan verdaderas posibilidades de llevarlos a cabo con éxito. Además, dice, no se tiene claro cuántos miembros de las Farc estarían interesados en quedarse en estas zonas.

Por lo pronto, faltan solo dos semanas para que las zonas veredales desaparezcan, y lo más seguro es que los trabajos en estos nuevos Espacios Territoriales de Capacitación continuarán, mientras se esperan respuestas claras para que los más de 10 mil guerrilleros puedan definir lo que será su futuro.

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