Las pequeñas cosas
Tal vez por eso conviene recordar lo que distintas tradiciones espirituales han repetido durante siglos. La vida no siempre mejora acumulando cosas extraordinarias, sino aprendiendo a reconocer el valor de lo que ya tenemos.

Tal vez por eso conviene recordar lo que distintas tradiciones espirituales han repetido durante siglos. La vida no siempre mejora acumulando cosas extraordinarias, sino aprendiendo a reconocer el valor de lo que ya tenemos.
El liderazgo que desprecia la pausa y se refugia exclusivamente en la defensa termina configurando una forma de gobernar en la que la justificación permanente desplaza todo lo demás.
Pero apenas se guardan los disfraces y se silencian las orquestas, el calendario cambia de registro. El baile se apacigua, la maicena se barre y la ciudad recupera su rutina habitual. No es solo el final de una fiesta; se abre un periodo que contrasta con lo que acaba de ocurrir.
Conviene, entonces, bajarle un poco a la búsqueda de interpretaciones y mensajes, celebrar el espectáculo si se quiere, criticarlo si hace falta, pero sin exigirle más. La música no está obligada a derivar en programa político, ni los artistas en referentes morales de su tiempo.
Ese breve recorrido personal ayuda a entender algo central en la trayectoria de Miles Davis. Cambió de sonido, de formato y de músicos con una frecuencia poco común, pero nunca lo hizo a la ligera. Detrás hubo propósito y una disciplina rigurosa.
Revisar el pasado con rigor invita a evitar diagnósticos perezosos. Eso debería constituirse en una condición mínima para discutir con seriedad, y así evitar que el debate político se convierta en una sucesión de eslóganes llamativos que parecen responder únicamente a estrategias electorales.
Lo preocupante es que esa situación no parece responder a una dificultad técnica o presupuestal insalvable, sino a una indolencia compartida, que no distingue entre autoridades y contratistas, como si el problema dejara de existir por el solo hecho de ser provisional.
Vivimos tentados a opinar de inmediato, a indignarnos sin pausa y a cargar emocionalmente con problemas que exceden nuestra capacidad de acción. Eso no nos hace más conscientes ni más comprometidos, solo más vulnerables al desgaste.
Eliminar o al menos moderar las actitudes egoístas, puede ser un buen propósito para este año que comienza. Tal vez baste con eso: con pensar dos veces antes de actuar, preguntarnos a quién afecta lo que hacemos y aceptar que vivir en sociedad implica, en ocasiones, renunciar a una comodidad personal.
Confío en volver a trotar pronto, cuando el cuerpo lo permita. No para recuperar tiempos ni distancias, sino para restablecer una rutina que demostró tener, más allá de cualquier duda, un impacto más profundo del esperado.