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Así es la peligrosa y hermética vida en un laboratorio de pruebas Covid

EL HERALDO conoció de primera mano el proceso de detección del nuevo coronavirus que realizan siete científicos en la Universidad del Atlántico.

No hay margen de error. Manipular el virus que tiene en jaque al mundo significa ignorar los talles que hace en la piel los elásticos de las máscaras, sobreponerse  a los dolorosos entumecimientos y hormigueos en los nervios de la muñeca producto de las horas de esfuerzo en posiciones incómodas y el obviar la intensa fatiga que causa en el cuerpo el trabajar largas jornadas con cientos de tubitos que podrían contener al ‘bicho’ que ha matado más de un millón de personas en el mundo. Toda una labor titánica, desgastante, hermética y que implica demasiada responsabilidad. De lo contrario, es permitirle una grieta a la muerte.

El trabajo en mención, un oficio perfeccionado prácticamente sobre la marcha y  de descubrimientos constantes, es algo  que aterra y llena de dudas a cualquier persona ajena al mundo científico y molecular debido a que el solo hecho de estar ad portas de ingresar a un laboratorio de biología molecular nivel III –un recinto de contención donde se manipulan agentes biológicos potencialmente peligrosos como el caso del nuevo coronavirus– hace que florezcan todo tipo de temores.

Los carteles advierten del riesgo biológico, pero ellos están convencidos de lo importante de continuar su valiente misión.

“La vida en un laboratorio de detección de SARS-COV- 2 es igual que en cualquier laboratorio donde se manejen agentes infecciosos. Implica disciplina, responsabilidad y todo el rigor que se requiere para evitar accidentes. Para quien ha estado trabajando en esta área y tiene la experiencia es parte de su rutina; para quien llegó a trabajar en diagnóstico, con el ritmo que se maneja, es todo un proceso de entrenamiento y aprendizaje permanente. Más que miedo, lo que se siente es la responsabilidad de la prevención. Sin eso no hay cuidado posible. Y ese temor no por la vida propia, sino por la familia y lo que podría llegar hasta ellos desde el laboratorio”, explica la coordinadora y analista del área de Extracción de ARN viral Karina Castellanos Romero, quien hace parte del equipo de siete científicos de la Universidad del Atlántico que trabajan en el laboratorio.

Los científicos manipulan las muestras en cabinas. Orlando Amador

Protocolos

Para los distintos científicos que trabajan en estos laboratorios, toda persona que llega del exterior es más contaminante que lo que pueda haber en su recinto de labores. Su pensamiento tiene lógica aunque suene irónico. Ellos cumplen estrictos protocolos de bioseguridad para evitar ser contagiados, por lo que es apenas obvio que se sientan más seguros debajo de varias capas de guantes, polainas, gorros y trajes especiales, que en contacto con otras personas que, a lo mejor, no cumplen con las recomendaciones sanitarias. Debido a lo anterior, los  analistas de desembalaje solo salen a recoger las muestras cuando el técnico que transporta las cavas se ha alejado de la mesa.

“Los resultados se pueden tener en 24 horas, el problema es que las muestras a veces llegan luego de tres días de ser tomadas y eso no cumple con los protocolos. Por ende, no las podemos procesar.  Lo otro que sucede es que las muestras no fueron bien realizadas y tenemos que rechazarlas”, contó Roberto García, biólogo y docente de la Universidad del Atlántico.

Dentro del laboratorio, en el cual hay distintas temperaturas por cada sección, las muestras son manipuladas en unas cabinas que evitan, a través de un sistema de  aire dirigido, que los operarios sean salpicados por los aerosoles infecciosos. Cada maniobra la hacen con suma seriedad para evitar el mínimo riesgo.

“El virus no puede salir de los viales o las cabinas de bioseguridad y por eso todos los protocolos que manejamos. Incluso las áreas y superficies dentro del laboratorio no se deben contaminar. Si el trabajo se realiza como debe ser, esto no debe acontecer”, aseguró Castellanos.

Los operarios manipulan las muestras. Orlando Amador

En esos procesos, las muestras aprobadas son organizadas en gradillas para eliminar o inactivar cualquier agente infeccioso acompañante de los medios de transporte físico donde está el virus. Posteriormente, ingresan a un horno con una temperatura de 70 grados centígrados y luego se le asignan códigos para pasar las muestras a etapa de extracción del material genético (ARN) para su análisis.

“Ahí está la diferencia con los médicos y el personal asistencial en general. Ellos trabajan en contacto directo con la fuente del virus (los pacientes). Es más difícil para ellos porque no hay forma de controlar las variables de riesgo, como si lo hacemos nosotros,  virus confinado en una muestra en vial”, explicaron.

Según información entregada por la Universidad de Atlántico, el Laboratorio de Investigación en Biología Molecular ha procesado más de 3.500 pruebas, de las cuales más de 1.200 fueron interpretadas como positivos y un poco más de 2.000 como negativas.

El recinto recibe muestras de al menos cuatro departamentos.

El virus no se ha ido

A pesar de la disminución de casos positivos y de muertes en Barranquilla y el Atlántico, los científicos son claros al momento de recordar que el nuevo coronavirus no ha desaparecido y es clave que cada persona siga cumpliendo con los protocolos de bioseguridad. “Lo más gracioso es pensar que era una invención, que el virus no existía o que fue diseñado para acabar con la población”, dijo la bióloga Karina Castellanos.

Según información entregada por la Gobernación del Atlántico, en el departamento se han registrado 29.461 casos positivos por Covid-19 al corte del pasado 2 de octubre.

Un operario interpreta los resultados obtenidos. Orlando Amador
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