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Inequidad de género: a la espera de ‘vacuna’

Las consecuencias de la pandemia han puesto en riesgo los avances en materia de equidad de género.

El surgimiento intempestivo de la pandemia del Covid-19 ha obligado a los gobiernos en el mundo a afrontar la coyuntura desde sus capacidades, lo que en muchos países supone planes de gestión de riesgos emergentes poco robustos, presupuestos insuficientes y precarios modelos de administración pública. Esto explica que la mayoría de las medidas implementadas busquen dar respuesta a las necesidades sanitarias inmediatas, dejando en segundo plano asuntos estructurales, como la equidad de género. 

Al igual que en previos brotes epidemiológicos, especialmente del Ébola en África Occidental, el Covid-19 puso sobre la mesa la necesidad de incluir la perspectiva de género en el estudio y gestión de emergencias. En este marco, iniciativas como Gender and Covid-19 y la serie Mujeres en Tiempos de Covid-19, del Observatorio Colombiano de las Mujeres, buscan contribuir a la identificación de los efectos diferenciados de la pandemia en las mujeres, lo que constituye una condición necesaria para la formulación y ejecución de intervenciones efectivas y equitativas. 

Si bien el virus parece ser menos letal para las mujeres, debido a diferencias inmunológicas basadas en el sexo y de hábitos asociados al género, como lo sostiene un estudio publicado en la revista Frontiers in Immunology, está teniendo consecuencias sociales y económicas devastadoras para las mujeres y las niñas, y ha puesto en riesgo los avances en materia de equidad de género en los ámbitos de la salud, el hogar, el trabajo y la educación.

Salud

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), las mujeres representan el 70% de los empleados en el sector de la salud a nivel mundial, hecho que implica mayor exposición al virus por parte de este grupo poblacional. Además, según la misma fuente, dentro del sector persisten inequidades de género que se traducen en condiciones laborales subóptimas como empleo de medio tiempo, salarios inferiores a los recibidos por pares masculinos y barreras a puestos de poder y de toma de decisiones. Esto último afecta la diversidad de los grupos científicos, aumenta potenciales sesgos en el conocimiento y ulteriormente, excluye la perspectiva de las mujeres en la ciencia. 

Por otro lado, los datos de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) evidencian que hay menos mujeres que hombres cotizando al sistema de salud en Colombia, lo que incluso en caso de estar en condición de beneficiarias y poder acceder a los servicios del plan de beneficios, las coloca en situación de mayor vulnerabilidad, toda vez que no tienen acceso a beneficios como la licencia de maternidad y la incapacidad remunerada. 

Hogar

Esta visión más amplia de las necesidades de las mujeres reconoce los roles de género que determinan las dinámicas sociales. Los resultados de la versión más reciente de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) del DANE, muestran que las mujeres participan más en las actividades de trabajo no remunerado que los hombres y en promedio, dedican 7 horas y 4 minutos a la realización de las mismas, alrededor de 4 horas más que los hombres. Es claro, entonces, que la mujer asume mayores cargas de cuidado en el hogar, que se incrementaron con las medidas de contención del brote, especialmente en familias con niños en edad preescolar o en condición de discapacidad, adultos mayores dependientes y personas enfermas. 

Adicionalmente, el confinamiento aumentó la violencia contra las mujeres y niñas, y en muchos casos, facilitó su prolongación y la impunidad del agresor. A pesar de que en Colombia se han implementado estrategias que han tenido una buena acogida por parte de la ciudadanía, como lo demuestra el incremento exponencial de llamadas a la línea 155 de orientación a mujeres víctimas de violencia durante los últimos meses, los servicios de atención y protección son insuficientes para responder ante la cantidad de casos en el territorio urbano y rural y las nuevas formas de violencia, como lo señala la Comisión Interamericana de Mujeres de la Organización de los Estados Americanos (OEA). 

En este contexto, la creciente imposición de cargas económicas del hogar representa para las mujeres otro factor de riesgo. El incremento de la jefatura femenina del hogar en Colombia, que pasó de 30% en el censo del 2005 a 41% en el del 2018. Si bien da cuenta de transformaciones estructurales positivas, se enfrenta en la práctica con barreras que comprometen la estabilidad de los hogares sostenidos por mujeres.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advierte que estos son económicamente vulnerables, entre otras razones, por los salarios inferiores que reciben las mujeres y las limitadas oportunidades comparativas a trabajos remunerados y recursos productivos. 

¿Hacia dónde vamos? 

En su última reunión, el 18 de diciembre, la Junta Directiva del Banco de la República, pese a sostener la tasa de intervención en 1,75%, en consideración de la baja inflación presentada en noviembre, avisora un panorama de recuperación económica, con expectativas de inflación ancladas en el mediano plazo y condiciones financieras externas favorables para la financiación de la economía nacional. Ante este escenario prometedor que contrasta con la realidad de las mujeres en el mundo con Covid-19, cabe cuestionarse:  ¿Avanzará al mismo ritmo la recuperación económica de las mujeres? ¿Se prolongarán en el largo plazo los efectos de las desigualdades que se han exacerbado como producto de la pandemia? ¿Se podrán revertir? ¿Bastará la llegada de las vacunas contra el Covid-19 o se necesitará una vacuna contra la desigualdad de género? 

Trabajo

Los datos proporcionados por la Gran Encuesta Integrada de Hogares del DANE muestran que las mujeres han sido las más afectadas en el mercado laboral por la pandemia.  Para el tercer trimestre de 2020 (julio-septiembre), la tasa de desempleo de las mujeres se ubicó en 22,8%, con una variación anual de 9,1 puntos porcentuales (pp), a diferencia de la tasa masculina que, además de ser inferior (13,9%), sufrió una variación anual de 5,6 pp. Si bien esto responde a la contracción generalizada de la economía nacional, la profundización de la brecha de desempleo, en conjunto con la disminución en las presiones en el mercado laboral por parte de las mujeres, la representación femenina mayoritaria en la ocupación sin remuneración, menor tasa de ocupación de mujeres que de hombres, y las altas tasas relativas de inactividad e informalidad para las mujeres, dan luces de fallas estructurales en el mercado laboral. 

Existen vulnerabilidades sectoriales específicas. Los sectores mayoritariamente ocupados por mujeres (alojamiento y servicios de comida; administración pública y defensa, educación y atención de la salud humana; actividades artísticas, entretenimiento, recreación y otras actividades de servicios) coinciden con ser de los más afectados por la pandemia y han tenido una recuperación más lenta que otros sectores ocupados mayoritariamente por hombres. 

En este sentido, el desempleo se debe también a problemas estructurales en la formación de la mano de obra; es decir que hay una carencia de los profesionales que el mercado laboral reclama. 

Educación

El Covid-19 ha traído los denominados “trabajos del futuro” al presente, lo que ha puesto en evidencia la marcada brecha de género existente, a nivel técnico y profesional, en las carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas — STEM— por sus siglas en inglés, que se materializa en segmentación y segregación ocupacional. En el 2018, por ejemplo, los datos del Sistema Nacional de Información de la Educación Superior muestran la subrepresentación de las mujeres en áreas del conocimiento históricamente asociadas al género masculino, como Ingeniería, Arquitectura, Urbanismo y afines, que se acrecientan al analizar los núcleos básicos del conocimiento específico, tanto de matriculados como de graduados. La Ingeniería Eléctrica e Ingeniería Mecánica, por mencionar sólo algunos, presentan una representación femenina inferior al 9%.

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