Columna de opinión

Planificación urbana

En un siglo, Valledupar pasó de 7.301 habitantes en 1912 a los actuales 460.000 lo que, guardadas las proporciones, recuerda el crecimiento también exponencial de Sao Paulo, Brasil, al pasar de 500.000 habitantes en 1905 a los veinte millones de hoy. ¿Cómo fue este cambio?

La investigadora Diana Ricciulli-Marín y el gerente del banco de la República de Cartagena, el vallenato Jaime Bonet, presentaron esta semana el resultado de una investigación llamado Planificación urbana en América Latina: el caso de Valledupar, el cual reconstruye las diferentes etapas de la planificación urbana en la ciudad utilizando cartografía, archivos históricos, periódicos, entrevistas, documentos e imágenes.

Lo primero que hay que elogiar es el interés cada vez mayor de personas o grupos de vallenatos interesados en volver los ojos al pasado y documentar lo que fue y lo que tenemos, tal cual sucede también con Cesore, una especie de tanque de pensamiento que estos últimos años ha venido investigando sobre la realidad de mi pueblo, particularmente sobre la pobreza, la desigualdad y los servicios públicos (ojo: le falta meterle el diente a la cultura).

Ricciulli-Marín y Bonet documentan ahora el tema del urbanismo, una de las causas por las que Valledupar llamó positivamente la atención nacional hasta la llegada de la violencia a finales de los ochenta, cuando el país tenía mucha fe en la ciudad, una fecha que coincide con la elección popular de alcaldes. De estos, los dos primeros conservaron el aura exitosa de la ciudad. De ahí en adelante, que entre el diablo y escoja.

Una de las razones por las que el Cesar se dividió del Magdalena fue la crisis de corrupción que embargaba a ese departamento, un fenómeno que se repite ahora en Valledupar, pues la mayoría de los alcaldes de estas últimas dos décadas se recuerdan -y recordarán- más por sus escándalos que por sus obras.

El libro de Ricciulli-Marín y Bonet muestra que bastó tan sólo un puñado de hombres para sacar adelante la ciudad. Alfonso López Pumarejo, el primer presidente que visitó la ciudad y quien, además, llegó con regalos: el hospital, la Granja, la Escuela de Artes y Oficios, el matadero, el mercado y el aeropuerto.

Pedro Castro Monsalvo, el segundo vallenato en ser nombrado Gobernador del Magdalena y dos veces ministro y a quien se le deben los estudios de tierra, desde la cartera de Agricultura, que desembocaron en la bonanza del algodón. El villanuevero Silvestre Dangond Daza, encargado –entre otras obras– de construir la carretera que sacó a Valledupar del aislamiento que vivió desde la Colonia. Manuel Germán Cuello cuando era concejal, porque fue él quien llevó a la ciudad al arquitecto cubano Manuel Carrerá, que fue a su vez el cerebro detrás de la exitosísima planificación de la Valledupar; y Rodolfo Campo Soto, el último alcalde que conservó los lineamientos de Carrerá.

La pregunta obligada, ad portas de elecciones, es: ¿quién será el nuevo gallo que dejará su buen nombre para la posteridad al trabajar por la ciudad antes que para su bolsillo y para el de sus padrinos políticos?

@sanchezbaute

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Columna de opinión

¡En qué estamos!

A raíz de la solicitud a Cuba de extraditar a los cabecillas del ELN, un grupo de “intelectuales” le pide al presidente “mayor serenidad” y dejar abierta la diplomacia, “tradición de nuestra política exterior”.

Una carta sorprendente. Después de sesgados juicios históricos, terminan pidiéndole al presidente no hacer nada que ofenda a la isla, aun incumpliendo sus funciones constitucionales. ¡Qué osadía!

“Ya el Estado colombiano se equivocó -afirman- cuando (…) la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Colombia y Venezuela”. Falso. En 2010 el Gobierno, con pruebas, denunció en la OEA la presencia de las Farc y el ELN en Venezuela, a lo que Chávez respondió con insultos y, para evitar la inspección que pedía Colombia, rompió relaciones.

Nuestros “intelectuales” y el “centrosantismo” padecen de “síndrome de Estocolmo”. Uno de los firmantes  considera “muy lamentable el comportamiento del presidente Duque y todo su gobierno, hostigando y maltratando a Cuba”; un diario capitalino titula “Siguen las injustas exigencias a Cuba”, y De la Calle acusa al Gobierno de “sesgos ideológicos” en la política exterior, como si la de Cuba no los tuviera, acogiendo terroristas y exportando su revolución desde la época del Che.

Para ellos, el Gobierno debe incumplir su obligación de capturar terroristas condenados por la justicia y, por el contrario, facilitar su regreso y darles tiempo para esconderse. ¡Absurdo! ¿Quién rompió el protocolo?, ¿acaso no fue el ELN, que asesinó a 22 jóvenes, en un acto terrorista que califican de “operación lícita dentro del derecho de guerra”?, ¿acaso no lo rompió con secuestros, extorsiones y 89 atentados al oleoducto en 2018; ¿acaso pensaba seguir extorsionando al Gobierno?

Pero el asunto no es Cuba solamente; es el régimen narcoterrorista de Maduro mostrando los dientes, el intento de desestabilización en Ecuador, el retorno de Cristina en Argentina y la deslegitimación de Bolsonaro en Brasil.  El problema es la consigna del Foro de Sao Paulo en Caracas, de “controlar a la derecha en el continente”, en medio de consignas antiimperialistas y de lucha de clases.

El mayor riesgo es que el país ande ese camino sin querer darse cuenta. La corrupción no cesa y, donde las urnas no están amenazadas por grupos criminales, se repite la farsa del clientelismo electorero. Mientras tanto, el “centrosantismo” no deja gobernar por venganza política o codicia insatisfecha de mermelada, y Petro cumple su amenaza de mantener al pueblo en la calle. Marchan estudiantes, indígenas, transportadores, Fecode, centrales obreras, y con ellos marchan los encapuchados del ELN.    

Es la estrategia del caos, para aparecer luego como redentores, a la que se suma la errática ONU con la elección de Venezuela al Consejo de DD.HH, que NO es un disparate menor, sino un síntoma peligroso de hacia dónde vamos.

@jflafaurie

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Columna de opinión

Elecciones: crisis de legitimidad

Muchos tenemos la sensación de vivir en un mundo en el cual no nos sentimos conformes, porque constatamos crecientes inequidades y desconciertos ante el futuro.

Sin caer en el pesimismo, no se puede desconocer que estas elecciones ocurren en momentos en que Colombia está atravesando tiempos difíciles: el aumento de la pobreza, una precarización del empleo, donde más del 50% tiene solo trabajos informales y donde —de acuerdo a datos de Bienestar Familiar sobre inseguridad alimentaria—, la mitad de los niños de la Costa Caribe pasan física hambre.

Estas condiciones sociales crean un entorno amenazante, tanto para el sector más pobre, como para las minorías que gozan de prosperidad. Esta delicada situación se agrava por la crisis de legitimidad de la vida política nacional.

La gente no cree en sus gobernantes ni en las instituciones. Cada quien busca individualmente la manera de salvarse. Unos se refugian en la religión para calmar sus angustias ante la incertidumbre. Ya es normal observar una gran cantidad de templos, algunos agrupados en su fe. Pero otros llenos de falsos pastores que se aprovechan de los miedos de las personas ante las adversidades de la vida.

Otro grupo de personas, cada vez más numerosas, busca la salida a su situación mediante la comisión de delitos de todo tipo. El crimen sigue creciendo de una manera exponencial, hasta el punto que, en las encuestas sobre los problemas más importantes que sufre la población, la inseguridad ocupa, desde lejos, el primer lugar, volviendo insoportable la vida de las ciudades.

La creciente pobreza, la desnutrición de nuestros niños, el desempleo y la violencia son apenas los síntomas más patéticos del fracaso del Estado colombiano, con su modelo de desarrollo. La gente va perdiendo la ilusión y con fundamento van deslegitimando a la política y a los políticos.

Hace algunos días, en Bogotá, vi una aglomeración de personas cerca del Congreso. Al principio pensé que era una de las tantas manifestaciones, pero era que estaban entregando, en una de las oficinas, los formularios para optar a un subsidio de vivienda; era gente muy humilde. Miré en sus rostros el sueño de una casa propia, porque para vivir necesitamos tener esperanzas.

La gente, como dijo el presidente Truman (1949), aspira a un “trato justo y democrático”. Esa es la clave, decía él, para la paz y la prosperidad. La crisis de la democracia se resuelve con más democracia y no con autoritarismo. Recuerden que el presidente Chávez surgió por la debilidad de la democracia del hermano país. La gente optó por una vía autoritaria y miren los resultados.

Fortalecer la democracia significa darse cuenta de que —con su voto— usted tiene un inmenso poder para escoger a quien lo represente. Si no vota, no se queje. Su voto es el que puede contribuir a que el Estado no sea capturado por la corrupción ni por los violentos. Dejemos de lado nuestro individualismo y pensemos como ciudadanos. Probablemente usted estará mejor si su ciudad y su país están mejores.

joseamaramar@yahoo.com

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El día después

Como especie en la cima de la evolución de la naturaleza, hemos asumido equivocadamente un rol depredador, avasallando enormes extensiones de la tierra y poniendo en riesgo el equilibrio ecológico del mar, los ríos, los bosques, las selvas, en fin, toda la natura, ocasionando un sufrimiento al resto de los animales y la flora.

Nuestra acción predadora es multifactorial y sumamente agreste, devastando ecosistemas y, por causa de la actividad humana, contaminando y cambiando el equilibrio natural. Desaprendimos como especie la necesidad de interdependencia, con lazos de reciprocidad y continuidad entre lo viviente y lo inerte, y de corresponsabilidad entre los seres vivos por la armonía vital de la naturaleza.

Nos creemos invencibles. Por ello organizamos y consolidamos la sociedad humana por fuera de las leyes naturales, adoptando antivalores como la violencia, la avaricia, la indiferencia, la ingratitud, el egoísmo, la envidia, y deidades terrenales como el dinero, la riqueza, el poder, el lujo, etc., que nos han deshumanizado.

Hemos validado como moralmente bueno todo lo que aumenta el capital y los bienes, y como malo lo que los disminuye; que son buenos o de bien la gente que tiene numerosos bienes o poder e, incluso, definimos como objetivo principal del estudio y el trabajo la creación de riqueza y acumulación personal.

Estamos inmersos en un mundo material y frívolo que solo quiere valorar el dinero y la riqueza. Nos creemos indestructibles y nos negamos a mirar más allá de nuestros propios intereses.

Hace pocos días, despertamos en medio de una pesadilla por una agresiva pandemia viral que nos confronta ante el riesgo de la muerte, que nos recuerda nuestra fragilidad y, por ello, nos motiva a cambiar esas actitudes y comportamientos que nos han ido degradando y llevándonos a ser individualistas y utilitaristas.

Contra la enfermedad del COVID-19 no nos inmunizan la riqueza ni el arribismo y menos el ‘espantajopismo’; nuestra esperanza hoy es la ciencia, el sistema de salud y nuestra capacidad de repensarnos y hacer prevalecer el sentido común.

Es urgente abandonar la mezquindad y el individualismo que, tristemente, prevalecen aún en estos días de cuarentena con acciones tales como el acaparamiento desaforado de bienes y la especulación con los productos básicos para la supervivencia y de protección contra el virus; lo mismo pasa con las infames actitudes discriminatorias en los edificios donde vive el personal médico que combate directamente el virus; o también con la rampante desatención de las medidas adoptadas por las autoridades ante la pandemia, entre otros.  

Si en el día después de este duro capítulo de la humanidad no aprendemos a apreciar la vida más allá de la materialidad, a dejar de considerar fútil la miseria que nos rodea, a ser solidarios, fraternos, pacíficos, agradecidos, laboriosos y honestos, habremos desechado la posibilidad de mejorar en lo personal y lo espiritual, y la oportunidad de redireccionar nuestro rumbo como sociedad.

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Aislamiento inteligente

La última salida del presidente Duque ha despertado mi curiosidad y me imagino también la de muchos colombianos, atentos como estamos a la prolongación de la cuarentena a partir del 14 de abril. Resulta que ahora a raíz de las palabras del presidente se supone que de ahora en adelante hay muchísima posibilidad de que lleguemos a lo que el gobierno ha denominado Un Aislamiento Inteligente.

Empecemos a dilucidar ese enigma. ¿Será que el inteligente es el gobierno que va a decidir, a su leal saber y entender, a quien deja encerrado y a quien le da la libertad de salir? Si es así me perdonan pero que susto porque con base en que información van a proceder cuando la única válida sería la masificación de pruebas que en Colombia no existe. Surge entonces la preocupación de cuáles serían los criterios que utilizaría el gobierno para mostrar su inteligencia.

¿O será más bien, lo que parece poco probable, que el inteligente sea cada individuo? Esto sería lo ideal porque lo lógico es que las personas no sean suicidas pero eso funciona en sociedades donde la precariedad en la calidad de vida no sea la característica de una mayoría. Hasta cuando se le puede pedir a un individuo que no recibe nada del Estado, que su lugar de trabajo es la calle, óigase bien la calle, ni la empresa ni un establecimiento, que no salga a tratar de vender el aguacate, la arepa, los dulces, sobre todo los dulces que venden generalmente mujeres? Difícil de entender para esa minoría privilegiada que además maneja el país, los gremios, las grandes empresas, y las grandes extensiones de tierra, que esa es la realidad no del 27% de pobres sino del 40 o 50% de los vulnerables entre los cuales hay toda de una variedad de trabajos a cuál más precario. Para ellos la amenaza de la pandemia no es mayor a ver morir de hambre a su familia.

Queda la duda de quien más puede ser el inteligente para realizar este tipo de aislamiento. A medida que avanza las supuestas aclaraciones del gobierno sobre esta nueva forma de manejar el confinamiento lo que está quedando claro es que los inteligentes son los gremios de los grandes productores del país. Esto era lo que muchos empezaban a temer. Hasta donde el gobierno ha medido las consecuencias en términos de la expansión del Covid-19 es la gran duda. Este no es un tema que preocupe a quienes por razones equivocadas creen que a ellos, los que pueden asilarse con todas las comodidades y sin dejar de recibir ingresos, no les va a pasar nada.  Se olvidan que si el número de enfermos se dispara nadie les va a comprar nada a sus grandes empresas. Por consiguiente, y ojalá me equivoque, ese cuento del Aislamiento Inteligente no sea simplemente una justificación para darles gusto a quienes siguen mandando en el gobierno, los grandes dueños del discurso y del poder económico. Es decir, los intereses de unos pocos y no el bienestar de todos. Ojalá el presidente escuche las voces de los expertos en la salud y no solo en la economía.

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José Consuegra

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Editorial EH

El Editorial | Vencer unidos

Este desafío de colosales proporciones contra un enemigo desconocido y extremadamente peligroso, como el coronavirus, exige una respuesta descomunal de la sociedad barranquillera.

Barranquilla conmemora hoy sus 207 años afrontando un momento complejo e incierto. Una etapa difícil y hasta dolorosa, desencadenada por una emergencia sanitaria, social y económica sin precedentes en el mundo, que pone a prueba el liderazgo de sus autoridades y la cohesión de sus ciudadanos llamados a cerrar filas – espalda contra espalda – en la defensa de los valores que han hecho grande a esta tierra clavada en el corazón del Caribe colombiano.

Este desafío de colosales proporciones contra un enemigo desconocido y extremadamente peligroso exige una respuesta descomunal de la sociedad barranquillera que, sin ningún distingo, sea capaz de demostrar unidad para darle pelea y derrotarlo usando como principales recursos la solidaridad y la responsabilidad. 

Esta crisis es una oportunidad para demostrar el coraje, la valentía y la fortaleza de un pueblo que sabe reír con desparpajo y franqueza, gozar en paz y armonía y divertirse con tal intensidad como si fuera la primera, la única y la última vez que lo hiciera. Así lo demuestra, año tras año, desbordando alegría en su Carnaval de mil colores, tradiciones y folclor, en el que decenas de miles de personas se congregan para disfrutar y compartir en sana convivencia, dando lecciones de tolerancia colectiva y respeto mutuo.

La gente barranquillera, leal y apasionada, ama y sufre como pocas, pero nunca abandona. Rodea a su Junior del Alma, a Papá, y vive por él y para él, sintiendo como propios sus triunfos y derrotas y soñando, con ilusión y devoción inconmensurables, que este año sí volverá a dar la vuelta olímpica en el Coloso de la Ciudadela porque el Tiburón se lo merece todo.

Barranquilla es cultura, música, literatura, cine, danza, pintura, teatro... Son incalculables las expresiones artísticas surgidas del talento de los nacidos en esta esquina del Caribe, verdaderos íconos en sus saberes y quehaceres que en distintas épocas han marcado tendencias a través de sus obras en las que han logrado recrear sus ideales, creencias y puntos de vista.

Toda esa fuerza, esa pasión sin límites, ese ardor que entusiasma y une a los barranquilleros y que articula a cada ciudadano con su tierra con ejemplarizante ímpetu y vehemencia, es la que hoy debe inspirar para seguir en pie frente a la adversidad que golpea en tiempos de la pandemia.

No es tiempo de dejar que el miedo venza o la incertidumbre paralice. No habrá mejor día que este 7 de abril de 2020 para agitar nuestra bandera con infinito orgullo y vestir los hogares de la ciudad con sus colores. Hoy es el día de la esperanza y de la fortaleza, de la coherencia y la confianza, de aguantar y adaptarse, porque este virus no le ganará a Barranquilla, no doblegará a su gente trabajadora, alegre, honesta y comprometida que saldrá victoriosa de este trance, que no es más que un paréntesis en sus vidas.

Avanzar en medio de esta crisis demanda dar ejemplo de solidaridad con los más vulnerables para que no se sientan abandonados y exige actuar con responsabilidad frente a las medidas que invitan a cuidar los unos de los otros con entrega y sacrificio. Es una inaplazable tarea de humanidad y civismo para recuperar el valor del esfuerzo colectivo y pasar la página de la indiferencia, los egoísmos y la banalidad rampante. Tremendo reto que permitirá consolidar una Barranquilla más unida y protectora en la que prime el bienestar común.

Esta es una conmemoración inusual, todo lo es ahora y se requiere serenidad, disciplina y paciencia para afrontar la actual coyuntura, pero que no se pierda la vitalidad y las ganas de seguir adelante. El mundo está reescribiendo su historia, y cuando esto pase habrá motivos de sobra para celebrar sintiendo el abrazo del Río en el Malecón, bailando y cantando en las esquinas rumberas o compartiendo con los amigos en el bordillo durante las noches de luna bonita.

¡Resiste Barranquilla, lo mejor está por venir. Feliz cumpleaños!

PD: Gratitud a los héroes de esta crisis que, además de los profesionales de la salud, son los choferes de transporte público, el personal de limpieza, los conductores de ambulancias y los cajeros de supermercados, entre muchos otros. Ustedes son protagonistas hoy en EL HERALDO.

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Pensando en los tiempos del COVID

Normalmente en el hombre, las nuevas situaciones y el pensar en ellas, debe conducirlo, no solo a la meditación sino a la acción. Pienso, en estos momentos de encierro forzado, que una de las formas de ocupar este tiempo, es meditar y escribir. La meditación es algo que debe surgir en forma natural, cuando somos testigos de los diferentes cambios que ocurren en el universo, producidos por Dios o por el mismo hombre. Nada me impide pensar que los mismos animales tienen una imaginación que los lleva a manifestar, en alguna forma, su asombro ante los mismos. Las aves, por ejemplo, actualmente, extrañan la ausencia de navíos en nuestros mares o de bañistas en sus playas. Es esto lo que concluí después de presenciar en algún programa televisivo una playa del Perú invadida por las aves. Algo que luego me lo confirmo un correo que recibí de un amigo desde las Canarias: un escrito de Juan Gossain donde nos cuenta algo que leyó en el Universal de Cartagena, “Volvieron los delfines” y algo más, una comunicación que recibió desde Villavicencio, Volvieron los pájaros al llano.  Normalmente en el hombre, las nuevas situaciones y el pensar en ellas, debe conducirlo, no solo a la meditación sino a la acción. Pienso, en estos momentos de encierro forzado, que una de las formas de ocupar este tiempo, es meditar y escribir. Para muchos, podría ser la oportunidad de escribir algún libro.

Personalmente quisiera haberle colocado a este escrito el titulo PANDEMIA UNIVERSAL, pero veo que estaría cometiendo un pleonasmo ya que etimológicamente pandemia es equivalente a epidemia universal; algo que nos debe recordar un acontecimiento ocurrido en los primeros días de la humanidad: el diluvio universal. Sabemos según la biblia, que este fue un castigo de Dios, que él mismo prometió no repetir, el día que puso su arco en el cielo; pero no hay duda de que Dios, tiene otras formas de hacernos entender que nos estamos apartando del camino señalado, el día que nos creó. Una pregunta que se impone: ¿Será el COVID-19, un castigo divino, como el diluvio?  Pero, ¿cuál de las corrupciones actuales, merece este castigo? Sin duda, tiene que ser alguna relacionada con el incumplimiento de los dos únicos mandamientos de Cristo: Mateo 22: 37-39, mandamientos que podrían ser los únicos de cualquier religión: Amaras al señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo.  La pregunta entonces debe ser respondida por cada uno de nosotros. ¿En qué forma los hemos quebrantado? De todos modos, esta debe ser la oportunidad de un nuevo comienzo, que nos debe conducir al verdadero progreso. Estoy de acuerdo con Piaget que todos estamos expuestos al error, pero que, de éste, debe resultar algo mejor.

carlos_alberti@hotmail.com

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En este nuevo aniversario de la consagración de Barranquilla como Villa y el Centenario de Guillermo Buitrago, es razonable destacar la presencia de este cantautor cienaguero, que encontró en La Arenosa la cima de sus realizaciones.

En los años 40, Barranquilla acogió con cariño al Jilguero de la Sierra y fue aquí donde cumplió la mayor parte de sus proyectos comenzando con la grabación fonográfica de gran parte de su repertorio que Emigdio Velasco, respetable empresario, representante de la Casa Glottman, envió unas muestras a la casa Odeón de Buenos Aires, de donde se distribuyeron los primeros acetatos con la voz y música del hoy desaparecido vocalista.

El programa musical en vivo de Buitrago por Emisora Atlántico, barrió en sintonía, tanto que los dueños de tiendas y almacenes le pagaban para que les hiciera publicidad radial. Otros acudieron a él para que les grabara propaganda cantada. Además los dueños de vehículos lo esperaban para pasearlo y brindarle toda clase de atenciones. Su Cancionero Mensual G.B., era esperado por todos sus admiradores.

Buitrago, además de presentarse en populares teatros como La Bamba y el Rialto, acostumbraba a frecuentar sitios como el Paseo de Bolívar, la Lunchería Americana, el barrio Rebolo, El Boliche, siempre vestido de impecable vestido blanco de lino, camisa y corbata, tal como el autor de esta nota pudo conocerlo personalmente, apenas unos pocos meses antes de su deceso.

Esa fue la Barranquilla que Buitrago disfrutó y por eso los recuerdos de su presencia  y la música que nos legó, nos hacen evocarlo en este nuevo aniversario de la capital de Atlántico.   

Por *José Portaccio Fontalvo

joseportaccio@hotmail.com

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Es innegable observar que estamos ante un mundo que vive un tiempo de tregua, que dejará para la memoria de las nuevas generaciones un vacío de soledad y una gran historia que contar.    

Tristemente, debemos reconocer que estamos viviendo un tiempo confuso y de tan lamentables acontecimientos que paralizan la normalidad cotidiana, a la vez que ahonda nuestro sentimiento de impotencia donde solo el silencio nos consuela dentro de un espacio aislado y apacible con el que buscamos apoyarnos en la gracia de la comprensión y la amorosa solidaridad.

La humanidad entera, se ha visto obligada a darse un tiempo de distensión en su afanosa existencia, tiempo en que la economía global se acomoda a una demanda en cuarentena y las naciones se dan una tregua al privilegiar la vida de sus connacionales antes que persistir en agresiones internas y más allá de sus fronteras; mientras la naturaleza se recupera, al tiempo en que la contaminación atmosférica disminuye y la calidad del aire mejora; mientras la  música produce notas que alivian, que sanan y se escuchan voces y cantos que conmueven, que acompañan la calma de estos nuevos días, donde los  arboles respiran tranquilos y los ríos ya no lloran su destino;  los  peces salen incautos de sus escondites y las aves expanden sus alas libremente en un cielo despejado y limpio, mientras el cisne flota desprevenido en su acuático camino.   .

El mundo ha perdido voluntariamente la noción del paso del tiempo, mientras que una alegría se extravía en la confusión de una sociedad excesivamente autómata y paradójica, que, apoyada en la tecnología para ir más rápido, se sumerge hoy en un mundo que la atrapa y la aquieta, y a medida que este tiempo avanza, esa misma sociedad se reencuentra así misma para buscar unida su propia paz interior y recuperar lo que alimenta y da fuerza a nuestras vidas, como es la armonía espiritual con nuestro creador.

La angustia y la muerte contrastan al observar una humanidad más solidaria con los desfavorecidos, al mismo tiempo que se hace consciente de la biodiversidad y reconoce la necesidad de mantener un ambiente menos contaminado y reflexionar acerca de la importancia de habitar un ecosistema sano

Es un aviso, una llamada de la naturaleza para que entendamos que los sistemas de vida son la base para lograr todos los objetivos de desarrollo sostenible de manera integral.

Sin embargo, queda la gran pregunta: ¿Que pasará apenas termine esta emergencia planetaria y de qué manera podemos prepararnos para no incurrir en los mismos errores cuando estemos de regreso de este obligado tiempo de tregua?

Por *Roque Filomena.

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Redacción ELHERALDO.CO

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¿Qué es un edificio solidario?

“Seamos un edificio solidario” es el nombre de una bellísima campaña promovida por la alcaldía distrital con la que se nos da la posibilidad a todos los que vivimos en apartamentos, para aportar en este momento tan duro y en el que la solidaridad resulta indispensable para colaborar con la población más necesitada, contribuyendo con mercados que son repartidos en sectores muy deprimidos de la ciudad para solucionar el mayor problema que afecta a esta población, su alimentación.

Pero hoy se presenta un obstáculo para comprar los productos de esos mercados solidarios, y es el confinamiento al que estamos obligados para evitar la propagación del COVID19, por la razón anterior lo más aconsejable es adquirir esos mercados sugeridos por el Distrito, compuestos por productos no perecederos, mediante los diferentes servicios de domicilios, o llamando directamente a los supermercados que hoy cuentan también con ese servicio. Esa es una ventaja innegable con la que contamos en nuestra ciudad y no podría haber manera más noble de aprovecharla que adquiriendo mercados para los más necesitados. Rappi también se vinculó a esta campaña, y es otra opción que nos facilita adquirir nuestra ayuda.

Para escribir este artículo llamé a varios supermercados para ver si tenían cajas con esos mercados listos, con su valor total, y en ninguno recibí respuesta positiva. Recuerdo que en épocas de Navidad sí disponían de unas cajas con mercados, ofreciendo un par de opciones con valores diferentes, especiales para ser regaladas a personas de bajos ingresos. A todas luces hoy son muchísimo más necesarios esos mercados ya listos, empacados, con un precio especial y anunciarlos además, por prensa, radio, TV y por las redes sociales que hoy son un medio multiplicador, para que todos se enteren. Sería esa una tremenda colaboración de los supermercados de cadena. ¡Y para ayer es tarde! Esos mercados, así listos, serían el complemento ideal para el noble programa de la alcaldía Nuestro edificio solidario, por lo que esta sugerencia es también para que los responsables de dicho programa en el Distrito adelanten la respectiva gestión con los supermercados. Ninguna manera más económica y rápida para lograr una ayuda masiva y para demostrar la solidaridad de los barranquilleros.

En cada edificio deben escoger a un, o una líder, quien será la persona que reciba los mercados de los vecinos, ojalá de la mayoría, y luego llame e informe a la línea 318-712 6515, que es la dispuesta para esta campaña, para que personal y vehículo con identificación del Distrito y con todas las medidas de sanidad, los recojan y trasladen al sitio de acopio, desde el cual se distribuyen estas ayudas.

Mercado sugerido: Aceite vegetal 900 gr., pasta 500 gr., arroz 1 Kl., granos 500 gr., avena en hojuela 1 paquete, harina-pan 1 paquete, azúcar 1 Kl., café 1 paquete, sal 1 Kl., caldo de vegetales: cubitos, panela empacada 2 unid., atún en lata 2 unid., sopa de sobres 4 unid., leche en polvo 1 bolsa, papel higiénico 2 unid., jabón de manos 2 unid., pasta de dientes 1 tubo, champú 1 unid y detergente en polvo 1 paquete.

En esta coyuntura todos debemos ser solidarios. El Distrito espera que los que más tenemos ayudemos dentro de nuestras posibilidades a los menos favorecidos. Hoy les pido a los duros de corazón, y de bolsillo, que piensen en sus hermanos más pobres. Y como pueden ver, es fácil hacerlo.

nicoreno@ambbio.com.co

 

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