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Samia Jadad, de 10 años, posa en su casa con su perrita Luna.
Orlando Amador.
Sociedad

Samia Jadad, la niña guardiana del Zoológico de Barranquilla

Con 10 años la pequeña lideró una exitosa campaña de recolección de fondos para ayudar al sostenimiento del lugar en la pandemia.

Mientras que otros niños solo se divierten jugando con las muñecas o al fútbol, yendo a playa o a un parque, Samia Jadad Tamer encuentra su mayor disfrute en la naturaleza, en los animales y en el Zoológico de Barranquilla.

La barranquillera, de 10 años, en medio del aislamiento preventivo obligatorio asumió el reto de alzar su voz a favor de la preservación del icónico lugar, que se encuentra en crisis económica y que cuida a alrededor de 800 animales de 130 especies.

A sus dos años fue por primera vez con su padre, el odontólogo Enrique Jadad, a conocer los animales que allí viven. Desde ese momento cumple la cita, casi infaltable, de recorrer cada sábado el lugar.

Enrique resalta que Samia, su hija menor, se emocionó mucho en la primera visita, y que percibió que este iba a convertirse en el lugar preferido de ella, ‘‘donde iba a encontrar tranquilidad’’.

‘‘Samia cuando era más pequeña fue imagen del Zoo. Su rostro estaba en paraderos de buses y en vallas. Eso hizo que tuviera un sentido de pertenencia, siente que ese lugar es parte de su vida’’.

Sus hermanas mayores, Vanessa y Nicolle (la cantante Coco Jadad); su madre, Jennie, entre otros familiares, se unieron al deseo de proteger el parque, al mismo tiempo que se sorprendieron del liderazgo que la pequeña ha demostrado desde temprana edad.

Lo que más le gusta a Samia, según cuenta, es que este espacio cuida de animales rescatados que han sido víctimas del tráfico ilegal de especies.

‘‘Cuando voy todos me reconocen, el elefante, mi animal favorito y mi mejor amigo, se acerca cuando lo llamo y los otros animales siempre se asoman cuando llego. Yo tengo un orden: siempre visito primero al león, luego al avestruz y de último a Tantor, el elefante’’, cuenta Samia.

La niña, que cursa quinto grado en el Colegio Marymount, relata que cuando se enteró de que el Zoológico iba a cerrar sus puertas lloró, donó sus ahorros y, de inmediato, ideó una estrategia para que todos los colombianos aportaran a su sostenimiento.

‘‘Es un lugar muy especial para mí y quería seguir yendo. A nosotros, los niños, el Zoo nos da mucha emoción, conocimiento y felicidad porque podemos estar más cerca de las especies. Los trabajadores son como parte de mi familia y son muy alcahuetas conmigo, sobre todo Rafael Hernández, quien cuida a Tantor (el elefante)’’.

Samia empezó su “misión” con sus amigos cercanos y su comunidad educativa, por lo que hizo una presentación digital junto con sus compañeras Amalín Fraija, Valentina Martínez-Aparicio, Lucciana Nicolella y Alicia Yepes para que todos desde sus casas realizaran donaciones.

‘‘Después mi papá compartió el mensaje con sus amigos y en internet. Hice varios videos dentro del Zoo para que la gente viera la necesidad que se tenía y se animaran a donar. Fue creciendo la campaña hasta que llegó el punto de que el Zoológico abrió sus puertas. Ahora mi curso adoptó a La Taira, un mamífero pequeño’’.

Varias empresas colombianas acudieron al llamado de Samia, personas desde España, Alemania, Estados Unidos, entre otros países, también hicieron su aporte, y los medios de comunicación resaltaron su labor y transmitieron su mensaje. ‘‘Esto no debe parar. El virus sigue y no mucha gente puede ir al Zoo, así que hay que seguir donando para que pueda mantenerse abierto’’.

Sobre esta labor, el Zoológico de Barranquilla ha resaltado a Samia como una gran ‘‘amante de la naturaleza”' que comparte su ‘‘pasión por los animales’’.

Hoy, a su corta edad, no titubea al decir que en algún momento tendrá un santuario para que los animales rescatados o enfermos puedan sentirse como en casa. Le encanta la manera en la que estos se comunican y la diversidad que puede encontrar.

Samia también disfruta bailar al ritmo del Carnaval de Barranquilla, pintar, inspirándose en la naturaleza y en los animales, cocinar y diseñar, según dice. ‘‘También me encanta jugar con mi perrita Luna y hacer otras actividades recreativas con mi mamá’’.

Jennie Tamer, su progenitora, comenta que es tanta su pasión por el arte que en un principio le decía que quería estudiar alguna carrera afín con este. ‘‘Yo he pintado durante toda mi vida, entonces ella se ha sentido cercana a este mundo, le encanta ir a museos y conocer la historia del arte’’.

Reconoce, sobre la labor de Samia en pro del Zoo que se siente profundamente orgullosa por su facilidad para expresarse, su cercanía a las cámaras y, sobre todo, su deseo de obtener todo lo que se propone.

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