El Heraldo
Sucre

El hombre que hizo llover plata en 1974 vive hoy en la sequía económica

Este ganadero y algodonero de Sincé que llegó a tener las mejores fincas y las mejores reses, hoy vive de los recuerdos.

El martes pasado los vecinos de Fernando Navarro Navarro en San Pedro, Sucre, pensaban que él había salido pues no estaba sentado en su trono, una silla que ubica desde hace décadas en la terraza, y en la que trata de apaciguar el calor que se hace más insoportable por su sobrepeso.

 Fernando, mijo, te buscan. Deja la sopa quieta y ven a atender, le dice una señora que abrió la puerta ante el llamado de unos forasteros. Su mirada fue amable, pero a la vez pícara, como si ya supiera a quién buscaban.

 No pasó más de un minuto cuando un hombre  alto, con apariencia de charro mexicano, llegó hasta la sala apoyado en un bastón que lo acompaña desde hace tres años cuando le diagnosticaron artrosis.

 Se presentó y, sin un prólogo o introducción, comenzó a hablar del algodón, el tema que, según él, es el que más le apasiona.

 Los buenos tiempos. Navarro cuenta que en 1963, cuando llegó de Sincé junto con su familia, se dedicó al cultivo del algodón. Alcanzó a sembrar 350 hectáreas, de cuya producción guardaba mensualmente 10 mil pesos, que hoy equivalen a  20 millones de pesos.

 En la actualidad sus ingresos no superan el millón de pesos, pero empezó a cargar la fama desde que se le ocurrió regalar en una corraleja lo que ganaba en un mes. “Vivo del recuerdo y lo poco que me quedó de la bonanza”.

 Tiene 77 años de edad, su caminar es débil y su poder se limita a los grupos religiosos que lidera y el mando en su residencia.

 El cultivo de algodón iba para arriba, dice Fernando, y como sinceano que se respete había que hacerle una ofrenda a la Virgen del Socorro, patrona del pueblo.

“Quería algo diferente, que hiciera historia, que todos lo recordaran. Para 1974 le ofrecí una corrida de toros, no fue igual a las anteriores ni mucho menos a las que vendrían, esa tarde hice que lloviera plata”, dice entre risas, al tiempo que trata de atajar las gotas gruesas de sudor que ruedan por su prominente barriga.

 Navarro tenía una ganadería llamada Las Palmas. Un mes antes de las fiestas patronales viajó a Montería en busca de 40 toros de media casta y criollo en los que invirtió 400 mil pesos. También compró 40 cajas de whisky, 70 de ron Tres Esquinas y otras de cigarrillos; y mandó a estampar 300 camisetas blancas con letras verdes que decían “Las Palmas”.

Comienza el jolgorio. Ese 22 de septiembre paseó por el pueblo su bus que llevaba entre sus pasajeros los músicos de la banda 8 de septiembre, de Sincé. Todos despertaron animados y en cada esquina repartían ron. A las 10 de la mañana un grupo selecto asistió a la recepción que brindaba “el patrón”, como muchos lo llamaban. Esa tarde comieron dos vacas y el ron se multiplicaba como en las bodas de Caná.

La lluvia.  Fernando, de 37 años para ese entonces, bailaba al son de los mejores porros, saludaba y gozaba de lo que para muchos de sus contradictores, los conservadores, era una repentina popularidad. Ante los comentarios, guardaba silencio.

 Quince días antes había hablado con unos aviadores amigos que durante años fumigaron sus cultivos de algodón: Jaime Garzón y Carlos Anaya. Los necesitaba para una labor similar, pero con billetes.

 “Cambié 10 mil pesos en billetes de un peso en el Banco de la República, luego los llevé a la tipografía donde me hicieron un sello y se lo coloqué a todos los billetes. Decía: Fernando Navarro Navarro, Sincé, septiembre 22-74”, relata.  

 A las 2 de la tarde se ubicó en el primer piso de la corraleja con cerca de 200 amigos, entre ellos el ganadero más reconocido en la región: Arturo Cumplido (fallecido). Su plan solo lo conocía un reducido grupo de allegados y su esposa Nelcy Álvarez.

 Una hora después y como buen católico, afirma: A la hora de la Misericordia” dos avionetas salieron de la nada volando a ras del tercer piso de las corralejas.

 Antes de eso, el espectáculo se centraba en “El Negro” Rocha, “Loco Ramos” y “Cuarto Bate”, que simulando un juego de niños, saltaban, toreaban y banderrillaban a las bestias de 480 kilos.

 Del cielo, y como si se tratara de un aguacero, caían los billetes que no alcanzaban a formar nubes por el viento que salía del motor de las aeronaves, recuerda Luis Fernando Soto, un sinceano que para ese entonces era un adolescente que iba de la mano de su papá a las corralejas.

 La muchedumbre corría en busca de su botín, hasta los zapatos servían de cartera para guardar el dinero que literalmente caía del cielo.

 Ante el espectáculo, los miembros de la junta directiva, todos del Partido Conservador, decidieron sabotear la tarde de toros. Sobornaron a los manteros y banderilleros para que suspendieran la corrida, por lo que 26 toros quedaron sin jugar, mientras los espectadores enardecidos buscaba una explicación que nunca fue dada.

 Tiempo después Navarro entendió que se trataba de una jugada política, pero aun así había logrado su objetivo.

 Tuvo fincas, los mejores carros, para aquel entonces hasta un Nissan, ganado y  un cultivo que parecía rendir como el arroz.

Hoy sus recuerdos son su mayor tesoro y entre ellos uno de los billetes de pesos que repartió, la invitación a la recepción y 46 telegramas que recibió de personalidades y gente del común que lo felicitaban por su gran tarde y en los que también le pedían una repetición.

“No me arrepiento de haber regado billetes porque mi economía se fue a pique no por esa ofrenda a la Virgen del Socorro, sino porque que el algodón cayó a nivel nacional. Si volviera a nacer, haría llover otra vez plata en Sincé”, sostiene.

Estos son algunos de los billetes que regaló. Tienen un sello con su nombrey la fecha.

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