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Opinión

Planificación urbana

En un siglo, Valledupar pasó de 7.301 habitantes en 1912 a los actuales 460.000 lo que, guardadas las proporciones, recuerda el crecimiento también exponencial de Sao Paulo, Brasil, al pasar de 500.000 habitantes en 1905 a los veinte millones de hoy. ¿Cómo fue este cambio?

La investigadora Diana Ricciulli-Marín y el gerente del banco de la República de Cartagena, el vallenato Jaime Bonet, presentaron esta semana el resultado de una investigación llamado Planificación urbana en América Latina: el caso de Valledupar, el cual reconstruye las diferentes etapas de la planificación urbana en la ciudad utilizando cartografía, archivos históricos, periódicos, entrevistas, documentos e imágenes.

Lo primero que hay que elogiar es el interés cada vez mayor de personas o grupos de vallenatos interesados en volver los ojos al pasado y documentar lo que fue y lo que tenemos, tal cual sucede también con Cesore, una especie de tanque de pensamiento que estos últimos años ha venido investigando sobre la realidad de mi pueblo, particularmente sobre la pobreza, la desigualdad y los servicios públicos (ojo: le falta meterle el diente a la cultura).

Ricciulli-Marín y Bonet documentan ahora el tema del urbanismo, una de las causas por las que Valledupar llamó positivamente la atención nacional hasta la llegada de la violencia a finales de los ochenta, cuando el país tenía mucha fe en la ciudad, una fecha que coincide con la elección popular de alcaldes. De estos, los dos primeros conservaron el aura exitosa de la ciudad. De ahí en adelante, que entre el diablo y escoja.

Una de las razones por las que el Cesar se dividió del Magdalena fue la crisis de corrupción que embargaba a ese departamento, un fenómeno que se repite ahora en Valledupar, pues la mayoría de los alcaldes de estas últimas dos décadas se recuerdan -y recordarán- más por sus escándalos que por sus obras.

El libro de Ricciulli-Marín y Bonet muestra que bastó tan sólo un puñado de hombres para sacar adelante la ciudad. Alfonso López Pumarejo, el primer presidente que visitó la ciudad y quien, además, llegó con regalos: el hospital, la Granja, la Escuela de Artes y Oficios, el matadero, el mercado y el aeropuerto.

Pedro Castro Monsalvo, el segundo vallenato en ser nombrado Gobernador del Magdalena y dos veces ministro y a quien se le deben los estudios de tierra, desde la cartera de Agricultura, que desembocaron en la bonanza del algodón. El villanuevero Silvestre Dangond Daza, encargado –entre otras obras– de construir la carretera que sacó a Valledupar del aislamiento que vivió desde la Colonia. Manuel Germán Cuello cuando era concejal, porque fue él quien llevó a la ciudad al arquitecto cubano Manuel Carrerá, que fue a su vez el cerebro detrás de la exitosísima planificación de la Valledupar; y Rodolfo Campo Soto, el último alcalde que conservó los lineamientos de Carrerá.

La pregunta obligada, ad portas de elecciones, es: ¿quién será el nuevo gallo que dejará su buen nombre para la posteridad al trabajar por la ciudad antes que para su bolsillo y para el de sus padrinos políticos?

@sanchezbaute

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Opinión

¡En qué estamos!

A raíz de la solicitud a Cuba de extraditar a los cabecillas del ELN, un grupo de “intelectuales” le pide al presidente “mayor serenidad” y dejar abierta la diplomacia, “tradición de nuestra política exterior”.

Una carta sorprendente. Después de sesgados juicios históricos, terminan pidiéndole al presidente no hacer nada que ofenda a la isla, aun incumpliendo sus funciones constitucionales. ¡Qué osadía!

“Ya el Estado colombiano se equivocó -afirman- cuando (…) la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Colombia y Venezuela”. Falso. En 2010 el Gobierno, con pruebas, denunció en la OEA la presencia de las Farc y el ELN en Venezuela, a lo que Chávez respondió con insultos y, para evitar la inspección que pedía Colombia, rompió relaciones.

Nuestros “intelectuales” y el “centrosantismo” padecen de “síndrome de Estocolmo”. Uno de los firmantes  considera “muy lamentable el comportamiento del presidente Duque y todo su gobierno, hostigando y maltratando a Cuba”; un diario capitalino titula “Siguen las injustas exigencias a Cuba”, y De la Calle acusa al Gobierno de “sesgos ideológicos” en la política exterior, como si la de Cuba no los tuviera, acogiendo terroristas y exportando su revolución desde la época del Che.

Para ellos, el Gobierno debe incumplir su obligación de capturar terroristas condenados por la justicia y, por el contrario, facilitar su regreso y darles tiempo para esconderse. ¡Absurdo! ¿Quién rompió el protocolo?, ¿acaso no fue el ELN, que asesinó a 22 jóvenes, en un acto terrorista que califican de “operación lícita dentro del derecho de guerra”?, ¿acaso no lo rompió con secuestros, extorsiones y 89 atentados al oleoducto en 2018; ¿acaso pensaba seguir extorsionando al Gobierno?

Pero el asunto no es Cuba solamente; es el régimen narcoterrorista de Maduro mostrando los dientes, el intento de desestabilización en Ecuador, el retorno de Cristina en Argentina y la deslegitimación de Bolsonaro en Brasil.  El problema es la consigna del Foro de Sao Paulo en Caracas, de “controlar a la derecha en el continente”, en medio de consignas antiimperialistas y de lucha de clases.

El mayor riesgo es que el país ande ese camino sin querer darse cuenta. La corrupción no cesa y, donde las urnas no están amenazadas por grupos criminales, se repite la farsa del clientelismo electorero. Mientras tanto, el “centrosantismo” no deja gobernar por venganza política o codicia insatisfecha de mermelada, y Petro cumple su amenaza de mantener al pueblo en la calle. Marchan estudiantes, indígenas, transportadores, Fecode, centrales obreras, y con ellos marchan los encapuchados del ELN.    

Es la estrategia del caos, para aparecer luego como redentores, a la que se suma la errática ONU con la elección de Venezuela al Consejo de DD.HH, que NO es un disparate menor, sino un síntoma peligroso de hacia dónde vamos.

@jflafaurie

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Opinión

Elecciones: crisis de legitimidad

Muchos tenemos la sensación de vivir en un mundo en el cual no nos sentimos conformes, porque constatamos crecientes inequidades y desconciertos ante el futuro.

Sin caer en el pesimismo, no se puede desconocer que estas elecciones ocurren en momentos en que Colombia está atravesando tiempos difíciles: el aumento de la pobreza, una precarización del empleo, donde más del 50% tiene solo trabajos informales y donde —de acuerdo a datos de Bienestar Familiar sobre inseguridad alimentaria—, la mitad de los niños de la Costa Caribe pasan física hambre.

Estas condiciones sociales crean un entorno amenazante, tanto para el sector más pobre, como para las minorías que gozan de prosperidad. Esta delicada situación se agrava por la crisis de legitimidad de la vida política nacional.

La gente no cree en sus gobernantes ni en las instituciones. Cada quien busca individualmente la manera de salvarse. Unos se refugian en la religión para calmar sus angustias ante la incertidumbre. Ya es normal observar una gran cantidad de templos, algunos agrupados en su fe. Pero otros llenos de falsos pastores que se aprovechan de los miedos de las personas ante las adversidades de la vida.

Otro grupo de personas, cada vez más numerosas, busca la salida a su situación mediante la comisión de delitos de todo tipo. El crimen sigue creciendo de una manera exponencial, hasta el punto que, en las encuestas sobre los problemas más importantes que sufre la población, la inseguridad ocupa, desde lejos, el primer lugar, volviendo insoportable la vida de las ciudades.

La creciente pobreza, la desnutrición de nuestros niños, el desempleo y la violencia son apenas los síntomas más patéticos del fracaso del Estado colombiano, con su modelo de desarrollo. La gente va perdiendo la ilusión y con fundamento van deslegitimando a la política y a los políticos.

Hace algunos días, en Bogotá, vi una aglomeración de personas cerca del Congreso. Al principio pensé que era una de las tantas manifestaciones, pero era que estaban entregando, en una de las oficinas, los formularios para optar a un subsidio de vivienda; era gente muy humilde. Miré en sus rostros el sueño de una casa propia, porque para vivir necesitamos tener esperanzas.

La gente, como dijo el presidente Truman (1949), aspira a un “trato justo y democrático”. Esa es la clave, decía él, para la paz y la prosperidad. La crisis de la democracia se resuelve con más democracia y no con autoritarismo. Recuerden que el presidente Chávez surgió por la debilidad de la democracia del hermano país. La gente optó por una vía autoritaria y miren los resultados.

Fortalecer la democracia significa darse cuenta de que —con su voto— usted tiene un inmenso poder para escoger a quien lo represente. Si no vota, no se queje. Su voto es el que puede contribuir a que el Estado no sea capturado por la corrupción ni por los violentos. Dejemos de lado nuestro individualismo y pensemos como ciudadanos. Probablemente usted estará mejor si su ciudad y su país están mejores.

joseamaramar@yahoo.com

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Editorial

El Editorial | Desmontar el peaje Papiros

La ANI anunció por fin que están definiendo los términos de una reducción de la tarifa del peaje para habitantes y transportadores de la zona, estableciendo un valor diferencial.

La última vez que el Gobierno nacional habló del controversial peaje Papiros, ubicado en la Vía al Mar, a la altura del municipio de Puerto Colombia, fue el pasado 11 de marzo. Lo hizo la propia ministra de Transporte, Ángela María Orozco, durante una breve visita al aeropuerto Ernesto Cortissoz, en la que recorrió las obras de remodelación y modernización de la terminal aérea que presta sus servicios a la ciudad de Barranquilla.

En ese momento, la señora Orozco, al ser requerida sobre la propuesta de desmontar la caseta y suprimir el peaje, señaló que el Ministerio de Transporte y la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) se encontraban realizando un estudio acerca de su nivel de factibilidad e indicó, “el compromiso que asumimos fue analizar las alternativas y estamos adelantando las evaluaciones pertinentes”. La otra alternativa de la que hablaba la ministra era la de establecer tarifas diferenciales para los habitantes de los municipios de Puerto Colombia, Juan de Acosta, Tubará y Piojó.

Sin embargo, Orozco fue clara al precisar que ninguna de las dos opciones se podría poner en marcha, sin considerar las simulaciones financieras y “determinar qué cabida tendrían dentro del contrato”. Dejó claro que cualquier contrato suscrito por el Estado debía ser respetado. El presidente de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), Manuel Felipe González, quien acompañaba a la ministra, también fijó su posición y enfatizó que para proceder a la “eliminación del peaje” era necesario que “los números cuadraran” para cumplir con lo establecido en este proyecto de más de $3 billones con la Concesión Costera Cartagena - Barranquilla.

González aseguró, en ese momento, que el 16 de marzo se tomaría una decisión definitiva. Su anuncio generó una gran expectativa, entre los muchos afectados por el cobro del peaje, para conocer cuál salida se le daría al insistente reclamo de su retiro, respaldado desde diferentes instancias, y a lo largo de mucho tiempo, por el Comité Intergremial del Atlántico, representantes del sector educativo de la zona, empresarios y el senador liberal Mauricio Gómez Amín, entre otros.

Sin embargo, horas después de lo señalado por la ministra y el presidente de la ANI, el día 12 de marzo, el presidente Iván Duque declaró el estado de emergencia sanitaria por el coronavirus y comenzó toda la vorágine alrededor de esta compleja crisis de salud pública con la prioridad de evitar la proliferación de los contagios. Pocos días después se anunció el estado de emergencia económica y social y el 25 de marzo comenzó el Aislamiento Preventivo Obligatorio, que limitó totalmente la libre circulación de personas y vehículos en el territorio nacional con excepciones. El asunto se quedó ahí.

Hasta ahora, porque en la tarde de este lunes el senador Gómez Amín volvió a insistir sobre el tema y en una nueva reunión con el Intergremial, la ANI anunció por fin que están definiendo los términos de una reducción de la tarifa del peaje para habitantes y transportadores de la zona, estableciendo un valor diferencial, sin afectar las finanzas del municipio de Puerto Colombia, del Atlántico y de la propia concesionaria. Por algo se empieza porque la meta, a la que se sigue aspirando, es al desmonte del Papiros.

Clave que se conozcan estos términos lo antes posible, ahora que se reactivó el cobro de peajes y cuando la ANI empieza a estar cada vez más operativa retomando decenas de enormes proyectos de infraestructura en todo el territorio nacional. Son días exigentes que demandan un enorme trabajo de la ministra Orozco y del presidente Fernández. Comprensible. Pero, hay una amplísima comunidad que demanda soluciones, ojalá definitivas, frente al peaje Papiros, célebre desde la década de los 90.

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Carta al infectólogo Villanueva

Siguen insistiendo la entidades de salud pública en medir la progresión del COVID-19 con base en el número de casos positivos con la prueba serológica RT-PCR.

Asumiendo que algunos son pacientes potenciales contaminantes sin estar enfermos, es decir, portadores asintomáticos. Con ese indicador nos han mandado a cerrar fábricas, a dejar a miles de niños sin escuela y a no dejarnos salir de casa.

No han usado otros indicadores más objetivos como el número de cama en UCI con pacientes con neumonía ni tampoco los muertos con esta enfermedad pues no cuenta con los test suficientes y, es lo llamativo, se han dado cuenta que esta prueba no es fidedigna pues tiene baja sensibilidad (muchos falsos negativos posiblemente por defectos de fabricación o de embalaje) y poca especificidad (muchos falsos positivos en parte debido a que el coronavirus es un viejo colonizador del ser humano).

La biopsia pulmonar al fallecer, que sería la prueba de oro para saber si tuvo COVID-19, casi nunca se ha practicado en los centros hospitalarios por lo que es incierto decir que se han muerto de neumonía por COVID-19 o por otro tipo de patología. En resumen, no hay datos ciertos para tomar decisiones que afectan a tanta gente y que ha causado ya gran detrimento de la economía con mucho desempleo formal y dificultad para los informales.  Las ayudas que brinda el gobierno para aliviar las necesidades son ridículas y temporales. La gente está en su mayoría desesperada excepto por los que no tienen dificultades económicas y por lo que se  han aprovechado de esta situación para hacer negocios legales y también  negociados.

Las autoridades Colombianas se dejaron llenar de pánico (provocado por imágenes macabras y fake news de otras ciudades, especialmente de Italia y de Nueva York) y transmitieron ese terror a los ciudadanos para que siguieran sus normas y se encerraran. El encierro por supuesto, fue la mejor medida para controlar una virosis respiratoria pero no la  única y si la más costosa pues paralizo al país productivo.

Pero lo malo es que siguen insistiendo en que el virus sigue presente en gran escala y para ello se han agarrado del test PT-PCR como único indicador biológico con el agravante que demoran mucho en dar el resultado.  Falta conocer cuánto dinero  han costado estas pruebas y quienes las han vendido siendo que no han tenido la calidad  que se necesitaba.

Tampoco hay un estudio reciente  que demuestre que los positivos sean portadores asintomáticos (o al menos en qué proporción) ni cuanto es en realidad la carga viral que se requiere para uno enfermarse con neumonía.  Pero suponiendo que las pruebas sean fidedignas y que el  4% de esos portadores terminen con neumonía en una UCI hospitalaria, ya el país tiene la capacidad de atenderlos en forma adecuada. Así pues, que el gobierno debe ajustarse el cinturón y abrir el encierro y las fronteras municipales, todo de una vez, pues de nada sirve abrir rutas si no hay pasajeros o fabricas si no hay buses.  Estoy de acuerdo con el colega Villanueva-

Alvaro Jurado Nieto

juradoalvaro@hotmail.com

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Opinión

Mínimo vital ambiental de agua

Ahora que todo se está ajustando a COVID-19, también les llegará el turno a los servicios públicos. 

La presión social le puede dar el empujón final al mínimo vital de agua: la posibilidad que un hogar necesitado consuma un mínimo gratuito. Varias ciudades ya asumieron el costo y lo implementaron. Aunque la variedad de criterios de implementación hace necesario que la CRA lidere una visión integral. Si esto ocurre, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, se debe introducir una tarifa ambiental que castigue el desperdicio de agua. Nuestra meta después del COVID-19 no debe ser volver a la normalidad, sino reorientarnos hacia modelos más sostenibles de desarrollo.

La decisión del gobierno de reconectarle el servicio a 300.000 hogares resalta la importancia del agua como derecho fundamental. La OMS recomienda un acceso de mínimo 50L mes de agua per cápita. Extender este derecho a todo el país costaría 4.1 billones que no es realista fiscalmente. Mientras tanto, con tan solo 350 mil millones anuales se podría dar este derecho a 3,5 millones. Para esto, el mínimo vital debe tener un listado de beneficiarios. No se debería priorizar por estrato que tiene más problemas que el Sisben. Según la estratificación de Florencia, no hay ningún hogar de estrato 5 o 6 en la ciudad. Más que eso en acueducto tenemos cobertura de solo 86.6%, el universo de estratos deja por fuera a 6.7 millones de los más pobres. Para ayudarle a esos pobres rurales e informales se requiere soluciones alternas de suministro.  

Durante el último niño, con Luis Felipe Henao, argumentando la escasez de agua, creamos la tarifa por desperdicio de manera temporal. Tuvimos el cuidado de especificar diferentes montos de consumo suntuario por piso térmico: 22m3 fría, 26m3 templado, y 32m3 cálido. La medida no solo ayudó a moderar el consumo en 17,5% de los hogares, sino que empezó a exponer un sin número de negocios que se disfrazan de estrato 1 para consumir cantidades industriales de agua subsidiada. Fue una lástima que, al concluir ese verano, a pesar de su éxito, la tarifa por consumo suntuario expiró. Es hora de instaurarla de manera permanente.

La tarifa ambiental por desperdicio de agua puede liberar caja para establecer el mínimo vital y fortalecer la infraestructura verde. En su última activación en solo seis meses recaudó 41,000 millones. Proteger las cuencas hídricas, mejorar la potabilidad de acueductos veredales, y disminuir la actual tasa de pérdidas de 40% del sistema. Tristemente en La Guajira donde la sed es real, el desperdicio de agua es del 80%. No obstante, esta tarifa debe tener en cuenta el número de miembros del hogar y eximir, por ejemplo, a ancianatos de este cobro. 

Nunca se nos puede olvidar que la regulación no es nada más que una reflexión de nuestros principios. De esta manera, en el consumo de agua tendríamos un mínimo social, solidario con los más necesitados. Una capa de mercado que a través del subsidio cruzado permite recuperar la inversión en el acueducto, pero le cobra más a los más pudientes. Y una tarifa ambiental que incentiva el consumo responsable y protege el medio ambiente. La crisis no se puede desaprovechar.

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Pocos saben quiénes son. Las noticias solo dijeron que hasta ayer iban 969.

De su agonía solo supieron el médico y la enfermera en turno.

Cuando ingresó a la clínica, sentía que la garganta se cerraba. Le dijo a la hija que ni siquiera podía tragar saliva.

Respiraba por la boca. La nariz estaba tan obstruida, que pensar en inhalar le generaba asfixia.

Ardía en fiebre. El ardor en la garganta era insoportable. La auxiliar de enfermería dijo que nunca midió una presión más baja.

Con un respirador asistencial aliviaron un poco el dolor. El virus Sars-CoV-2 ya estaba atacando las células de sus alveolos.

Era claro que no podía oxigenar. El protocolo indicaba que había que proceder con la intubación orotraqueal.

El médico ordenó que le aplicaran Midazolam para atacar el dolor. Hubo necesidad de suministrarle relajantes musculares para que no peleara con el ventilador.

Al rato, empezó a soñar con los hijos.

Había organizado un viaje por las costas de un mar inmensamente azul, para regalarles el atardecer más bello del mundo. Era su manera de agradecerles por la vida que le dieron, cuando ellos creían debían la suya a él.

Sentados en la arena, les describía los colores que el sol moribundo dibujaba con sus manos. La brisa salpicó de arena sus ojos y los limpió con los dedos del corazón. Los buscó, luego, y ya no estaban. Les pesaba dejarlos. Quería pedirles perdón, tener las conversaciones que nunca se permitieron y juguetear con los nietos que ya venían.

Pero ya no había tiempo: una ola lo arrastró tranquilamente al infinito mientras los suyos lo despedían desde la orilla con una sonrisa de resignación.

En ese instante, el monitor cardiaco de la UCI dejó escuchar su último silbido.

El certificado de defunción marrón lo registró como fallecido por muerte natural. La ficha técnica habló del virus.

Los medios no dieron su  nombre. Tampoco contaron su historia de vida.

Ninguno dijo qué sueños tenía ni cuáles habían sido sus realizaciones en vida. A nadie, de hecho, le interesó si conoció o no el mar inmesamente azul.

A nadie, salvo a Pablo Pachón Echeverry, un estudiante de Ciencia Política y Gobierno de la Universidad del Norte

Ninguna cifra -dice- parece conmovernos. A medida que crece el número de fallecidos, disminuye la posibilidad de recordarlos. Y era un ser humano con un nombre, un rostro, un sueño y  una familia que seguramente no pudo decirle adiós.

Pablo se propone rescatar las historias de vida de estas personas. Solo está pidiendo una foto y una reseña con las cosas que hacían especiales a esas personas que ya no están, para colgarlas en un sitio web y producir un libro.

Si eres un familiar, amigo o conocido de una víctima de C0VID-19, escríbele a este correo: colombiarecuerda2020@gmail.com.

Es un trascendental ejercicio de memoria y justicia, que el C0VID-19 no nos puede arrebatar.

albertomartinezmonterrosa@gmail.com

@AlbertoMtinezM

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Asesinato de líderes

Es inadmisible que el presidente Duque y su equipo de gobierno crean que están cumpliendo con su deber concentrados en el COVID_19 e ignorando el asesinato de líderes sociales, que ha aumentado en un 50% durante los últimos meses.

No hay disculpa posible y es tan grave este desangre de quienes en medio de tantas limitaciones interpretan las necesidades de sus sectores, que ya tenemos encima los ojos de organismos internacionales. Pero no, el gobierno no solo no reconoce esto como una tragedia nacional, sino que coherente con esa posición no actúa en consecuencia.

Las posibles explicaciones de este horror, porque así debe reconocerse el asesinato permanente de mujeres y hombres con liderazgo en sus regiones, pueden ser escalofriantes. ¿Se trataría de eliminar la posibilidad de una renovación en los liderazgos que podrían acabar con la hegemonía de grupos como los actuales, en donde prolifera la prepotencia, la ignorancia sobre la realidad del país y en muchos casos, el abuso del poder hasta llegar a la corrupción? O será que se trata de acallar lo que no se ha logrado por siglos: la lucha por la tierra, esa concentración vergonzosa de la propiedad rural, esos latifundios ineficientes y que han apoyado en muchos casos el paramilitarismo.

Independientemente de las razones, a cuál más de inaceptable, está el tema de destruir vidas humanas precisamente por el hecho de querer cambiar realidades que hacen de Colombia uno de los países más desiguales del mundo. Cuando volverá a tener Colombia ese ejército de individuos que en medio de limitaciones personales le han dedicado su vida a defender los derechos de los demás. En una sociedad tan desigual y con tanta insensibilidad de quienes pertenecen a sectores poderosos, esa pérdida es aún más irreparable. Pero además el mensaje que se les está enviando a las nuevas generaciones es demoledor. El que saque la cabeza se expone a que se la corten. En las regiones, quienes se oponen a estos regímenes que predominan son asesinados ante la indiferencia de una sociedad, de un gobierno, de unos supuestos líderes nacionales.

Por todo ello y mucho más, los que tenemos algún grado de voz debemos hacerle saber al gobierno que es inadmisible su desprecio por esta masacre de líderes sociales, y que además tampoco es aceptable la eliminación de quienes dejaron las armas para integrarse a la sociedad civil. Así el COVID-19 se manejara perfectamente, lo que está por verse, ignorar estos asesinatos se los cobrará la historia a todos aquellos que tenían en sus manos la obligación de actuar y frenar estos crímenes. De no hacerlo, el mundo entrará a actuar y será además una vergüenza nacional que demostraría algo que no puede ser verdad: un país insensible porque no presiona a quienes tienen el poder de frenar este horrible capítulo de la historia del país. Un mensaje claro y contundente al gobierno que muchos están haciendo en este momento. Defendamos la paz, no cesa en su clamor de parar estos crímenes. Presidente actúe, ya.

cecilia@cecilialopez.com

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¡Estoy “3-15”!

Nunca hasta ahora EL HERALDO me ha exigido que esté sobrio cuando escribo una columna.

Y lo confieso, hoy estoy escribiendo esta, por primera vez en 40 años, con algo más de un par de traguitos entre pecho y espalda. Es que acaba de terminar nuestra reunión semanal con los muchachones de “Mas Barato”, grupo de amigos que nos reuníamos inmancablemente todos los viernes desde las 12 m., con almuerzo, traguito y postre, reunión que nos ha tocado cambiar por un encuentro virtual por Zoom los viernes en la tarde. Y para continuar con la tradición, cada uno con su traguito en la mano. Puede que el coronavirus nos obligue a un cambio de vida, pero así mismo ¡debemos buscarle la comba al palo! ¡Y la reunión virtual se ha vuelto bacanísima y divertida! La mayoría supera mis 75 abriles. ¡Pero en cuanto a temperamento, sensatez, experiencia y sentido del humor, son unos maestros con doctorado! Yo, simplemente un aprendiz. Ahora mismo, un aprendiz que está “3-15”.

Durante estas reuniones virtuales “se mama gallo”, pero también se tocan temas muy importantes. Todos en “Más barato” tenemos una  experiencia a cuestas que es definitiva para que este grupo sea muy especial, así que las 3 horas que tarda nuestro encuentro de amigos, se pasan volando, y obvio que además, hacemos planes para reanudar las reuniones presenciales para cuando Duque y nuestras respectivas esposas nos den permiso de salida, plazo que se ha vuelto a extender, ¡y de manera exagerada! Lo otro es festejar que no nos hemos dejado atropellar por la tecnología sino que la pusimos al servicio del compañerismo y la amistad. ¿Podrá haber utilidad mayor que esa? Y quizás sea este ejemplo, suficiente enseñanza para que otros “veteranos de las mil guerras” nos imiten en esta cuarentena que se dilata. Por lo menos, es ese mi mensaje y mi propuesta a aquellos “mayores” que se han encerrado y suspendido totalmente su actividad social. No incluyo en esta, la sugerencia de los “traguitos”, ya que eso será opción de cada uno. Pero como a todo hay que buscarle el lado bueno, saber que un grupo de amigos veteranos hemos aplicado la tecnología a las relaciones sociales, deberemos aceptarlo como un hecho positivo generado por el COVID-19. Con seguridad que así serán muchísimos los cambios favorables que nos dejará esta pandemia, siempre y cuando que dentro de las obvias dificultades, veamos la situación con optimismo. Y eso dependerá de cada uno.

Uno de los temas en esta reunión virtual ha sido la recurrente crítica, a la maricada esa, de estar llamándonos “abuelitos” a los mayores de 70 años, reconociendo que el término puede estar cargado de buenas intenciones. Pero no es menos cierto que por nuestra experiencia, tenemos la sensatez necesaria para saber protegernos en donde estemos. Lo que sí entendemos es que a diferencia de países nórdicos, orientales u otros como Canadá, en donde la cultura, la educación y la disciplina está muy nivelada en toda la población, aquí la cosa es diferente. Con un pequeño porcentaje que sí cumple, otro que solo medio-medio, y el mayor, que “se pasa por la faja” lo que se disponga por ley para protegernos, a papá Gobierno no le ha quedado opción diferente que enclaustrarnos a todos los mayores de 70 por igual. ¡Ni al presidente ni a nosotros nos queda otro camino!

nicoreno@ambbio.com.co

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Profes

Durante esta pandemia hemos aplaudido con euforia a los equipos sanitarios, desde los médicos hasta enfermeras; pero también ha sido una queja común y constante, el descontento con el sistema educativo. 

Durante esta pandemia hemos aplaudido con euforia a los equipos sanitarios, desde los médicos hasta enfermeras; pero también ha sido una queja común y constante, el descontento con el sistema educativo. Los padres tanto de niños como de jóvenes universitarios no sienten que reciben el “producto/servicio” por el que pagaron. Peor aún, los adultos que con esfuerzo cancelaron matriculas de posgrados presenciales, esos mismos que ahorraron por años o que se endeudaron para ingresar, se sienten casi que estafados. Todo ello es comprensible, es humano y, sobre todo, es propio de una situación inesperada como esta que nos cacheteó abruptamente.

Pero, no olvidemos que, del otro lado de la pantalla, estamos los profesores, los que hacemos piruetas digitales para obtener la atención de nuestros alumnos; los que estamos decididos a que la transferencia de conocimientos sea lo más rigurosa posible y en especial, que los estudiantes logren comprender el pensum especificado en nuestras asignaturas. Estamos dando lo mejor de nosotros, al igual que las instituciones a las que pertenecemos. La tarea de educar jamás nos ha quedado grande y no será esta la primera vez. Sin embargo, necesitamos paciencia de su parte y empatía, que comprendan que nosotros somos también individuos en medio de una pandemia.

No es la primera vez que nos enfrentamos al reto de hacer mucho más que solo enseñar, en tiempos de guerra, eran los docentes quienes lideraban a sus pupilos para protegerse o evacuar en caso de que una bomba estallara en medio de un ataque. Es que los profesores hemos estado siempre allí. La docencia, siempre ha implicado dar más de lo que se firma en un contrato. Con ello no romantizo la explotación laboral a quienes ejercemos esta profesión, de hecho, esta columna espera sembrar en algún congresista de este país la semilla de la inquietud para que se piense en legislar el teletrabajo profesoral. Necesitamos una ley con pautas y directrices al respecto.

En mi caso, tengo 31 años, dentro de poco cumplo casi una década dedicada a la mejor labor que puede existir. Amo ser profesora y encuentro en la docencia mi propósito de vida. Cuando la estudiante era yo, no me lo planteaba, pero en una jugada de esas del destino, he terminado ejerciendo la misma profesión que mi abuela Rosa -la primera mujer en trabajar formalmente en mi familia-. Así que este es un tema especialmente sensible para mi. 

Sé que estaremos a la altura, queremos que este próximo semestre nuestros estudiantes se matriculen y aprendan lo que es para mi, la mayor competencia que se puede tener como ser humano: la capacidad de adaptación. Es más, apoyada por mi obsesión darwiniana de siempre, no olvidemos que los más fuertes de una especie no son ni los más inteligentes ni los más fuertes, sino quienes mejores se adaptan… En fin, padres y estudiantes; aquí estamos para ustedes, ahora necesitamos que ustedes estén para nosotros.

@kathydiartt

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