Del ahogado solo está quedando el sombrero

Los sombreros vueltiaos de colores es la nueva ‘sensación’ en el Carnaval de este año.s:3:

“Los sombreros chinos llevan más de un año en el mercado, siempre se han traído y a nadie les gustaba. Los medios son los que le han dado la fama y ahora, con la problemática, todo el mundo pregunta por él”, comenta Eitan Acuña, joven comerciante de los alrededores del Estadio Romelio Martínez.

En sintonía con esto, me llega a la cabeza un dicho: del ahogado solo quedó el sombrero.

El tráfico de mercancías de imitación no es nuevo; es fruto además, de una feroz globalización que amplía la producción en masa y merma la calidad de los productos a través de la explotación de monopolios confeccionados en talleres subalternos desprovistos de toda seguridad laboral.

Si por algo se ha caracterizado China, más allá de los rollitos de primavera o las películas de Jackie Chan, - sin desprestigiar con ello el valor de sus tradiciones o tópicos culturales-, es por la sorprende habilidad, de convertir todo elemento artesanal en la copia barata de un producto en serie, manufacturado bajo una marca falsa y, a menudo, suministrado a través del contrabando.
En Colombia, no podía faltar la intrusión de este fenómeno que ya asola todos los países de occidente, como tampoco la apropiación de un símbolo cultural, comercial y de interés turístico como es el famoso sombrero vueltiao, propia de los sabaneros de la región de Córdoba y Sucre.

El sombrero vueltiao es un referente cultural y semiótico que habla por la tradición y las raíces de un pueblo. Arraiga en sí una geografía, historia y antropología propia. Se trata de una confección artesanal elaborada por los indígenas del Sinú que ha acompañado al hombre no solo como un elemento ornamental sino de protección frente al calor de estas tierras.

Con más de 2.000 años de antigüedad, su elaboración se efectúa a través del trenzado de la caña de flecha y su calidad, junto al precio, se asume en función al tipo de vueltas que le otorgan suavidad y movilidad al tejido.

Se trata de un elemento que viste la historia y la cultura de la Región Caribe y que en 2004 fue declarado Símbolo Cultural de la Nación y en 2011 se creó su Denominación de Origen, protegiendo a los artesanos del plagio y dándole el reconocimiento de la exclusividad de su medio de origen.

Sin embargo, en días previos al Carnaval no se pudo pasar por alto tal irregularidad, y el ministro de Comercio, Industria y Turismo, Sergio Díaz-Granados, anunció que, en conjunto con la Dian, se tomarán las medidas necesarias para proteger la producción nacional de esta prenda.

“La diferencia es que los sombreros chinos son de plástico y dan más calor”, asegura un comerciante quien añade: “nosotros lo llamamos raspafrente”.

La mayoría de los sombreros vueltiaos de los comerciantes son traídos de Tuchín, Córdoba. El precio varía desde los 40 mil pesos a los 400 mil.

“La prohibición es solo nacional, pero la importación está avalada por un tratado de libre comercio”, añade Eitan, quien confiesa que, aunque dispone de sombreros chinos en su puesto, “deberían prohibirlo desde los puertos marítimos”.

En Barranquilla el suministro de sombreros falsos proviene de los mayoristas del Centro, y su consumo gira en torno al público colombiano ya que “el extranjero prefiere el original”, asegura el joven.

Por otro lado, se encuentra la facturación de sombreros sintéticos traídos de Medellín, cotizados entre los 15 o 20 mil pesos. “Los sombreros chinos son ordinarios, nosotros los traemos de fábricas con su firma y preservan la elegancia”, señala James Martínez.
Un simpatizante comprador noruego asegura que la venta de sombreros chinos “afecta al patrimonio. La gerencia cultural tiene que estar en Colombia”. Además, “propicia una mala calidad y un costo ecológico al otro lado del mundo”.

Su esposa, la barranquillera María Castellanos, añade que “debemos evitar comprarlos y así, defender lo nuestro”. Otro comerciante asegura: “no me he atrevido legalmente porque me parece que fomenta la competencia”.

Además, estos días se está montando la Feria Artesanal de Sombreros para el Carnaval en la calle 72 con 46 y, tanto particulares como diversas fundaciones, preparan el material para ofertar durante el periodo de Carnaval una variedad decorativa para la cabeza.

La venta de sombreros chinos está afectando en esta temporada alta a los lugares de mayor demanda turística y ya se han filtrado en Barranquilla, donde se comercializan desde el centro hasta el norte de la ciudad.

La pérdida de patrimonio es una problemática de fondo que va más allá de la imitación de un producto concreto. Cuando se pierde la identidad de unos valores comunes asociados a la tradición, y a unas pautas sociales comienza la pérdida de todo lo demás. El noruego, antes de marcharse aseveró: “Sombreros colombianos, para alimentar a niños colombianos”. Con ello, cerró su mensaje.

Por Paula Romero
 

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