El Heraldo

Juan Camilo, pa’ fuera

En su momento, cuando el presidente Santos designó a Juan Camilo Restrepo como Ministro de Agricultura defendí con ahínco dicho nombramiento.

Restrepo, además de haber sido Senador, Ministro de Hacienda, Embajador y precandidato presidencial era reconocido como un prestigioso líder con todas las condiciones morales y profesionales para desempeñar cualquier posición, incluyendo, por supuesto, la primera magistratura. Con semejante hoja de vida, se daba por descontado que Restrepo haría un extraordinario papel al frente de la cartera ministerial que hoy ocupa.

Pero no todo lo que brilla es oro: a pesar de la exitosa carrera de Restrepo en el sector público y de su indiscutible probidad, el Ministerio de Agricultura le quedó grande.

Restrepo se percibe abrumado, desubicado, desacertado y cansado frente a la titánica tarea de echar a andar la locomotora agrícola. En 2012, por ejemplo, el Ministro se gastó 392.000 millones de pesos pagando sueldos y ejecutó un presupuesto de inversión de 1.8 billones de pesos (el más alto en toda la historia del Ministerio), a pesar de lo cual el crecimiento del área de cosecha y producción de alimentos fue completamente nulo.

Seguimos, desde 1990, con los mismos 4 millones de hectáreas cultivadas, los 25 millones de toneladas de alimentos y los 24 millones de cabezas de ganado. No ha pasado nada en los últimos 23 años.

Las importaciones de productos como el arroz, el maíz, el sorgo, el trigo, la leche, el pollo y las frutas, entre otros, hoy superan los 8 millones de toneladas, situación que ha generado perjuicios incalculables para los productores nacionales.

Restrepo no ha inaugurado un solo distrito de riego, y sus funcionarios se la pasan viaticando en el exterior, haciéndose los de la vista gorda frente a la erradicación de las plagas que azotan los cultivos, y las enfermedades que atacan al ganado.

El Ministro ha sido incapaz de diseñar una política de control de precios de los insumos: falta voluntad política para desmontar esa mafia de las multinacionales, que se apodera del 30% de las ganancias de los productores del campo.

Las cosechas no tienen un sistema de comercialización seguro que les garantice a los agricultores pagos justos por sus productos. El seguro agropecuario que anunció Restrepo para más de medio millón de productores de café es puro populismo: no hay una sola póliza puesta en el mercado. Mientras que el Banco Agrario tiene más de 6 billones de pesos colocados en TES, nuestros campesinos no tienen acceso ni para un crédito que les permita comprar un machete.

La economía de un país tiene tres etapas: la agrícola, la industrial y la tecnológica. En Colombia ni siquiera hemos agotado la primera. Es en ese renglón de la economía donde precisamente está nuestro futuro.

No es entendible ni aceptable la desidia y el olvido al que el Gobierno Nacional tiene sometidos a los ganaderos y agricultores: les hacen promesas de ayuda y las incumplen; se burlan de sus tragedias y los abandonan a su suerte. La situación es apocalíptica y ha tocado fondo.

¿Por qué el Presidente no reacciona ante semejante crisis? ¿Por qué el Gobierno insiste en sostener a un Ministro incompetente como Restrepo? ¿Está preparado el Estado colombiano para afrontar las miles de demandas administrativas que se avecinan por los daños causados a los agricultores y ganaderos por cuenta de las acciones y omisiones del gobierno?

Aunque Santos solo conozca el pepino gracias a la ginebra Hendrick´s, y su desinterés por el campo colombiano sea más que evidente, eso no le da derecho a tratar a los campesinos, ganaderos y productores agrícolas como ciudadanos de tercera.
Urge una pronta solución para superar la crisis y evitar así que nuestros campos se marchiten definitivamente. ¡Haga algo, Presidente¡

La ñapa I: La renuncia de Benedicto XVI ha dejado al descubierto la podredumbre de la Iglesia Católica. ¡Qué asco!

La ñapa II: Enhorabuena el Gobierno Nacional designó como nuevo miembro de la junta directiva del Banco de la República a un costeño de las calidades humanas y profesionales de Adolfo Meisel.

Por Abelardo De La Espriella
abdelaespriella@lawyersenterprise.com

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