El Heraldo
La Guajira

La impunidad que reina por el crimen de Karen y su hijo

En mayo del 2014, la joven de 20 años de edad fue encontrada con un tiro en la cabeza y a los pocos metros estaba el cadáver de su hijo Manuel con golpes en su cuerpo.

El 6 de mayo del año 2014 La Guajira se estremeció con el crimen de Karen Povea Marino de 20 años de edad y de su pequeño hijo de tan solo cuatro meses de nacido.

En los medios de comunicación se publicaron las impresionantes fotos del cuerpecito de Manuel dentro del arroyo Guerrero, que está en la vía entre Riohacha y Santa Marta.

A unos 50 metros estaba el cadáver de su mamá. Él con golpes en su cabecita y ella con un disparo en la cabeza.

El hallazgo se produjo gracias a la información que dieron a la Policía algunos indígenas que viven en una comunidad cercana y se percataron del hecho cuando transitaban por el área. 

Desde entonces han pasado ocho años y la impunidad ha sido la protagonista en esta trágica historia.

“Siento lo mismo que el primer día, mi familia y yo estamos en un duelo que no hemos podido superar, la herida sigue abierta por la revictimización de mi hija y mi nieto, con esta impunidad”, manifestó la mamá de Karen, Patricia Marino, en diálogo con EL HERALDO.

Asegura que el caso ha tenido un gran retroceso en los últimos tres años y que está segura de que las pruebas que se recolectaron, han desaparecido.

“Hace tres años hablé con el director de la Fiscalía de la época y, a pesar que se trata de un feminicidio y un infanticidio, además de la forma tan cruel en la que los asesinaron, el caso no estaba priorizado. Después me reuní con el fiscal investigador y me dijo que la orden de captura contra la única persona vinculada, estaba a punto de precluir”, asegura Patricia con mucho dolor.

Patricia se refiere a Enrique Borrego Berrío, el exnovio  de Karen y el papá de su hijo, el principal sospechoso de haber cometido el crimen que conmocionó a toda La Guajira.

“Él fue quien se la llevó, según me dijo una amiga de Karen, quien vio su carro pasar por la casa y recogerla en la esquina”, señala.

Patricia Marino, madre de Karen, lamenta que aún no haya habido justicia.

Relata que, el día anterior a que aparecieran los cuerpos, Karen salió de su casa  con su hijo y le dejó el celular a su hermana, a quien le advirtió: “te dejo mi teléfono por si acaso me pasa algo (...) ahí está la última llamada que tuve”.

Ese temor de que algo le pudiera pasar, se convirtió en realidad.

Esa noche la joven no volvió a su casa y su familia comenzó una afanosa y desesperada búsqueda con amigos, familiares, conocidos e incluso con el exnovio, a quien llamaron para preguntarle por su paradero.
Enrique llegó a la casa, negó que se la hubiera llevado e incluso discutió con una prima de Karen por ese tema, indica Patricia. Supuestamente él le pidió que la acompañara a hacer una diligencia a Camarones, corregimiento de Riohacha.

A las cinco de la mañana del día siguiente, la búsqueda terminó con una llamada que recibió Patricia, en la que le informaron que los cadáveres de su hija y su nieto fueron encontrados.

Patricia nos explica que su hija había decidido tener el bebé y ponerle sus apellidos, luego que terminara su relación con Enrique, poco después de que se enterara que estaba embarazada.

“Eso fue lo que quiso ella y lo que me dijo cuando le pregunté qué íbamos a hacer después que me informara sobre su embarazo”, agrega.

Las pruebas en el celular de Karen

Una de las pruebas que Patricia considera importante es la conversación que encontraron en el celular de Karen, el cual revisaron poco después de enterarse de su muerte.

Recuerda que “allí vimos que Enrique le pedía que la acompañara a Camarones. Ella le preguntó que si podía ir alguien más y él le contestó que no, que quería ir solo con ella”.

Sin embargo, un año después del crimen, Patricia revisó, durante siete horas, las pruebas en la Fiscalía y dice que las conversaciones que leyó en el celular no eran las mismas.

“No se qué pasó, pero parece que hubieran manipulado la información”, aseguró.

Añade que durante este tiempo solo uno de los investigadores se puso en contacto con ella y no tenía ni idea del caso y “no se había tomado la tarea de leer las carpetas bien gruesas que hay sobre el crimen”.

Después se enteró que lo había asumido una investigadora de Maicao con quien no ha hablado.

“He conversado con quienes pueden ser testigos claves, pero la Fiscalía no los ha llamado a indagatoria, no se qué pasa, pero todo ha ido en retroceso en vez de avanzar y he pensado que hay intereses ocultos para que este caso no prospere”, indica.

El exnovio se entregó

Patricia Marino, la mamá de Karen y abuela de Manuel, afirma que a pesar de todas las pruebas que se pudieron tener, los testimonios y de que el exnovio de su hija, se entregó a las autoridades, nada se ha podido hacer para hacer justicia y sobre todo para llegar a la verdad.

La entrega de Enrique Borrego se dio tres días después de que fueran encontrados los cuerpos de Karen y su hijo.

Lo hizo ante la Fiscalía en Riohacha acompañado de un abogado, después que había desaparecido durante varias horas, por lo que era buscado por la Policía para obtener su testimonio.

Aunque el sospechoso rindió versión libre ante el ente acusador, en ese momento las autoridades no contaban con las pruebas suficientes para ordenar su captura.

Pasadas las 24 horas del interrogatorio se emitió una orden de captura, pero Borrego ya había desaparecido otra vez y hasta el momento no se ha conocido su paradero.

“Todo lo que ha pasado es muy raro, pero algún día sabremos la verdad sobre la muerte de mi hija y mi nieto”, dice Patricia, quien recuerda a su hija como una joven muy risueña, llena de alegría y amante de la música vallenata, sobre todo la de Silvestre Dangond y Martín Elías.  

“Karen era muy buena amiga, solidaria, desprendida de las cosas materiales y quería ser periodista, pero además se desvivía por su hijo, tenía muchos sueños”, manifiesta.

Tres días después del doble crimen, Karen Elena y su hijo Manuel fueron sepultados en medio del dolor de su familia y amigos.

Como eran procedentes de Las Flores, el primer corregimiento de Dibulla que se encuentra a un lado de la Troncal del Caribe, en la ruta Riohacha a Santa Marta, allí reposan sus cuerpos.

“Siempre hay una lágrima y un recuerdo de lo que vivimos, pero también una impotencia por la inoperancia de la Fiscalía”, expresa Patricia.

Investigadores del CTI recogieron pruebas en el lugar donde ocurrió el crimen.
La Fiscalía no respondió

A pesar de que, durante varios días y por diferentes medios, EL HERALDO buscó la información sobre el caso en la Fiscalía, no obtuvo respuesta del ente acusador.

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