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Hansel Vásquez
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Pedro Gutiérrez: el decano de la ingeniería barranquillera

Este ingeniero civil de 72 años ha dedicado 50 de ellos a trabajar por el crecimiento de la Costa caribe y el país a través de su profesión. Hoy celebra sus bodas de oro profesionales y se siente agradecido por su recorrido.

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Desde el noveno piso de la oficina de Pedro Gutiérrez se observa el Río Magdalena. Ahora que Barranquilla regresa su mirada hacia este, el ingeniero puede verlo desde su ventana y recordar todos los proyectos que ha realizado para destacar su importancia.  

Este barranquillero cuenta que ha participado en “todos los proyectos” que se han adelantado en el puerto de la ciudad. En 1986 dirigió la creación del Laboratorio de Ensayos Hidráulicos de Las Flores, lugar en el que se desempeñó como su director durante 12 años. Allí, el ingeniero civil  estuvo al frente de todas las actividades de estudio, diseño, contratación y gerencia de las obras del Dique Direccional, siendo este uno de los proyectos más significativos  que se han ejecutado en el país alrededor de la rama de la ingeniera hidráulica. 

A su cargo, y por medio de su empresa, Ingeniería de Proyectos SAS, también estuvo al frente de las  interventorías de las obras de profundización del Canal de Acceso al Puerto de Barranquilla, de la Asociación Público-Privada para la recuperación de la navegabilidad del río Magdalena y de los dragados de los canales de acceso a los principales Puertos Marítimos del país: Buenaventura, Barranquilla, Cerrejón, Tumaco, Puerto Bolívar y Río Córdoba, entre otros proyectos. 

 “Volver a mirar al río era otra  deuda que tenían los administradores y nuestros planificadores urbanos que siempre le dieron la espalda. Hoy día Barranquilla se va a mostrar ante el mundo como una ciudad que está al lado del río y con las obras que se continúan haciendo con el Malecón y la conexión ahora con Mallorquín, se va a mostrar una cara distinta a la Barranquilla de años anteriores”.

De hecho, Pedro cuenta que recientemente el Distrito les “entregó” la interventoría de obras de la primera etapa de la Ciénaga de Mallorquín, cuyo proyecto acaba de iniciar y manifiesta que espera tener “el mismo éxito” como con los anteriores proyectos. 

También ha trabajado en proyectos de infraestructura vial, educativa, de salud y construcciones institucionales. Para él, es importante que en Barranquilla se sigan recuperando los parques y edificaciones como, por ejemplo,  el edificio de la antigua Gobernación para “mantener la historia” a través de su infraestructura.

Además de aportar al crecimiento de la ciudad y el país a través de sus obras, ha trabajado internacionalmente en países como Panamá y República Dominicana. Entre sus planes está llegar a Ecuador y Perú con su compañía. 

 

Hansel Vásquez
Una empresa familiar que cumple 36 años

En 1985 decidió emprender y a su ‘barco’ se sumaron Clarena Rojas y José Sierra. Ellos hoy día siguen vinculados a la empresa que actualmente cuenta con 350 empleados, distribuidos en todo el país. 

“Durante la pandemia hicimos el esfuerzo de no despedir a nadie. Creo que hemos tenido la bendición de no tener muchas complicaciones relacionadas con el Covid. (…) Desde agosto de 2020 estamos trabajando presencialmente con las limitaciones y medidas de bioseguridad que impone el Gobierno”. 

Actualmente en su empresa familiar, además de ser su fundador, se desempeña como gerente. Allí trabajan dos de sus cuatro hijos: Pedro, que también es ingeniero civil y maneja una oficina en Bogotá, y Mónica, que se encarga del área administrativa y financiera de la empresa.  

Hoy día su compañía cumple 36 años y cubre “todas las áreas de consultoría” a nivel nacional.  Para este barranquillero, la clave de mantener su empresa vigente en la industria ha sido el “trabajo, la determinación y un muy buen equipo”.

 

Su paso por la Academia

A la Universidad del Norte llegó en 1980 con la misión de graduar a la primera promoción de ingenieros civiles. Pero lo que sería un trabajo “temporal” se convirtió en 18 años de liderazgo en esa institución de educación superior. Empezó como docente de ingeniería, continuó como director del programa de Ingeniería Civil y ascendió a decano de la División de Ingenierías.

En Uninorte dejó una huella, pues también hizo parte del equipo que creó las ingenierías  Electrónica y de Sistemas, ya que explica que, cuando llegó, “solo existían Ingeniería Mecánica, Industrial y Civil”. 

Para él, lo más grato de su paso por la academia ha sido sentir “la satisfacción” de ver cómo, a través de los egresados, se “prorrogan” los saberes que en ellos impartió, ofreciéndole a la sociedad profesionales integrales que aportarán a su desarrollo. 

De hecho, como anécdota recuerda que hoy día los ingenieros “más veteranos” de la ciudad cuentan con su firma, tanto en su diploma como decano, como en su tarjeta profesional, gracias a su labor como presidente del Consejo Profesional Nacional de Ingeniería y Arquitectura del Atlántico. 

Hoy día, cuando habla de su vida incluye a la ingeniería, pues de sus 72 años ha dedicado 50 a esta profesión. Su gusto por las matemáticas y su fascinación por la infraestructura lo llevó a convertirse en ingeniero civil y de ahí en adelante se ha desempeñado en diversos campos como la docencia, el empresariado y dentro del gremio de ingenieros del país.

Esto lo ha hecho merecedor de diversas distinciones, entre las que se destacan la designación como Presidente Honorario de la Sociedad de Ingenieros del Atlántico, las condecoraciones “Orden al Mérito Julio Garavito” en los Grados de Cruz de Caballero  y de Gran Oficial, concedidas por el Gobierno Nacional en reconocimiento a sus méritos profesionales y de servicio a la Ingeniería Nacional; las condecoraciones “Ingeniero Profesor”, “Gran Ingeniero” y el premio “Caribe a la Consultoría” otorgados por la Sociedad de Ingenieros del Atlántico y el reconocimiento “Joven Sobresaliente” por parte de la Cámara Junior de Barranquilla.

Pedro manifiesta que lo que lo ha hecho destacarse entre sus colegas ha sido su “liderazgo natural” y agrega que este lo ha desarrollado en “todas las áreas” en las que se ha desempeñado. Dice que cuando se “ejerce como debe ser” se convierte en “una herramienta de cambio importantísima”. 

Se considera un adicto al trabajo que le apasiona. Lo disfruta y agradece a Dios por su profesión y labor diaria. Por eso, para él es importante transmitir ese mismo sentimiento y orgullo hacia los demás. 

Una operación que cambió su vida

En 2002, lo que sería una operación de cálculos en la vesícula se convirtió en septicemia. Una fiebre alta, que significaba una infección total, lo mantuvo más de un mes en UCI bajo coma inducido. Pedro cuenta que los médicos no creían que iba a sobrevivir, ya que su cuerpo no respondía a los medicamentos. 

Fue una medicina, que en ese momento estaba en estudio, lo que lo salvó. Su familia trajo varias ampollas desde Venezuela, luego de que un infectólogo se las recomendara. Cuenta que “estar al borde de la muerte” lo hizo “aterrizar” en varios aspectos de su vida. Mejoró su alimentación y limitó los excesos.  Los médicos le ordenaron vivir sin estrés y bajarle a la carga laboral, pero cuenta que fue justo después de ese suceso que su empresa “despegó” y más se dedicó a ella.

 “Los médicos me decían —si te cuidas perfectamente puedes durar diez años— y ya van más de 20”, dice entre risas. 

Hoy, además de su trabajo, está dedicado a su familia de la mano de su esposa Mabel Bustillo, con quien se casó a los 18 años. Actualmente tienen seis nietos y una bisnieta. En su oficina cuenta con varios retratos de algunos de ellos y se siente orgulloso de ver cómo  ha podido disfrutarlos amorosamente.

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