El Heraldo
Cesar

En Codazzi solo quedan las ruinas de bonanza algodonera

"Invadidas por la maleza y en el olvido están las instalaciones donde funcionaba la Corporación Algodonera del Litoral, Coral, una de las empresas más importantes en la época de oro en Codazzi, que llegó a ser el primer productor de la mota blanca en Colombia.s:

Entre 1960 y 1984 la Federación Nacional de Algodoneros tuvo en Codazzi su mayor auge, a raíz de la bonanza de la mota blanca que para la época ostentaba este municipio del Cesar.
Hoy sus instalaciones están muy lejos de la próspera  infraestructura que movía miles de millones de pesos con la producción y comercialización de la fibra y a cambio, en las ruinas de las grandes bodegas, en sus alrededores se ubican decenas de familias invasoras, como muestra del pobre panorama de la localidad.

En 1953 empezaron a llegar los primeros tractores, los campos en Codazzi se forraron de blanco y se convirtió en el principal productor de algodón en el país con 60 mil hectáreas sembradas a mediados de los 70.

Pero llegó la crisis y toda la riqueza y dinamismo económico se vino a pique. Entre 1991 y 1992, los productores de algodón perdieron más de 20 mil millones de pesos, debido a las insuficientes medidas del Gobierno para enfrentar
problemáticas relacionadas con el fenómeno de El Niño, la apertura de la economía, el recrudecimiento de la violencia y la aparición de cultivos ilegales a pocos kilómetros de allí, en la serranía del Perijá.

La Central Algodonera, Cenalgodón, cerró las desmotadoras en Valledupar, Bosconia, El Copey y Codazzi. La caída de la producción en casi un 50%, era el principio del fin de los años dorados en Codazzi.

De la desmotadora también solo quedan los recuerdos. Julio Cuestas, un vendedor de loterías en las calles céntricas de Codazzi, tiene hoy 70 años, pero en su mente aún tiene claro lo que ocurría hace casi medio siglo, cuando en las calles de la población se vivía la bonanza. “Los camiones hacían fila para cargar el algodón, había trabajo y todo era progreso”, dice con nostalgia.

Julio, fue uno de los miles de jornaleros de las fincas algodoneras. Había quienes sembraban, otros recogían, administraban haciendas, el comercio giraba en torno a la actividad. La demanda era tanta, que tuvo que venir gente de los santanderes y de toda la geografía costeña, para hacerle frente a la gigantesca producción.

El panorama es desolador, las tierras están áridas, los lugareños viven en su mayoría de la informalidad, y de aquello, que parecía ser una inagotable fuente de ingresos, solo quedan las ruinas.

En medio de la maleza están las antiguas instalaciones de las empresas que tenían el poder en el engranaje de la riqueza algodonera. Desmotadoras, bodegas, básculas, comercializadoras y centros de acopio de fibra e insumos, son muestra del otrora municipio ‘blanco’ de Colombia.

Manuel Torregrosa, otro habitante, señala que “recuerdo los buses que llegaban con recolectores de todas partes, los tractores y campesinos trabajando. Se respiraba otro ambiente”.
La plata llegaba en costales a las haciendas para pagar a trabajadores. En la década de los 80, comenzó el fin de ese auge que tocó fondo entrando los 90, con una apertura económica que puso en desventaja a la producción nacional respecto a las cotizaciones internacionales.

MUESTRAS DE LA DECADENCIA. En la década de los 70, el algodón llegó a ser el producto más importante en el Cesar. Sin embargo, tres décadas después, se había reducido a su mínima expresión. De las 125 mil hectáreas que tuvo el Cesar en 1978, en 2002, solo registraba mil 836 hectáreas cosechadas.

La decadencia dio al traste con empresas tan significativas como la Corporación Algodonera del Litoral, Coral. Hoy sus predios tienen un letrero de ‘se vende’, y en el fondo una infraestructura solo con unas paredes ruinosas y enmontadas. Al lado, unas bodegas, y en el suelo señas de la mota blanca.

En esta misma situación también se encuentran las instalaciones del Instituto de Mercadeo Agropecuario, Idema; la Cooperativa Agropecuaria del Caribe, básculas y otras infraestructuras comerciales y empresariales que se abrieron campo en la riqueza del algodón, pero que como la caída del renglón, igualmente se precipitaron a la quiebra.

Que se decida

El presidente del Comité Agropecuario del Cesar, Dagoberto Poveda, manifestó que falta que el Gobierno Nacional se decida si va a apoyar o no al algodón, que se defina una política para que los productores puedan motivarse y recuperar parte de lo que el Departamento fue como despensa de este cultivo. Las tierras están, la vocación existe, pero no hay condiciones para sembrar. El elevado precio de los insumos, las políticas de créditos, la falta de riego, los fenómenos climáticos y las importaciones dieron al traste con la bonanza de este producto. Las áreas de siembra del algodón se redujeron a su mínima expresión en un departamento que como este cultivó hasta 125 mil hectáreas, hoy el panorama es desolador. “Estamos en un sistema tropical seco, con seis meses de verano, sin riego no es posible una agricultura productiva y competitiva”, señaló Poveda, al indicar que el clima y las plagas también han sido factores negativos para este renglón.

Por Miguel Barrios
 

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