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Fotografía de Elis López de Insignares durante su primera comunión en Sincelejo, Sucre. La emprendedora no se siente de 76 años de edad.
César Bolívar
Entretenimiento

¿A qué edad empieza la vejez?

Expertos consideran que factores no cronológicos inciden a la hora de determinar si se ha entrado en la ancianidad. 

¿Qué significa llegar a la vejez? ¿A quién se le dice viejo? ¿Por qué hay viejos jóvenes y viceversa? 

Las Naciones Unidas (ONU) reconocen y usan como límite estándar para referirse a una persona de edad avanzada o a un adulto mayor el haber vivido 60 años. Cuando se cumplen 75 años de edad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) los nombra viejos o ancianos. Después de los 90 años, los distingue como grandes viejos o longevos. 

¿Hay edades que no se basan en el envejecimiento cronológico, a menudo relacionado con el rol de los individuos en el mercado laboral? Tal vez le ha pasado que ve a hombres de 50 años con apariencia de uno mayor o conoce a mujeres de más de 70 que no aparentan la fecha de nacimiento que aparece en su cédula. 

La neuropsicóloga Nury Lugo comenta que si bien en los años 60 llegar a los 35 años era ser adulto mayor, en los 90 era tener 40. Afirma que no hay consenso, aunque algunos autores dicen que la vejez empieza a los 60 años, para otros comienza a partir de los 65 o 70 años.

“En Colombia, desde los 55 años ya se les incluye dentro del grupo adulto mayor, los exámenes de control y de rutina, llamados tamizajes, comienzan desde esa edad”. 

Según Lugo, hace un tiempo se usaba el término tercera edad, por cuestiones culturales, pero “por el nivel de funcionalidad que tienen realmente las personas mayores de 60 años” se denominan adultos mayores. “Si tú le preguntas a un niño quién es un adulto mayor, de seguro te va a responder que su abuelo, lo mismo si le preguntas a un adolescente. Pero si le preguntas a un adulto va a decir que sus padres y un adulto mayor te va a decir yo, cada quien lo va a categorizar según la edad, lógicamente”, dice. 

Asimismo señala que la naturaleza del proceso de envejecimiento está asociada al deterioro físico, a la pérdida de algunas habilidades que están relacionadas con una condición integral, como la movilidad, la condición mental, la condición cardíaca, los huesos y la visión.

Lugo se está refiriendo al envejecimiento biológico, que, según un estudio de Fedesarrollo de 2015, es un proceso en el que, con el paso de los años, “se presentan cambios moleculares, celulares y orgánicos que afectan las funciones de los organismos (...) “una pérdida de las capacidades funcionales y una disminución gradual de la densidad ósea, el tono muscular y la fuerza”.

Casos de adultos jóvenes

El baile es mi hobby. A veces prendo el equipo de sonido y me pongo a bailar vallenato y salsa sola”, cuenta doña Elis López de Insignares. A esta mujer de 76 años le preguntan a menudo cuál es su secreto para conservarse tan jovial. “Esa es la pregunta del millón”, menciona ella, y responde: “es el quererme mucho, primero yo, segundo yo y tercero yo”.

Narra haber salido a caminar alrededor de 15 años en un parque en Soledad, y añade que consume poca azúcar, grasa y sal, “tampoco es que me cohiba”.  

‘La gran Elis’, así es llamada por sus vecinos en el barrio Bellavista, en donde vive desde hace 43 años. “Yo le pido a mis hijas que el día que me muera escriban en una bandera ‘La Gran Elis”, dice entre risas.

Nacida en Sincelejo, comenta que sus padres eran de Sampués y que su abuelo Belisario Verbel, que fue alcalde de ese pueblo, tuvo 68 hijos. 

“Yo soy modista, pinto cuadros y alquilo sillas. Me hace feliz trabajar como comerciante, yo no me le arrugo a los oficios”. 

Durante 35 años, López tuvo una tienda que le permitió sacar adelante a sus cinco hijos, que hoy son profesionales. “La mayor tiene 52 años y el último 44”. Relata que “parrandea” con ellos, “yo no soy la viejita que dejaron abandonada en la casa (...) Yo abro y cierro la fiesta”.  

Para esta luchadora, la edad no está en los números. “Yo creo que la personalidad y el espíritu de uno es lo que ayuda en la vida”. En la noches del 2003, doña Elis validó su bachillerato, tenía 63 años, “fue maravilloso”, expresa.

López validó en 2003 su bachillerato en un nocturno y la emprendedora en su casa en Soledad.

Los problemas no han estado ausentes en la vida de esta alegre sincelejana, pero afirma que ha aprendido a manejarlos. “En la vida no todo es bonito, como todos, lloró, pero a lo que salgo a la puerta soy la Elis sonriente, no me gusta quejarme o que la gente note mi malhumor o rabia”.

Otra de las claves que sugiere López para mantenerse joven es “no afanarse y no verle la dificultad a las situaciones, yo soy un centro de soluciones para quienes lo necesiten”. 

Doña Elis desde niña se baña apenas se levanta, “porque uno nunca sabe lo que se puede presentar”. Así, asegura, el día se le hace largo. “Yo aprovecho cada minuto del día, lo hago rendir. También anota sus planes para el día, “escribo como tú no tienes idea, me gusta hablar sobre las cosas positivas, lo que veo en los programas instructivos de la televisión, para  poder tener bases y aprender”. 

Luis Felipe Patrón. Para este abuelo de 87 años,  una persona vieja es aquella “que ya no quiere moverse, que ya no tiene las energías para correr, para montarse en un árbol; “ya lo que hay son restricciones. Yo si me puedo montar en un techo y en un árbol, pero esos ya  son casos excepcionales”.

Patrón considera que una persona entre 70 y 80 años “ya es vieja”, porque las fuerzas se están perdiendo o no tiene opción de trabajar. Entre los 50 y 70 años, “todavía está duro”, opina.  

Para este toludeño, caminar es una “devoción”, que no se asocia a su edad. “Eso es algo mío desde joven, yo caminaba desde las cinco de la mañana  hasta las siete de la noche, cuando tenía 10 o 20 años”. Se gastaba dos horas en ir de Tolú a Coveñas caminando, “casi corriendo”, y de Tolú a San Antero, otras dos horas y media, “caminando de verdad o a veces trotando”.

Afirma que a pesar de que los médicos recomiendan la caminata en las mañanas, a él le hace efecto “sudar y mover el cuerpo, para votar la frialdad”. Señala que mucha gente se cae, porque los andenes son irregulares. “A veces opto por caminar  por la calle, es menos probable que uno se tropiece con algo, pero se expone uno a que lo atropelle un carro”. 

Camina de ida y vuelta hasta el mercado de Barranquilla. “Allí no me suelo sentar en ninguna parte, yo creo que es mi contextura orgánica, mi formación de nacimiento”, indica. 

Luis Felipe Patrón en una visita a Maloka, en Bogotá.

Otros factores que inciden en la vejez.

Una parte de la respuesta a los interrogantes también podría estar en el enfoque de curso de vida. Este establece que eventos de orden económico, histórico, social y demográfico configuran las vidas individuales. Así, en el caso colombiano, se incluyen en el colectivo de edad avanzada a los adultos mayores de 50, “por razones de situación de pobreza extrema, discapacidad y/o por ser integrantes de pueblos indígenas”, de acuerdo con el proyecto de Política colombiana de envejecimiento humano y vejez 2014-2024. El documento dice que las principales desigualdades sociales en la vejez se manifiestan en términos de ingresos económicos, seguridad social en pensiones, educación y género.

En la publicación Misión Colombia Envejece, de Fedesarrollo y la Fundación Saldarriaga Concha, se asegura que en el país “hay más viejos que nunca antes”, con cerca del 10,8% de la población con 60 años o más (5,2 millones de personas). La estimación para 2050 es del 23% de la población (14,1 millones).  

Ese estudio arrojó que “el fracaso del sistema pensional contributivo y el tamaño relativamente menor de los programas asistenciales” generan un diferencial de 25 puntos porcentuales entre la tasa de pobreza de la población mayor (44.7%) y el total de la población (19.5%). 

En la revista española de investigaciones sociológicas (Reis), la socióloga María Teresa Bazo expresa que “resulta paradójico que la prolongación de la vida de las personas —que ha sido un sueño largamente acariciado por los seres humanos— haya acabado convirtiéndose en una pesadilla”. 

Otro estudio de la CEPAL de 2012 reveló que Colombia tiene el más alto porcentaje de personas mayores de 60 años que carecen de ingresos: 42 % de las mujeres y un poco más del 25 % de los hombres.

Estas cifras contrastan con un incremento de la esperanza de vida al nacer, del Dane. Este indicador aumentó 4.3 años para los hombres y 4.8 años para las mujeres en el periodo que va de 1985 a 2005. Entre 2005 y 2020 se estima que este indicador se incrementará de 72.6 a 76.2 años para ambos sexos.

Explica la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) que el incremento de la esperanza de vida ha sido mayor en la población urbana, en los grupos con mayor nivel de instrucción y en aquellos de mayores ingresos. 

“En los ochenta la población urbana vivía como promedio 5,5 años más que la población rural. Los colombianos con seis y más años de escolaridad tenían en promedio 10 años más de sobrevida (sinónimo de supervivencia) que los analfabetos y más de ocho años que las personas con hasta tres años de escolaridad”.  

Santiago Vásquez, quien dirige el programa del Adulto Mayor en Barranquilla, señala que atienden de lunes a viernes y dos veces a la semana, respectivamente en ‘centros de vida’ y ‘centros móviles’, a alrededor de 7.100 abuelos. Estos deben tener más de 60 años para ser cobijados por ese proyecto. Sin embargo, la legislación que los ampara les permite recibir a adultos de 55 años con enfermedades o depresión aguda. “Nosotros los estamos recibiendo desde los 59 años (...) ellos llegan a veces huraños y con patologías crónicas”, afirma el funcionario. 

La mayoría de las casas donde se atienden quedan en barrios vulnerables. Vásquez sostiene que para el 8% de los beneficiarios la única comida que reciben es la que ellos les brindan. 

La psicóloga Elisa Dulcey en un artículo académico de 2013 indica que de acuerdo con los enfoques antropológico, social y cultural, “el envejecimiento es una construcción sociocultural con significados diferentes según la época, las sociedades y las culturas”. Es decir, el envejecimiento no se restringe a factores biológicos.  

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