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Cientos de personas protestan por la muerte de George Floyd frente a la embajada de EEUU en Luxemburgo.
EFE
Mujer e Igualdad

Una mirada a las razas y al antirracismo en tiempos de “igualdad”

La ciencia coincide en que las razas no existen, pero el racismo se manifiesta en prejuicios, desigualdad social y discriminación.   

María Alejandra Cassiani recuerda los esfuerzos en vano que hacía todos los días por amarrar su cabello en una coleta. Tenía 12 años y le frustraba el tiempo perdido frente al espejo aplicándose crema de peinar, gel y lacas para que su pelo se viera “presentable” como le exigía su maestra de lenguaje para permitirle la entrada a su clase. Sus compañeros le decían “pelo cucú”, “pelo de corozo”, “pelo 888” y cualquier otro sobrenombre con el que pudieran hacerle ver sus rasgos como algo antinatural.

Con los años María Alejandra dejó de alisarse el pelo. Afirma que se reconoció a sí misma como negra, lo que le “permitió ver una realidad” que siguió presente en su vida mucho después de comprender que su maestra la discriminaba. Creció escuchando los comentarios de su abuela que le animaban a salir con un “blanquito” para que “arregle la raza”, o de gente que al preguntar por un puesto laboral en su carrera como administradora creyera que venía por el trabajo de servicios generales o que la revisaran de más al salir de las supertiendas. Su vida, como la de muchas más personas afro ha estado marcada por estereotipos debido a su color de piel.

“De niña no entendía por qué mi padre al llegar cansado de su trabajo decía que hay trabajar como negro para vivir como blanco. Todos estos estigmas parece que nos definieran, que nos condenaran. Es muy triste que se niegue una historia de exclusión racial”, sostiene.

La oleada de protestas iniciadas en Minneapolis por la muerte del afroamericano George Floyd a manos de policías generó llamamientos al boicot en ese país por razones políticas. El eco de ese descontento social se extendió por diversos países del mundo. Colombia no es la excepción. La discusión transgredió entornos digitales y académicos en medio de la pandemia por el coronavirus con la etiqueta #LasVidasNegrasImportan un movimiento que nació en EEUU en 2013, pero que se reavivó por las demandas de los manifestantes desatando discusiones en torno al racismo, la ciencia, la resistencia de los pueblos y la igualdad.

 

Cuando me dicen que todos somos iguales y las razas no existen pienso en mi niñez y creo que es una forma de invalidar lo que vivimos

El preámbulo de la Declaración sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial proclamada en 1963 por la Asamblea General de las Naciones Unidas afirma que “Toda doctrina de superioridad basada en la diferenciación racial es científicamente falsa, moralmente condenable y socialmente injusta y peligrosa, y que nada en la teoría o en la práctica permite justificar, en ninguna parte, la discriminación racial”.

Sin embargo, para personas como María Alejandra, después de más de 180 años de la Abolición de la Esclavitud la palabra igualdad le recuerda todos los prejuicios con los que ha tenido que coexistir desde su niñez.

“Cuando me dicen que todos somos iguales y las razas no existen pienso en mi niñez y creo que es una forma de invalidar lo que vivimos. Protestar con una pantalla negra en las redes sociales es un tipo de ‘solidaridad’ cómoda y lejana. Publicar una foto con una persona negra para demostrar que no somos racistas es aún más ofensivo porque vuelve a mostrar a los negros como objetos de circo”, manifiesta.

“Las razas no existen”...para la ciencia

Carlos Silvera, médico, Ph.D en Medicina y Cirugía, especialista en Medicina Genetista y docente de la Universidad del Norte, explica que para la ciencia no existen las razas sino la especie humana.

“En la ciencia no existen las razas porque todos los seres humanos tenemos la misma cantidad de genes. En la naturaleza estos genes son polimórficos, es decir, que pueden tener diversas formas porque están  compuestos  por las secuencias de bases adenina,  timina, citosina, guanina. Un gen es una combinación de esas cuatro letras ATCG y dentro de ellos hay variaciones de tipo SNPs (polimorfismo de un único nucleótido) que hace que se vayan recombinando y cambiando”, explica.

Silvera dice que a través de la evolución los genes de los diferentes grupos han dado origen a los tipos de poblaciones o grupos étnicos que tienen características fenotípicas como el color, peso y talla.

“Caucásicos, afrodescendientes, orientales, amerindios, todos son normales e iguales aunque se vean diferentes. Es decir, que si usted es caucásico y mide 1.90 y otra persona es oriental y mide 1.50 no es más desarrollado uno sobre el otro. Ambos tienen la misma  hormona del crecimiento solo que debido a ciertas condiciones unas personas son más bajas y otras más altas”.

Silvera enfatiza en que aunque los genes son los mismos es la variabilidad de los genes la que permite las diferencias físicas en los seres humanos.

“La naturaleza necesita ser variable”.

Cuando las personas se reproducen hay una recombinación de genes que es la que permite que los hijos de los mismos padres no sean iguales entre sí. Por otra parte, la naturaleza incide en esas diferencias por la adaptación del ser humano a diferentes entornos. Existen zonas muy frías, calientes, planas montañosas, lluviosas y, aunque no hay una demostración determinante al respecto, se presume que con los años la adaptación a estas condiciones creó algunos rasgos como el color de la piel”.

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”, dice el artículo primero de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Shutterstock

Vidas racializadas

Eloisa Berman Arévalo, Ph.D en Geografía, Profesora Asistente del Departamento de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad del Norte, dice que aunque la raza no es una categoría válida para entender la diversidad humana tiene un origen colonial que se utilizó para clasificar a la población según los rasgos físicos atribuyéndosele además comportamientos culturales y morales ligados a una jerarquía social.

“Clasificar la diversidad humana en términos de categorías raciales o razas ha sido cuestionado tanto desde las ciencias sociales como entre las ciencias naturales. No es válido desde el punto de vista científico”.

Ahora bien, agrega, esto no quiere decir que la raza como concepto social y como una categoría de análisis de dinámicas sociales no sea válida, es muy válida. “No las categorías raciales sino todo lo que se asocia al hecho de que ciertas personas sean racializadas. Entonces, es importante hablar de raza pero con relación a la racialización, al racismo a toda la diferenciación y estereotipos que está ligada al ejercicio del poder”, explica.

Berman señala que, en ese sentido, las razas son una construcción social, pero que en países como Colombia se refleja con una amplia brecha de desigualdad.

“En el país no se puede hablar de clases sociales sin hablar también de razas porque son completamente interseccionales. Por otro lado, también está  la autoidentificación en términos raciales porque sabemos que aunque la raza es una categoría colonial la gente sigue siendo racializada. En esa medida, los colectivos también se reapropian de esa categoría de identificación y comienzan a reivindicarse. En Colombia y en América Latina, a diferencia de Estados Unidos en contextos raciales, lo étnico también juega un papel importante y cada vez más las comunidades negras se identifican como etnia y no como raza”.

 

Es importante hablar de raza pero con relación a la racialización, al racismo a toda la diferenciación y estereotipos que está ligada al ejercicio del poder

La lucha negra

Para el historiador Javier Ortiz Cassiani, al plantearse el discurso de que “todos somos una raza humana” y de que “no existen diferencias entre unos y otros ante la ley” se generó una práctica de dominación de unos sujetos sobre otros.

“La idea de igualdad no garantizó que los prejuicios, las dinámicas políticas y de ejercicio del poder recayeran sobre unos sujetos y en beneficio de otros. La abolición de la esclavitud y la instalación de ideas liberales que planteaban que no había que hablar de negros y blancos, ni de mulatos, ni de zambos. A pesar de pretender una supuesta igualdad, también dejaba  entrever que algunos eran menos iguales”.

Ortiz Cassiani recalca que “una manera de combatir es no desconocer la diferencia”. “El desconocimiento también refuerza el silencio, sobre todo lo negativo que ha recaído sobre la población para que no se reclamen derechos específicos. Paradójicamente, sí se reconoce la diferencia para inferiorizar al otro, para tratarlo de manera desigual. Para quienes tienen ciertas características físicas explotadas a lo largo de la historia hablar de la raza humana universal no les genera confianza porque a pesar de este discurso igualitario siguen siendo discriminados”.

 

Imagen de dominio público de la Marcha en Washington por el trabajo y la libertad el 28 de agosto de 1963. National Archives and Records Administration

El historiador sostiene que las razas están instaladas en el imaginario de la humanidad porque bajo la construcción de la idea de la raza se estableció una forma de control, de poder.

Matilde Eljach, socióloga y doctora en Antropología, coincide con él en que el concepto de raza basado en el color de la piel es una construcción política.

“La Antropología lo reforzó al exotizar las diferencias y crear a ese ‘otro’ diferente al estereotipo de quienes crearon esa taxonomía. Esta diferenciación ha dado lugar a territorializaciones en el imaginario colectivo, agenciadas y reforzadas por quienes escriben la historia, producen conocimiento y promulgan las normativas morales y legales”.

Para Eljach, lo acontecido en Estados Unidos a raíz del asesinato de George Floyd es “desde todo punto de vista repudiable y censurable”, sin embargo asegura que este desbordamiento social va más allá de la muerte del afroamericano.

“Es el rechazo al autoritarismo, a la exclusión, al remedo de Democracia, al racismo estructural, que esa sociedad está denunciando”.

Los movimientos de rechazo que se han generado en redes sociales por causa del racismo han despertado la solidaridad del mundo, sin embargo, para la investigadora un panorama preocupante es que en Colombia se “ha ido asimilando la muerte de líderes y activistas de derechos humanos hasta el punto de naturalizar sus muertes sin que se genere ninguna reacción”.

En ese sentido, dice, “así como hay que sumarse a la protesta global que estalló en Estados Unidos, qué bueno sería reaccionar aquí ante el asesinato sistemático de colombianos”.

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